El BigoBlog

29

de
Junio

Tristeza no tiene fin

 Murió Fabián Bielinsky, ya lo saben. En Terra estamos informando  sobre el asunto y escribiendo lo que pensamos. Acá sólo quiero decir una cosa: en esta época donde la discusión sobre el cine argentino se concentra en la imbecilidad de poner o no una banderita o si ese pésimo conjunto de celuloide llamado Patoruzito le "hará fuerza" a tanques yanquis, la muerte de uno de los escasísimos directores de nuestra historia que realmente hacía cine, y encima un cine excelente, es una pena mayúscula. Algo para lamentar muchísimo, más cuando el director, además, era un tipo accesible, alejado de la chismología, conocedor del séptimo arte y generoso. Ahora vendrán las notas engoladas y el bronce anticipado. Por suerte para todos los que amamos el cine de verdad, El Aura y Nueve Reinas quedan. Chau, Fabián: el cine argentino nunca se sintió más solo.

27

de
Junio

El Cóndor pasa

El lunes se entregaron los premios Cóndor. No se enteró demasiada gente, porque estos galardones que entrega la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina han perdido lustre y, además, porque el cine argentino no pasa por su momento más popular, digan lo que digan las recaudaciones de Papá se volvió loco.

Hay que decir que hubo una curiosidad: un film muy resistido por el público, puramente cinematográfico y extraordinario se llevó la mayoría de los premios. Sí, El Aura, ese film que muchos no quisieron quizá por ser mucho más denso que Nueve Reinas, quizá por su aire enrarecido. Sin embargo, es de esas películas que justifican una cinematografía. Por supuesto que ganó Fabián Bielinsky como director y como guionista, por supuesto que ganó Ricardo Darín como actor.

Lo que me llama la atención es cómo, en medio de la avanzada nacionalista de aquella senadora Giusti (nada que ver con el gran 8 campeón del Mundo con Independiente en el ‘84 y con la Selección en el ‘86) y su bandera imprescindible, el film por el que más apostó el Gobierno, el más publicitado y discutido, el que originó alguna polémica extracinematográfica, es decir, Iluminados por el fuego, se llevó cuatro premios. Todos justos, todos técnicos menos el de Virginia Innocenti.

Me llama la atención, digo, porque pareció una entrega de premios donde lo importante era el cine. Y no es frecuente tal cosa, hoy, en casi ninguna parte del mundo. Hasta el premio a China Zorrilla por una película muy manipuladora y más que televisiva tiene que ver con lo que un actor hace en pantalla.

Claro que hay pozos ciegos: especialmente la incomprensión absoluta del cine documental. El género, hay que aclarar, no es "para enseñar": nos muestra la realidad y se construye con ella, pero no busca educar al soberano. Esa es la diferencia entre La secretaria de Hitler, pongamos por caso, y Discovery Channel. Bien: le dieron un premio a una película mal hecha y machacona llamada Oro Nazi en la Argentina, cuando en 2005 se vieron grandes (grandísimos) documentales nacionales -verdaderos films- como Habitación Disponible y Grissinopoli, sin ir demasiado lejos. O peor: La dignidad de los nadies, de Solanas. Ceguera, sin ninguna duda.

Lo que me parece increíble es que se hayan ignorado películas como Tiempo de Valientes, Whisky Romeo Zulu, Como un avión estrellado, Como pasan las horas y Un año sin amor, por ejemplo, películas que están entre lo excelente y lo dignísimo, que representan todo lo que de auténtico y personal puede tener el cine y además, variadas. Sumemos a esto un films que, sin ser argentino, era coproducción y estaba nominado: el uruguayo Whisky, que ha recibido gran cantidad de premios internacionales y prestigia cualquier galardón.

