El BigoBlog

27

de
Julio

Un poco de optimismo



Explicación numérica

Ya le pegamos mucho al cine argentino en estas últimas semanas. Aclaremos que al mal cine argentino, o a cosas que se proyectan como películas y que sólo con muy buena voluntad se pueden llamar “cine”. En esto quiero hacer una aclaración: como todo arte, el cine tiene un lenguaje, ciertas reglas, etcétera, que pueden quebrarse o no, respetarse o no. Pero para quebrar o faltarle el respeto a esas reglas, hay que conocerlas. Bañeros III, uno de los peores productos de nuestra industria en la última década (y es decir) no respeta ni una sola de esas reglas. Simplemente, no es cine.

Ya que hablamos de reglas, hablemos de números. Lo respondí en un posteo en la semana, pero pongamos las cosas muy, muy claras. Bañeros III le hace mal al cine argentino económicamente, a menos que le vaya pésimo en taquilla (y en ese caso también, pero es más complicado). Les pido un poco de paciencia para seguir los números, pero les juro que vale la pena.

Por cada entrada vendida en el territorio nacional, el Fondo de Fomento Cinematográfico (que es de donde salen los gastos del INCAA, los créditos y los subsidios) percibe el 10%. Esto de TODAS las entradas, sea de películas nacionales o extranjeras. El Fondo del Incaa está formado por ese 10%, más el 10% de las recaudaciones de los alquileres de video, más el 25% de lo que el COMFER cobra de multa a los canales de televisión. Cada vez que Nazarena Vélez putea, digamos, el INCAA recauda. Por eso el instituto tiene unos 90 millones de pesos al año (estimados) de presupuesto. Torta muuuuuuy grande.

Por cada entrada que vende un film NACIONAL, el INCAA compensa al productor con un porcentaje variable de esa entrada. Eso se deposita en un fondo y el productor lo cobra trimestralmente. Es decir: además de lo que gana como vendedor de un film, el INCAA lo premia con un subsidio que sale de las entradas de cine.

Finalmente, todo film argentino en etapa de GUIÓN (no “terminado”), es analizado por una comisión que determina si es “De Interés Especial” o “sin Interés”. Si es DE INTERÉS ESPECIAL, si el film a) se estrena en salas y b) se vende a la TV o a la edición en video, cobra un dinero. Ese dinero es el 50% de algo llamado “costo medio reconocido”, lo que el INCAA considera que sale en promedio un film argentino. El costo medio reconocido es de 1,5 millones de pesos. Por lo tanto, el subsidio es de 750.000. Pesos.

Una cota importante: ningún film puede cobrar entre todos los subsidios más de lo que costó hacerlo. Para eso, cuando se termina, se presenta un presupuesto en el INCAA que debe ser aprobado. Sobre esa base, después, se le pagan subsidios.

Bueno, amigos. Además del negocio lícito hecho por Bañeros III con los exhibidores, más el que hará al ser vendida para video (porque es claro que se cobran derechos y esas cosas), que presentó un presupuesto de más de 1.5 millones (o sea que cobraría por medios electrónicos unos 750.000 pesos), será pagado enteramente por el INCAA, subsidios mediante. Y ese dinero no va a ir a otros films, claro. Ni a aumentos de sueldo del personal del INCAA, o recuperación de la paupérrima biblioteca del Instituto, ni para informatizar y poner al alcance de TODO EL PÚBLICO la información sobre PRESUPUESTOS Y RESOLUCIONES QUE, POR LEY, DEBE SER PÚBLICA. No: Bañeros y el resto de los films lanzados con avalancha publicitaria y monopolizando salas de todo el país sin nadie que los regule le quitan dinero al Estado y la Industria, no se lo dan. Sé que esto es medio engorroso, pero mejor es decirlo a andar protestando sin baes. La ley de cine se puede leer aquí.

