El BigoBlog

13

de
Julio

¡Basta de Bañeros, Patoruzitos y ratones!

A veces el trabajo de crítico cinematográfico se torna ingrato. No me confundo: sé que es un privilegio que uno se gane el pan yendo al cine y escribiendo de lo que ve. Considerando las condiciones de trabajo de nuestro país, uno no puede quejarse demasiado. Pero la cosa va por otro lado.

Digamos: los críticos que nos tomamos en serio nuestra tarea pensamos que lo nuestro es reflexionar sobre el cine, sobre su sentido y su peso, sobre lo que significa estéticamente, moralmente y socialmente, disparar la discusión, que el espectador piense en lo que ve, etcétera. Es más que decir si una película es buena o mala: es pensarla para ver qué sentido tiene o agrega a nuestra vida.

Por eso, repito, a veces el trabajo de crítico cinematográfico se vuelve ingrato. Es cuando estamos obligados a ver cosas que no son cine, que no tienen nada que ver con un arte que tiene 110 años. Es cuando tenemos que ver cosas (repito: cosas) como Patoruzito, Bañeros III o El Ratón Pérez.

Hay mucha gente que defiende la primera "porque es argentina". Eso es como "dormir por la Patria, saludar el tedio cuando es de invención nacional" al decir de un gran crítico de cine de nuestro país llamado Jorge Luis Borges. Patoruzito es un film realizado sin cuidado, sin aprecio por el espectador, sin real necesidad estética, sin precisión, con una animación muy pobre que está por debajo de la mayoría de lo que se ve hoy en televisión en el género (vean, si no, Mansión Foster para Amigos Imaginarios, serie realizada con el probgrama de computación Flash y muy pocos recursos tecnológicos, aún así una maravilla de inventiva, narración y diseño).

Uno de los problemas de esta película es la cantidad de chivos que incluye. En las películas estadounidenses los chivos son normales porque, se recuerda, no es una industria subsidiada. Y además, se colocan de modo que puedan ser "creíbles" (en Blade Runner, un enorme cartel con una japonesa publicitando Coca-Cola agregaba al clima opresivo y de un mundo condenado al consumo que era base al film…¡Dios! ¡Nombré Blade Runner para hablar de Patoruzito! ¡El mundo está de cabeza!). Aquí no: todas las marcas están en primer plano, más importantes que los personajes, y sin agregar nada (salvo dinero al bolsillo del Corcho Rodríguez y el resto de los productores). Este film está subsididado por el INCAA, además. Y la Ley de Cine dice explícitamente que una película, para contar con ayuda del Estado, NO DEBE INCLUIR PUBLICIDAD COMERCIAL DE NINGÚN TIPO. Hay muchas banderitas argentinas, eso sí. Por suerte le está yendo bastante mal en taquilla, porque la gente en general es más inteligente (y los chicos mucho más) de lo que los cínicos creen.

Y como no hay uno sin dos ni dos sin tres, aparece esta semana Bañeros III-Todopoderosos. El hecho de que un par de films haya creado "un culto" (no vi manifestaciones pidiendo el regreso de esta "saga" al cine, pero quién sabe) no es garantía: Jim Jones tenía un culto en Guyana y ya saben qué pasó (se me cayó la cédula, perdón). Otra vez, se trata de un film que tiene apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, otra vez de un montó de imágenes sin ton ni son registradas en celuloide. Que es muy mala, en serio. Que tiene como mayor atractivo una rubia artificial mostrando en primeros planos su recauchutada anatomía (sobre gustos, ya se sabe…yo prefiero la naturaleza aunque sea naturaleza muerta). El "humor" es del tipo "¿Quién dejó salir de su aparato digestivo un gas?", o de golpes en los genitales, o de mujeres feas que se ven como "diosas" (sí, "diosas" ¡qué bajo ha caído el paganismo!). El problema es que no hay ninguna película acá, sino un director (el pésimo Rodolfo Ledo, responsable de Papá se volvió loco y más responsable aún de Sin Condena, sin palabras) que dijo "ché, corran, hagan muecas, y dále que vamos". Para ver esto hay que pagar unos 10 mangos promedio de entrada, aclaremos.

Leí en un comentario de la ficha de Terra de Ratón Pérez que "es Argentina, es algo diferente, apoyémosla". Qué triste es decir que se trata de una coproducción entre Patagonik (inversores: Grupo Clarín, Telefónica y Walt Disney Productions) y Filmax (una empresa de animación española) entre otras. Estemmm…¿Argentina? ¿Nacional? ¿Nacional de qué país? En fin, es lo de menos: sabemos que todos los nenes van a colegio privado con uniforme rojizo, como Dios manda, así que queda claro que es en nuestro país, ¿no? ¿Alcanza o no? Bueno, no es para tanto: el arte no tiene fronteras… salvo para cobrar subsidios: en nuestra Ley de Cine, todo film infantil elude el comité de calificación que decide si merece o no subsidios y LO RECIBE AUTOMÁTICAMENTE.

Éste es el panorama de films "para toda la familia" (sinceramente no imagino a un niño que quiera ver Bañeros, y si existe, ¡la culpa es de los padres!). Películas sin ideas, realizadas con la única intención de vender entradas, muñequitos, figuritas y, sobre todo, cobrar subsidios. Y los críticos de cine, ilusos, tenemos que escribir de estas cosas como si realmente hubiera cuestiones estéticas qué discutir. Y encima después, si nadie las ve, la culpa es nuestra.

Vayan a ver, si es necesario, Cars, Superman Regresa o Piratas del Caribe 2; son buenas películas de artistas responsables porque, antes de dedicarse a venderlas, pensaron un mundo entero para poner en pantalla, y no sólo cómo comprarse un auto último modelo o atrincherarse más en la casa del country, con la inseguridad que hay (eso se escucha en Patoruzito, no por nada ultra auspiciada por Radio 10). No se preocupen por la industria nacional, que estas cosas mencionadas recuperan la inversión con subsidios. Y ya que hablar de estética en esta clase de cine no sirve, cuando vayan a pagar una entrada para ver alguna de estas películas, piensen igual, en términos de inversión: con Ratón Pérez, Patoruzito y Bañeros, pierden dinero y otros se forran. En otras palabras, tres estafas.

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