Estoy convencido de que, más que Elsa y Fred, Cama Adentro, El viento, Tatuado y Hermanas, estas películas son el verdadero cine argentino que vale la pena ver y apoyar. Pero cuando uno mira las nominaciones, se da cuenta de que, salvo alguna vergüenza absoluta (otra vez, Papá se volvió loco o La mina) se quiso quedar bien con casi todo el mundo imprimiendo el nombre de todo film estrenado en nuestro país.

¿Qué implica ésto? Es sencillo: que el cine argentino, digan lo que digan las publicidades entusiastas de la era Coscia, no vive en el mejor de los mundos. Que faltan títulos, que muchos de los nominados apenas pasaron un par de semanas en salas de estreno (¿Qué tal Sed, invasión gota a gota, o las mencionadas El Viento y Tatuado?) y que el premio Cóndor apenas tuvo cobertura en un canal de cable porque, seamos sinceros, carece en gran medida de interés.

Pensar los premios que los periodistas cinematográficos (no necesariamente los críticos: la mayoría de los más destacados de los medios gráficos no están en Cronistas) es importante, porque es un síntoma de que, por más banderas que levantemos o impongamos, las cosas distan mucho de estar bien. Pero no se preocupen: esta semana va Patoruzito 2, los cines se van a llenar y los nenes van a aprender que la Argentina es yerba Taraxxí, Mxxxstar, Raxxx10, Banco Pxxxincia, Cxxxeo Argenxxxo y Bizcochos 9 de xxx (en dos sabores). Ah, y nuestra sufrida bandera, subida entre chivos durante muchísimo más de ocho segundos.

20

de
Junio

Vamos, vaaaamooooos…etcétera

Mi compañero Mariano Jasovich, esclavo del Mundial, me tiró este tema, así que se lo agradezco. La idea era hablar de las publicidades con "tema Copa 2006" que nos invaden en esos junios de cada cuatro años. Esta vez, la cosa es un poco más interesante que en otras ocasiones.

Lo primero es lo primero: que un Mundial de fútbol exacerbe el nacionalismo es una tontería. El deporte es un espectáculo (como el cine, digamos) que debería de disfrutarse por eso y no porque la camiseta de un equipo tenga la bandera de un país. Esa es la razón por la cual me da bronca que Brasil juegue mal, porque uno quiere ver a Ronaldinho hacer lo que sabe. Esa también es la razón por la que festejé los goles de Argentina contra Serbia-Monenegro: no por haber nacido en Buenos Aires, sino porque fue un partido lindo y digno de verse. Si la blanquiceleste se va mañana mismo de Alemania, ese partido será siempre para agradecer.

En 2002, recuerdo muy bien, las publicidades de los sponsors argentinos giraban alrededor de dos ejes: el ultranacionalismo y la desvalorización de los adversarios. ¿Se acuerdan? Había una donde un inglesito veía el sorteo del Mundial y, al enterarse de que el contrincante era Argentina, decía a su padre "tengo miedo". Y el padre respondía (flor de padre) "Yo también". Ah, los piratas…

La publicidad decía que éramos favoritos, los mejores del mundo, la octava maravilla del planeta y otra serie de dislates. Era un deber de todo argentino estar convencido de que ese equipo, representación absoluta de lo que somos como país, nación, pueblo, era lo más excelso, la representación de una grandeza no por lejana, falsa. Estábamos -épocas de Duhalde- condenados al éxito.

Tres partidos, dos goles a favor, dos en contra, afuera. Wow: éramos la crisis, el 20 de diciembre, la devaluación, la miseria, lo mal questamo, Méndez y De la Púa, en fin. Y los publicitarios se quedaron con la boca abierta y sin saber cómo vender, nacionalismo mediante, esos productos que nos hacen tan, pero taaaan argentinos.