Motivo de alegría

¿Entonces, por qué el optimismo del título? Porque hay esperanzas para los que aman el cine. Esto es una invitación, una recomendación y un pedido personal: vayan, del 31 de julio al 15 de agosto a la Sala Leopoldo Lugones, el cine del teatro San Martín. La entrada vale cinco pesos. La programación es la obra completa del más grande comediante de la historia del cine, Buster Keaton (hagan clic donde está subrayado). No se asusten porque sea mudo o en blanco y negro: no necesitaba diálogos y no se van a dar cuenta de la falta de colores. Vean por ejemplo cómo transforma una casa en un barco, cómo vuela con un árbol en El héroe del río, vean las emocionantes persecuciones de trenes en La General, vean cómo crea una “casa del mañana” en La casa eléctrica, o cómo doma dinosaurios en Las tres edades. O cómo huye de miles de novias furiosas en Las siete oportunidades, o filma un partido de base-ball imaginario en El Cameraman. Les aseguro que se van a reír mucho y en serio, y si van a una función van a ir a otra, y a otra.

Lleven a los chicos, a los abuelos, a los grandes. Buster Keaton es un cachetazo en la cara de quienes creen que lo único que el público quiere son Bañeros. Era un éxito de público mundial en épocas menos sofisticadas y, adivinen, sus películas sobrevivieron intactas, porque era un genio. Quiero decir: me vivo quejando, pero acá tenemos la oportunidad de disfrutar de buen cine y empezar a dejar de lado ese derrotismo de “lo único que quiere el público son tetas, culos y cachetazos”. Si se pasaran más cosas como este ciclo, estoy seguro de que las cosas serían diferentes. Por eso el optimismo y, Keaton mediante, mi ¡Viva la comedia!

20

de
Julio

Nuevas leyes: ¡los Bañeros son excelentes!

Antes que nada…

No sé qué pensar. Una noticia del diario La Nación dice una cosa desde el título y otra en el texto. EL encabezado menciona que el INCAA (me contaron que el ex periodista Jorge Lanata usa la "K" en toda cosa relacionada con el Gobierno y, como no quiero que el locutor de Sprite me acuse de plagio, dejé de usarla yo) cambiará regulaciones cinematográficas en los próximos días, pero el texto dice que todo "está en estudio".

Un poco tarde, pero, ya se sabe, mejor que decir es hacer etcétera, como decía el General. Las intenciones son buenas: proteger el cine argentino que se estrena con pocas copias, que los canales de televisión paguen más por los films nacionales que compran (andan por 10.000 pesos y los quieren llevar a un piso de 60.000; pero ¡cuidado! porque las cosas son un poco distintas con los Dibus que se vuelven locos, los Comodines que pierden el Alma Mía y esas películas donde los multimedios ponen plata: hay otros negocios en el medio), ampliar los subsidios para las campañas puublicitarias de films chicos, etcétera. Sin embargo, hay algo en el texto de don Claudio Minghetti que me llama la atención. Va párrafo:

"(…)crear un ’seguro de exhibición’ para películas con no más de cuatro o cinco copias que compense el lucro cesante que los multipantallas argumentan es típico que ocurra con películas argentinas chicas (…)"

O sea: los multicines se pasan olímpicamente por el pochoclo la legislación que los OBLIGA a pasar películas nacionales con cierta periodicidad y una cuota de pantalla realista…y ahora se los va a subsidiar para que pasen esos films. Es como decir "Beeeno..chi no cumplen la ley, les damos un caramelichito para que la cumplan". Quiero que me paguen YA por cruzar siempre en las esquinas o sigo corriendo por la mitad de cuadra. El artículo no menciona nunca esto que huele (y se ve, y se palpa, y se gusta) a escándalo.

