No es fácil desde acá tener que decir algo respecto de la piratería en Internet. En realidad, cualquier cosa que uno escriba será indefectiblemente usada en su contra. Por lo tanto, estimado lector, lo único que nos queda es decir que bajar películas a la computadora es un delito y está penado por la ley. No debe hacerse, so pena de ir preso y pagar multas millonarias (y engrosar arcas estatales y también privadas, porque después vienen las acciones civiles de quienes detenten los derechos de reproducción de tal o cual artículo cultural).
La gran pregunta que debe hacerse es por qué la gente baja películas y las copia. No estamos hablando aquí de quienes venden películas "pirateadas", cuyo negocio se comprende, sino de ustedes o cualquiera que quiere ver algo y se lo baja a la computadora con programas como Bittorrent o eMule. ¿Lo hace porque es "malo" y "dañino" y quiere que los pobres ejecutivos de Hollywood no puedan pagar las cuotas de sus BMW? ¿Lo hace porque padece de algún tipo de enfermedad psiquiátrica? ¿Lo hace de vicioso?
No: lo hace, generalmente, por amor al arte. Amor de veras: quiere saber algo, escuchar algo, ver algo que la omnipotencia del negocio global le impide adquirir o presenciar a precios razonables. Siempre que pueda "llegar a eso": hay una cantidad enorme de material fílmico al que directamente no se tiene acceso. Cine clásico o cine de autor, por ejemplo; documentales y films experimentales; incluso material muy conocido que no está disponible ni en video ni en pantallas.
Se comprende que un artista proteste por este tipo de prácticas, porque como toda persona que vive en un universo capitalista quiere vivir de lo que hace y darse los gustos. No hay ningún tipo de problemas con eso: el caso es que los derechos de autor tendían a establecer un equilibrio entre la explotación legítima de una obra artística por parte de su autor y el libre acceso de las personas a esas obras. Es decir, el equilibrio entre comercio y cultura. Al respecto, existen alternativas como la que lleva adelante Creative Commons, una organización que provee de herramientas para restablecer este equilibrio sin dañar ni el derecho del autor ni el de quien quiere ver legítimamente y sin abusos un film.
Porque existe otra cuestión: hay quien piratea para hacer un negocio, algo así como una falsificación. Pero después tenemos quienes quieren acceder a obras que, porque no son negocio, no están disponibles de ninguna manera. O quien quiere utilizar un fragmento de una obra con fines ilustrativos o educativos. El abanico es amplio, pero al primar en la mayoría de los casos la lógica del puro comercio, los que quieren ampliar experiencias o conocimientos terminan a merced de los mercachifles. Recomiendo ver el sitio de Creative Commons o el blog de uno de los impulsores de esa iniciativa, Lawrence Lessig, especialista en el tema.
Porque, claro: no es negocio, por ejemplo, editar el extraño cine experimental de Stan Brackhage, uno de los grandes cineastas del siglo XX cuya obra es prácticamente desconocida en nuestros pagos. Hay una edición en DVD de colección, editada en los Estados Unidos a un precio astronómico. ¿Cómo se accede a ello?
A ver…la obra de Fellini completa es muy difícil de encontrar aquí en VHS en buen estado, ni hablar de DVD. La obra de Bergman, la Nouvelle Vague, ¡las películas de aventuras de Disney de los 50 en adelante!, el cine de Akira Kurosawa, el western, la ciencia ficción clase B de mediados del siglo pasado, los clásicos del expresionismo alemán, dos tercios del mejor cine clásico de Hollywood sonoro, todo el cine de John Cassavetes, las películas rusas de los 20, 30 y 40…
Y eso por no mencionar los extras de DVD que no se incluyen en las ediciones argentinas de disquitos (porque aquí se usan, para ahorrar centavos, discos con menor capacidad). El otro día estuve tentado de bajar -no lo hice porque es ilegal- las dos partes de un documental sobre los creadores de dibujos animados de la Warner Bros. Forman parte de la edición de las "cajitas Looney Tunes" estadounidenses, pero aquí no están. Ni que hablar de que no hay planes para que se edite la tercera caja de esas joyas del humor.
Ah, humor: se pueden encontrar las buenas ediciones de los primeros Chaplin, pero no busquen al genial Buster Keaton, al intrépido Harold Lloyd o a los increíbles Laurel y Hardy. Es decir…¿Ven que no hablamos de un cine sólo para hiperfanáticos?
Bien, todo esto está en la web, puesto con riesgo de cárcel por gente que no lo hace por dinero, sino por amor al cine y a la cultura. A que la cultura sea para todos y se pueda difundir, podamos disfrutar y aprender. Más que nada: tengamos una vida más rica, aderezada por todo lo que esta gente ha hecho para darle pimienta.
Otra cuestión importante: las grandes empresas estadounidenses dedicadas al entretenimiento han fijado muchas veces pautas para seguir manteniendo los derechos de autor exclusivos ad infinitum. Ahora, por ejemplo, el derecho monopólico por los personajes de Disney se extiende a los 80 años desde la muerte del autor. En realidad se extendían mucho menos, pero en 1998 el ex cantante y ex actor (y ahora ex persona, dado que murió tras estrellarse contra un árbol en un accidente de esquí) Sonny Bono logró que el Senado norteamericano aprobara una enmienda para que los derechos exclusivos de esa firma sobre todos sus productos y personajes (esto implica que la ley también fue apoyada por otros "detentadores") se extendiera tanto. Es decir, el negocio sobre un bien culturarl continúa en millones de dólares.
Y esta clase de disposiciones creadas para "proteger a los ricos", por supuesto, sirve a quienes no lo son. Pero el problema no es ése, sino que cada bien cultural se va volviendo cada vez más inaccesible a menos que tengamos con qué pagarlo.
Al tema de la piratería hay que incorporarle un segundo ingrediente: el precio de un disco. Ahora en la Argentina, por ejemplo, las películas en DVD bajan de precio, lo que las va haciendo más accesibles. Pero igual están fuera de proporción respecto de lo que realmente sale producirlas. Y esto por no mencionar que, creciente y todo, el mercado del DVD es aún restringido y no está al alcance de todo el mundo. Una película a 50$ ¿no es un incentivo para bajarla de la web?
Algo más: seguramente vieron en los cines esa propaganda producida por la MPA (Motion Pictures Association, el brazo "internacional" de la MPAA, la Motion Pictures Association of America, que hace lobby por el cine estadounidense reciente en todo el mundo de manera feroz) donde se dice que "bajar película (o comprar películas bajadas) es ilegal". Cuando esa publicidad se pasa en un país donde un "tanque" protegido por la MPAA se estrena en 210 salas y no hay lugar ni siquiera para el cine nacional…¿qué queda como alternativa? Hoy la oferta de cine (y cada vez más, desgraciadamente, la de video) se reduce a lo que los "grandes" quieren. Repetimos la pregunta: ¿cómo se accede al resto de lo que se crea en el mundo?
No leyeron esto acá: hay un sitio muy conocido por fans que se llama Divx Clásico. Ahí van a encontrar cine experimental (por ejemplo…¿Vieron que en el Bafici todos estaban maravillados con Pere Portabella? Bien, allí está la mayoría de sus películas, si no todas), clásico, géneros, autores y gente que pide y otra que, generosamente, sube sus películas a la web. Pero ojo que no les digo que bajen nada: recuerden que es ilegal y que los bolsillos de los ejecutivos son sagrados.