Esta vez, quizá con la lección aprendida, los creativos (sic, qué le vamos a hacer) apelaron al humor y la emoción. La mejor hasta el momento es la de Repsol-YPF, donde cuatro jugadores blanquicelestes (Tévez, Messi, Ayala y Sorín) intentan suerte en otros deportes, con resultados catastróficos. La autoironía es algo que deja de lado toda estupidez, claro. Y termina con "lo de ellos es el fútbol" y festejando goles. Por una vez, el deporte o lo que ello significa de verdad, está en primer plano.

La de Personal tiene una idea: que Argentina está en Alemania con sus emblemáticos papelitos (por favor, de paso: dejemos de decir que los papelitos del ‘78 eran contra la dictadura que quiso prohibirlos; muy pocos de los que fueron a gritar masivamente a las canchas por la selección de Menotti admitían vivir, justamente, en una dictadura). Así, los alemanes se sorprenden de la nevada en pleno verano. Un nene festeja que la Argentina gane porque no va a la escuela; un alemán se queja porque, tras sacarle los papeles al auto, vuelven a caer. Sí, es un poco "nacionalista", si quieren, pero prima el humor y también la ironía.

La de Coca-Cola es divertida por el vértigo y tiene el acento puesto en los hinchas. Nada dice de que la Argentina gane, nada explica del equipo. Simplemente dice que todos y todo hincha por la selección. Cosa un poco difícil de comprobar, por otro lado (ver más arriba), pero por lo menos una típica exageración/generalización publicitaria donde la propia publicidad y el absurdo son los ejes. Lo más interesante es la ausencia de los colores celeste y blanco: los hombres de Atlanta no comen vidrio ni plástico reciclable, lo importante es vender la gaseosa de emblemático color colorado. Bisnesarbisnes.

A mis compañeros les gusta mucho la de CTI, donde se ven estampas de señores como usted y yo (suponiendo que sea señor) jugando muy mal y festejando pequeños goles o una copita chiquita. Esa es la que no me gusta, justamente. No porque no sea graciosa, sino porque se ríe del ridículo, como si el deporte fuera exclusivamente una cuestión de élites, como si el juego valiera la pena sólo en escenarios gigantes. Y además juega a la súpica al Seleccionado, divinidad absoluta y por confirmar: "Háganlo por los que no llegamos". En fin.

La última es la de Multicanal, donde un montón de señores hace cosas asquerosas, absurdas o ambas, como "promesas" para que el equipo por el que hinchan gane. Dos cosas interesantes: tiene su ternura y, además, no menciona a la Selección Argentina. "Si lo metés, te prometo que…" es lo único que se escucha, además de la canción (de rigor mal cantada). En fin, que es graciosa pero nada más. Y una vez vista, comienza a aburrir.

Por lo menos esta vez, el agite de banderas, la exacerbación patriotera, y esos males típicos de la ciclotimia argenta (convénzanse: no somos ni el mejor país del mundo ni el último orejón del tarro) están un poquito relegados. Aunque con la Argentina jugando bien, clasificada para octavos y con posibilidades de avanzar, la tranquilidad parece ser sólo aparente. Temo que la patria banderista, tachera de radio 10, que decide su vida según cuántas veces una pelota cruce la línea del contrario (léase "enemigo", que es lo que suele pensarse), vuelva a invadir pantallitas. Y esta pequeña muestra de madurez publicitaria, ser apenas producto de la prudencia del que se quemó con leche pero ya está acariciando la vaca.

Ya que estamos: las mujeres están como locas con esto del Mundial, y lo dicen. Vayan nomás (y si quieren péguenles que no duele) a Estamos jugadas, el blog de las que desesperan por la famosa "justa deportiva sin igual".

15

de
Junio

Una pequeña crítica constructiva

 

 

 

 

 

¿Se pusieron a pensar cuántas películas hay para ver cada semana en la Argentina? En este momento son alrededor de 45. 23 son estadounidenses. La segunda filmografía presente es la nacional: 6 títulos. El resto incluye tres francesas y después el resto. De las nacionales, la mitad por lo menos son documentales que van en una sola sala o en las Km x del InKaa (seamos justos, es una buena iniciativa). Y de las estadounidenses, aclaremos, muchas han quedado en una, dos o tres salas.