Crítica constructiva

En otro orden de cosas, decidí que si un cuarto de millón de personas va a ver los Bañeros y, entre ese film, el Ratón Pérez y Patoruzito meten medio millón de espectadores en tres días, es porque seguro, pero seguro seguro, son obras maestras y yo no me di cuenta. No como "El Ciudadano", que fue un fracaso de público, caramba. Así que decidí hacer tres nuevos comentarios tres, uno para cada película, de modo de estar en sintonía con el sentir popular:

Bañeros III
Rodolfo Ledo pertenece, sin dudas, a la restringida lista de genios de la comedia, como Jacques Tati y Buster Keaton. Pero tiene la humildad de dejar lugar a la creación humorística de Pachu, Pablo y Fredy, quienes combinan la comicidad física de los Tres Chiflados y el delirio verbal de los Hermanos Marx. El hecho de que el plan de los malvados involucre guerreros orientales y perros, además de un comentario cultural, es una velada denuncia sobre el peligro del armamentismo en Corea del Norte, y comentario sobre la consabida verdad de que los orientales son todos iguales. La belleza de Luciana Salazar es icónica: sus curvas recuerdan al espectador, como tropo poético, el sinuoso camino desde la torpeza a la heroicidad del terceto protagónico. Los repetidos chistes sobre objetos que se ocultan en el ano, además, son una referencia al estado "anal" de la psique de los héroes, que superan gracias a la religiosidad (crítica al psicoanálisis freudiano y también lacaniano, que Ledo parece manejar con la sabiduría de un maestro zen), así como un comentario anti-Bush que recuerda la búsqueda de las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak. Para sacarse el sombrero.

El Ratón Pérez
No es frecuente que un film "infantil" nos meta de lleno en la problemática política y social de nuestro país de manera tan cruda y, al mismo tiempo, tan imaginativa. Un padre desocupado y chef (brillante detalle que recuerda el desproporcionado auge de la gastronomía pergeñado durante el menemismo); una madre ejecutiva y ocupadísima (otro comentario sobre la disolución de la célula básica de la sociedad, donde el libertinaje institucionalizado ha pervertido los roles tradicionales) y dos niños de colegio privado, feliz elección para denunciar las fallas en la educación nacional. El Ratón Pérez es un capitalista nacional a la vieja usanza: afable, utilitarista, audaz…de esos empresarios que ya no quedan, sumidos en el prebendarismo indisimulado. La fantasía y la imaginación ganan el combate en la historia porque eso, imaginación, es lo que el país busca para salir adelante. Un canto de esperanza política en clave de cuento de hadas. Estimulante.

Patoruzito-La gran aventura
Los bellos paisajes de Patoruzito hacen honor al tenaz esfuerzo de los dibujantes por capturar algo del encanto ilimitado de nuestra Patagonia. La nobleza tehuelche, retratada a contraluz, contrasta perfectamente con la inseguridad y el caos que se muestra en el paisaje urbano. Pero el film va más allá de eso y, para contrastar con tanta animación imperialista que nos bombardea, decide enseñar qué y cómo es nuestro país desde su acervo no sólo cultural (la celeste y blanca ondeando altiva) sino también comercial. Así, la marca n°1 de yerba mate (una tradición que orgullosamente nos pone a la cabeza de la exportación de ese preciado recurso) aparece en pantalla. Como así también el Correo Argentino, que en épocas del cipayismo virtual en Internet sigue uniendo la Patria de Ushuaia a La Quiaca. O ese invento que dimos a la Humanidad a la par de la birome, el colectivo, el dulce de leche y el segundo gol a los ingleses: el bizcochito de grasa, presente con su marca más emblemática en varias secuencias. Esa fuerza de una industria pujante contra el ogro extranjero representado por brujas y un Teatro Colón lleno de hechiceros (¿no es perfecta metáfora de que ya debemos quebrar las viejas castas ganaderas acaso?) es la verdadera historia del film. Y está muy bien que nuestros niños aprendan a amar su patria y sus marcas desde muy chiquitos. Un film emocionante.

Ya está, gente…humildemente digo que estaba equivocado.

13

de
Julio

¡Basta de Bañeros, Patoruzitos y ratones!

A veces el trabajo de crítico cinematográfico se torna ingrato. No me confundo: sé que es un privilegio que uno se gane el pan yendo al cine y escribiendo de lo que ve. Considerando las condiciones de trabajo de nuestro país, uno no puede quejarse demasiado. Pero la cosa va por otro lado.