 

En realidad, la mayoría de las pantallas está "controlada" por El Código Da Vinci, X-Men: la última batalla, La profecía y, en menor medida Misión Imposible III y La era de hielo 2. Mientras tanto, hay tres películas argentinas que han levantado su estreno, cosa que ya contamos. Se trata de Arizona Sur, Sofácama y El Color de los Sentidos. Sin fecha por ahora, claro. En los tres casos es perjudicial porque los realizadores gastaron en hacer prensa y pegar afiches. Y en los tres casos fue porque los exhibidores no les dieron salas a esas películas (o les daban salas de muy difícil acceso, lejos de "el Centro", con mínima cantidad de pasadas y esas cosas).

 

No quiero opinar de los films: vi los tres y me reservo para el estreno de cada una. Lo que es cierto es que no tienen la oportunidad de ser juzgadas por el público. Lo interesante es que hay una ley con la que el InKaa hizo mucha propaganda, y fue mencionada por el diputado Koscia en su campaña (y su sitio web): la cuota de pantalla para el cine argentino y la media de continuidad, esa obligatoriedad de las salas de pasar y mantener cierto tiempo películas nac and pop.

 

Bien amigos: los cineastas nacionales que revolearon el poncho de alegría por estas medidas hoy andan con las boleadoras por el piso por el incumplimiento de esas dos medidas, que el InKaa no tiene cómo controlar. Y ahora, lo peor. El resto del mundo produce buen y muy buen cine. Mar del Plata exhibe con orgullo sus llenos de salas; el Bafici desborda de entusiasmo. Pero después la oferta se muere y todo queda en manos de Hollywood o del afortunado cine argentino que puede empujar con prepotencia (o tiene apoyo de multinacionales: Crónica de una fuga y Fox, Patoruzito 2 y Warner, El Ratón Pérez y Disney, el etcétera sigue y se darán cuenta de que no hablamos aquí de calidad) o tiene detrás un fuerte interés político del InKaa y el Gobierno (Iluminados por el fuego). Así que no sólo no tenemos cine nacional interesante en pantallas, sino que tampoco tenemos diversidad.

 

Los cines, hoy, son apenas shoppings donde se proyecta lo que vende. Si es bueno o malo, no importa: las películas se han vuelto como las hamburguesas de McPato.

 

Eso sí, defendamos el cine nacional poniendo 192 fotogramas de la bandera argentina (por las dudas: 1 segundo son 24 fotogramas; 8 segundos, 192).

 

La semana pasada hablábamos de piratería: todo esto también es un motivo. La falta de diversidad cinematográfica causada por ese embudo que son las salas (de los distribuidores ya hablaremos) genera ignorancia y estupidez. Además, caramba, reduce el mercado: ¿qué pasa si un tanque con 200 copias como El Código Truchini fracasa? Bueno, no, no va a fracasar: se invertirá lo imposible en promoción para que eso no suceda. Pero imaginemos que pase. ¿A qué público le van a vender otra clase de cine si no se le ofrece hoy, en buenos cines, con una cantidad de copias decente? Eso se llama también destruir un mercado, pero sabemos que nuestros empresarios (los del cine, pero también los de la carne, los de la lánguida metalurgia, los del plástico, los automotrices, etcétera) no invierten nunca, no arriesgan jamás.

 

Estamos atados de pies y manos. Ahora vienen las vacaciones de invierno y seguramente ocho películas copen, como un ejército de ocupación, toda pantalla disponible. Nosotros no tendremos en cuenta tal cosa para decir si los films son buenos o malos; simplemente tendremos mucha bronca y mucha pena por la destrucción sistemática del panorama estético y cultural de nuestro país. Pero no se preocupen…con el Mundial a nadie le importa demasiado todo esto.