Digamos: los críticos que nos tomamos en serio nuestra tarea pensamos que lo nuestro es reflexionar sobre el cine, sobre su sentido y su peso, sobre lo que significa estéticamente, moralmente y socialmente, disparar la discusión, que el espectador piense en lo que ve, etcétera. Es más que decir si una película es buena o mala: es pensarla para ver qué sentido tiene o agrega a nuestra vida.

Por eso, repito, a veces el trabajo de crítico cinematográfico se vuelve ingrato. Es cuando estamos obligados a ver cosas que no son cine, que no tienen nada que ver con un arte que tiene 110 años. Es cuando tenemos que ver cosas (repito: cosas) como Patoruzito, Bañeros III o El Ratón Pérez.

Hay mucha gente que defiende la primera "porque es argentina". Eso es como "dormir por la Patria, saludar el tedio cuando es de invención nacional" al decir de un gran crítico de cine de nuestro país llamado Jorge Luis Borges. Patoruzito es un film realizado sin cuidado, sin aprecio por el espectador, sin real necesidad estética, sin precisión, con una animación muy pobre que está por debajo de la mayoría de lo que se ve hoy en televisión en el género (vean, si no, Mansión Foster para Amigos Imaginarios, serie realizada con el probgrama de computación Flash y muy pocos recursos tecnológicos, aún así una maravilla de inventiva, narración y diseño).

Uno de los problemas de esta película es la cantidad de chivos que incluye. En las películas estadounidenses los chivos son normales porque, se recuerda, no es una industria subsidiada. Y además, se colocan de modo que puedan ser "creíbles" (en Blade Runner, un enorme cartel con una japonesa publicitando Coca-Cola agregaba al clima opresivo y de un mundo condenado al consumo que era base al film…¡Dios! ¡Nombré Blade Runner para hablar de Patoruzito! ¡El mundo está de cabeza!). Aquí no: todas las marcas están en primer plano, más importantes que los personajes, y sin agregar nada (salvo dinero al bolsillo del Corcho Rodríguez y el resto de los productores). Este film está subsididado por el INCAA, además. Y la Ley de Cine dice explícitamente que una película, para contar con ayuda del Estado, NO DEBE INCLUIR PUBLICIDAD COMERCIAL DE NINGÚN TIPO. Hay muchas banderitas argentinas, eso sí. Por suerte le está yendo bastante mal en taquilla, porque la gente en general es más inteligente (y los chicos mucho más) de lo que los cínicos creen.

Y como no hay uno sin dos ni dos sin tres, aparece esta semana Bañeros III-Todopoderosos. El hecho de que un par de films haya creado "un culto" (no vi manifestaciones pidiendo el regreso de esta "saga" al cine, pero quién sabe) no es garantía: Jim Jones tenía un culto en Guyana y ya saben qué pasó (se me cayó la cédula, perdón). Otra vez, se trata de un film que tiene apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, otra vez de un montó de imágenes sin ton ni son registradas en celuloide. Que es muy mala, en serio. Que tiene como mayor atractivo una rubia artificial mostrando en primeros planos su recauchutada anatomía (sobre gustos, ya se sabe…yo prefiero la naturaleza aunque sea naturaleza muerta). El "humor" es del tipo "¿Quién dejó salir de su aparato digestivo un gas?", o de golpes en los genitales, o de mujeres feas que se ven como "diosas" (sí, "diosas" ¡qué bajo ha caído el paganismo!). El problema es que no hay ninguna película acá, sino un director (el pésimo Rodolfo Ledo, responsable de Papá se volvió loco y más responsable aún de Sin Condena, sin palabras) que dijo "ché, corran, hagan muecas, y dále que vamos". Para ver esto hay que pagar unos 10 mangos promedio de entrada, aclaremos.

Leí en un comentario de la ficha de Terra de Ratón Pérez que "es Argentina, es algo diferente, apoyémosla". Qué triste es decir que se trata de una coproducción entre Patagonik (inversores: Grupo Clarín, Telefónica y Walt Disney Productions) y Filmax (una empresa de animación española) entre otras. Estemmm…¿Argentina? ¿Nacional? ¿Nacional de qué país? En fin, es lo de menos: sabemos que todos los nenes van a colegio privado con uniforme rojizo, como Dios manda, así que queda claro que es en nuestro país, ¿no? ¿Alcanza o no? Bueno, no es para tanto: el arte no tiene fronteras… salvo para cobrar subsidios: en nuestra Ley de Cine, todo film infantil elude el comité de calificación que decide si merece o no subsidios y LO RECIBE AUTOMÁTICAMENTE.

Éste es el panorama de films "para toda la familia" (sinceramente no imagino a un niño que quiera ver Bañeros, y si existe, ¡la culpa es de los padres!). Películas sin ideas, realizadas con la única intención de vender entradas, muñequitos, figuritas y, sobre todo, cobrar subsidios. Y los críticos de cine, ilusos, tenemos que escribir de estas cosas como si realmente hubiera cuestiones estéticas qué discutir. Y encima después, si nadie las ve, la culpa es nuestra.

Vayan a ver, si es necesario, Cars, Superman Regresa o Piratas del Caribe 2; son buenas películas de artistas responsables porque, antes de dedicarse a venderlas, pensaron un mundo entero para poner en pantalla, y no sólo cómo comprarse un auto último modelo o atrincherarse más en la casa del country, con la inseguridad que hay (eso se escucha en Patoruzito, no por nada ultra auspiciada por Radio 10). No se preocupen por la industria nacional, que estas cosas mencionadas recuperan la inversión con subsidios. Y ya que hablar de estética en esta clase de cine no sirve, cuando vayan a pagar una entrada para ver alguna de estas películas, piensen igual, en términos de inversión: con Ratón Pérez, Patoruzito y Bañeros, pierden dinero y otros se forran. En otras palabras, tres estafas.

6

de
Julio

Sálvese quién pueda (más otra triste noticia)

1-En Uruguay murió Juan Pablo Rebella. Los motivos son lo de menos y el modo también (ya lo contamos en la crónica de Terra del asunto, aunque me disgusta tener que decir cuál es la causa de la muerte de alguien). Lo importante es que era un cineasta joven con muchísimas ideas. Junto con su compinche Pablo Stoll, crearon dos grandes películas: 25 Watts -que tomaba la herencia de Jim Jarmusch y el Nuevo Cine Argentino e inventaba un Montevideo propio, cómico y melancólico- y, especialmente, Whisky, un film de esos que uno recuerda siempre. Algo muy malo está pasando en el mundo para que gente con talento, por la razón que fuere, lo deje (recordemos la increíble muerte de Fabián Bielinsky la semana pasada).

Los amantes del cine estamos de luto. Y los que conocieron a Juan Pablo, también. Sé que suena pedante, pero lo conocí en el Bafici de 2001, cuando me tocó ser jurado de Fipresci. Y decidimos con Chacho Frías (de Perú), Dennis West (estadounidense y amante del cine argentino como el que más), Andrei Plakov (un ruso que ve todo film en todo festival del mundo) y Janikke Ahlund (una periodista sueca especialista en cine de Islandia) que 25 Watts merecía un premio. Fue el primer premio internacional que ganaban Stoll y Rebella, y lo festejaron como si hubiera sido el Maracanazo. Ese recuerdo de Juan Pablo es lo que me aparece ahora: me alegra haber tenido -lateralmente y de casualidad- que ver con que su obra fuese reconocida. Y como dijo un colega, es un garrón andar escribiendo necrológicas de gente joven, talentosa y buena. Eso era Rebella.