 

Ah, ya que estamos: el doc Amando a Maradona fue un fracaso. No sólo de pelotas viven los ojos, pues.

6

de
Junio

Piratas por amor al arte

 

 

 

No es fácil desde acá tener que decir algo respecto de la piratería en Internet. En realidad, cualquier cosa que uno escriba será indefectiblemente usada en su contra. Por lo tanto, estimado lector, lo único que nos queda es decir que bajar películas a la computadora es un delito y está penado por la ley. No debe hacerse, so pena de ir preso y pagar multas millonarias (y engrosar arcas estatales y también privadas, porque después vienen las acciones civiles de quienes detenten los derechos de reproducción de tal o cual artículo cultural).

 

 La gran pregunta que debe hacerse es por qué la gente baja películas y las copia. No estamos hablando aquí de quienes venden películas "pirateadas", cuyo negocio se comprende, sino de ustedes o cualquiera que quiere ver algo y se lo baja a la computadora con programas como Bittorrent o eMule. ¿Lo hace porque es "malo" y "dañino" y quiere que los pobres ejecutivos de Hollywood no puedan pagar las cuotas de sus BMW? ¿Lo hace porque padece de algún tipo de enfermedad psiquiátrica? ¿Lo hace de vicioso?

 

No: lo hace, generalmente, por amor al arte. Amor de veras: quiere saber algo, escuchar algo, ver algo que la omnipotencia del negocio global le impide adquirir o presenciar a precios razonables. Siempre que pueda "llegar a eso": hay una cantidad enorme de material fílmico al que directamente no se tiene acceso. Cine clásico o cine de autor, por ejemplo; documentales y films experimentales; incluso material muy conocido que no está disponible ni en video ni en pantallas.

 

Se comprende que un artista proteste por este tipo de prácticas, porque como toda persona que vive en un universo capitalista quiere vivir de lo que hace y darse los gustos. No hay ningún tipo de problemas con eso: el caso es que los derechos de autor tendían a establecer un equilibrio entre la explotación legítima de una obra artística por parte de su autor y el libre acceso de las personas a esas obras. Es decir, el equilibrio entre comercio y cultura. Al respecto, existen alternativas como la que lleva adelante Creative Commons, una organización que provee de herramientas para restablecer este equilibrio sin dañar ni el derecho del autor ni el de quien quiere ver legítimamente y sin abusos un film.

Porque existe otra cuestión: hay quien piratea para hacer un negocio, algo así como una falsificación. Pero después tenemos quienes quieren acceder a obras que, porque no son negocio, no están disponibles de ninguna manera. O quien quiere utilizar un fragmento de una obra con fines ilustrativos o educativos. El abanico es amplio, pero al primar en la mayoría de los casos la lógica del puro comercio, los que quieren ampliar experiencias o conocimientos terminan a merced de los mercachifles. Recomiendo ver el sitio de Creative Commons o el blog de uno de los impulsores de esa iniciativa, Lawrence Lessig, especialista en el tema.

 

Porque, claro: no es negocio, por ejemplo, editar el extraño cine experimental de Stan Brackhage, uno de los grandes cineastas del siglo XX cuya obra es prácticamente desconocida en nuestros pagos. Hay una edición en DVD de colección, editada en los Estados Unidos a un precio astronómico. ¿Cómo se accede a ello?

 

 A ver…la obra de Fellini completa es muy difícil de encontrar aquí en VHS en buen estado, ni hablar de DVD. La obra de Bergman, la Nouvelle Vague, ¡las películas de aventuras de Disney de los 50 en adelante!, el cine de Akira Kurosawa, el western, la ciencia ficción clase B de mediados del siglo pasado, los clásicos del expresionismo alemán, dos tercios del mejor cine clásico de Hollywood sonoro, todo el cine de John Cassavetes, las películas rusas de los 20, 30 y 40…

 

 Y eso por no mencionar los extras de DVD que no se incluyen en las ediciones argentinas de disquitos (porque aquí se usan, para ahorrar centavos, discos con menor capacidad). El otro día estuve tentado de bajar -no lo hice porque es ilegal- las dos partes de un documental sobre los creadores de dibujos animados de la Warner Bros. Forman parte de la edición de las "cajitas Looney Tunes" estadounidenses, pero aquí no están. Ni que hablar de que no hay planes para que se edite la tercera caja de esas joyas del humor.