2- Las malas noticias continúan: se acercan las vacaciones de invierno. Por esas casualidades de la vida -ejem- coinciden con la temporada alta de supertanques en los Estados Unidos. Eso implica el estreno a repetición y sin pausa de tanques y más tanques. Como ya lo dijimos en una ocasión, esto destruye las posibilidades de que haya otro cine más interesante, o por lo menos variado y para otros gustos, en las pantallas: todas están saturadas de carspatoruzitosupermanvecinosinvasoresgarfieldbañerosymás.

Entonces…¿Qué hacemos los que queremos ver buen cine, o al menos "otro tipo" de cine? Está bien, sí, tienen razón: que sean tanques no implica que sean malos. Ya lo veremos, en todo caso. Lo importante ahora es que son pocos y tienen demasiadas pantallas. Así que nos queda muy pocos lugares dónde ir y pocas películas por ver.

Yo recomiendo, si realmente se quiere ir al cine, ver Triple Agente, Tarnation, El paraíso ahora y Domicilio Privado. Con suerte y si se estrenan, La comedia del poder (un Chabrol siempre vale la pena ser visto) y Manderlay (continuación de Dogville, de Lars Von Trier, que está loco y eso tiene algo de interesante). Muy poco, la verdad.

De las infantiles, tengo que aclarar que, aunque la animación es mi locura particular, no vi ninguna película extraordinaria. Quizá Cars (en inglés) bien valga una visita. Y probablemente la segunda Piratas del Caribe -aún no la vi, pero la primera era un gran y noble divertimento con un extraordinario Johnny Depp- Poco más.

Para colmo de males, la mayoría de estas películas se proyecta en cines de mala calidad, como el Cineduplex de Caballito, donde Triple Agente parece realmente Doble. O el Premier donde, como decía un gran crítico argentino de los ‘80, los asiento son para contorsionistas, enanos o enanos contorsionistas. Además, en horarios que, a falta de mejor adjetivo, podemos definir como "macabros". Aclaremos que la Ley de Cine prevé subsidios y créditos blandos para mejorar las salas. Esperemos que algún día funcionen.

Hace falta ya un buen circuito de cine de arte en Buenos Aires, tan cinéfila ella, que descubrió a Bergman y todo.

Bueno, sigamos: si no quiere ir a salas de centro, tiene el videoclub a mano. Pero no cualquiera: si opta por la la gigantesca hipermegacadena mundial con nombre de videojuego rompeladrillitos, va a ser complicado que consiga a) cine de arte; b) películas en VHS (hay cada vez menos); c) cine "para adultos" -si quiere ver cine porno, no vaya porque allí es considerado pecado mortal: son una cadena "familiar". Mejor buscar esos videoclubes de barrio atendidos por obsesos del cine, que los hay. Suelen comprar todo lo que se edita. Lo bueno es que siempre hay para elegir; lo malo es que suelen tener pocas copias. Pero se invalida con lo anterior.

Por último, quedan los ciclos. Hay dos muy interesantes en la Sala Lugones: hasta el 13 de julio, de cineastas africanos desconocidos o casi en nuestro país. Las películas en general son muy buenas y ayudan a que uno no crea que el mundo es como la ciudad de Metrópolis. El otro, hasta principios de agosto, es el de cine francés inédito. Especial para los que dicen "el cine francés es aburrido".

Pero no, no es lo último. Siguen los westerns (obras maestras absolutas casi todas, muchas ideales para ir con chicos de 11 años para arriba) en el Malba y, ahicito mismo, se estrena una película que seguro les va a causar una enorme emoción. Se llama The World, es del chino Jia Zhang Ke y transcurre en un parque de diversiones chino donde hay reproducciones de monumentos y lugares de todo el mundo (la Torre Eiffel, el Big Ben, el Empire State, las Pirámides de Egipto) para que los chinos que no pueden salir de su país conozcan. Es decir, una película que habla de que las personas no pueden quedarse con lo poco que les dan y que necesitan satisfacer su sed de conocer el mundo humano. Algo que la pésima política de distribución actual, la inoperancia del Incaa y la necesidad de hacer plata a cualquier costo quieren hacer desaparecer. Resistiremos.

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