 

 Ah, humor: se pueden encontrar las buenas ediciones de los primeros Chaplin, pero no busquen al genial Buster Keaton, al intrépido Harold Lloyd o a los increíbles Laurel y Hardy. Es decir…¿Ven que no hablamos de un cine sólo para hiperfanáticos?

 

 Bien, todo esto está en la web, puesto con riesgo de cárcel por gente que no lo hace por dinero, sino por amor al cine y a la cultura. A que la cultura sea para todos y se pueda difundir, podamos disfrutar y aprender. Más que nada: tengamos una vida más rica, aderezada por todo lo que esta gente ha hecho para darle pimienta.

 

Otra cuestión importante: las grandes empresas estadounidenses dedicadas al entretenimiento han fijado muchas veces pautas para seguir manteniendo los derechos de autor exclusivos ad infinitum. Ahora, por ejemplo, el derecho monopólico por los personajes de Disney se extiende a los 80 años desde la muerte del autor. En realidad se extendían mucho menos, pero en 1998 el ex cantante y ex actor (y ahora ex persona, dado que murió tras estrellarse contra un árbol en un accidente de esquí) Sonny Bono logró que el Senado norteamericano aprobara una enmienda para que los derechos exclusivos de esa firma sobre todos sus productos y personajes (esto implica que la ley también fue apoyada por otros "detentadores") se extendiera tanto. Es decir, el negocio sobre un bien culturarl continúa en millones de dólares.

 

Y esta clase de disposiciones creadas para "proteger a los ricos", por supuesto, sirve a quienes no lo son. Pero el problema no es ése, sino que cada bien cultural se va volviendo cada vez más inaccesible a menos que tengamos con qué pagarlo.

 

Al tema de la piratería hay que incorporarle un segundo ingrediente: el precio de un disco. Ahora en la Argentina, por ejemplo, las películas en DVD bajan de precio, lo que las va haciendo más accesibles. Pero igual están fuera de proporción respecto de lo que realmente sale producirlas. Y esto por no mencionar que, creciente y todo, el mercado del DVD es aún restringido y no está al alcance de todo el mundo. Una película a 50$ ¿no es un incentivo para bajarla de la web?

 

Algo más: seguramente vieron en los cines esa propaganda producida por la MPA (Motion Pictures Association, el brazo "internacional" de la MPAA, la Motion Pictures Association of America, que hace lobby por el cine estadounidense reciente en todo el mundo de manera feroz) donde se dice que "bajar película (o comprar películas bajadas) es ilegal". Cuando esa publicidad se pasa en un país donde un "tanque" protegido por la MPAA se estrena en 210 salas y no hay lugar ni siquiera para el cine nacional…¿qué queda como alternativa? Hoy la oferta de cine (y cada vez más, desgraciadamente, la de video) se reduce a lo que los "grandes" quieren. Repetimos la pregunta: ¿cómo se accede al resto de lo que se crea en el mundo?

 

No leyeron esto acá: hay un sitio muy conocido por fans que se llama Divx Clásico. Ahí van a encontrar cine experimental (por ejemplo…¿Vieron que en el Bafici todos estaban maravillados con Pere Portabella? Bien, allí está la mayoría de sus películas, si no todas), clásico, géneros, autores y gente que pide y otra que, generosamente, sube sus películas a la web. Pero ojo que no les digo que bajen nada: recuerden que es ilegal y que los bolsillos de los ejecutivos son sagrados.

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