27
de
Marzo
Bafici y ética

No vamos a volver sobre la polémica que desataron las actitudes del INCAA, pero como uno debe contar lo que pasa, agregamos información. El Instituto trató de llegar a un acuerdo con el Bafici, pero después de que los dineros del Gobierno de la Ciudad fueron gastados. Es decir, que la ayuda del INCAA, de llegar, llega tarde. Y además la polémica sigue. De esto lo único que hay que decir, para no quedarse en el chisme que sólo interesa al periodista profesional en mesa de café, es que esto es lo que sucede cuando los fondos públicos se manejan con critero electoralista y no de acuerdo con la ley y el sentido que rige a cualquier estamento del Estado. El Estado no es un partido político ni un candidato: es lo que, por delegación de una parte de nuestro poder individual, creamos para que se cumplan las leyes.
Pero sí hablemos del Bafici. Ya sé, están esperando que les recomiende qué ver. No pienso hacerlo (demasiado) porque la programación es enorme y compleja. Hay de todo y yo trataré de no desesperarme por ver (de otra forma poco es lo que voy a disfrutar lo que haya). Entre mis elegidas -descontando lo que ya vi en MDP- están Jesus Camp, las películas del chino Jia Zhan-ke (es un genio, si vieron The World, Platform, o Xiao-Wu, ya saben), quizá La Chinoise, que siempre me pierdo en fílmico, Corazones, de Alain Resnais (aunque se estrena después), y trataré de ver todo lo argentino que pueda.
La retrospectiva de Jacques Tati, aunque sus películas se vean seguido en algún ciclo, es una buena oportunidad para quienes no han descubierto aún a un verdadero genio, ya que -dicen- son copias nuevas. Y hay muchísimo más que les invito a descubrir aquí.
Pero para mí es especialmente interesante The Host. No necesariamente porque sea una gran película -lo es-, sino porque es una demostración casi matemática. La dirigió un muchacho llamado Joon Ho-bong, realizador de una gran película llamada Barking dogs never bite (o Perro que ladra no muerde), sátira de la vida urbana coreana que se presentó en el Bafici de 2001. Joon empezó como un cineasta independiente y hace toda clase de cine: The Host es una película de monstruos digamos "industrial", que no deja de lado la crítica política y social y, además, asusta en serio.
En Corea hay tres tipos de cine y un Estado que lo apoya: un cine de autor muy personal y a veces experimental, un cine que puede llegar a un amplio público pero es básicamente "artístico", y uno industrial. Joyas hay en los tres niveles, lo que demuestra que no son categorías que se excluyen. El sistema de créditos y subsidios es suficientemente amplio como para apoyar la diversidad y tener éxito con ella. Lo que sucede, básicamente, es que antes de pensar en la "rentabilidad" de un film se piensa en su calidad.
Éste es el punto: un Instituto de cine en un país cualquiera no debe pensar en cómo "hacer negocio" sino en cómo crear buenas películas. En la Argentina existe la diletancia en ese sentido: a veces se apoya un cine que nos representa bien en el exterior y a veces se amortizan inversiones destinadas al dinero rapidito. Digo: a veces se apoya a Lisandro Alonso y a veces se regala dinero a Francella. Pero el criterio no es la existencia de diferentes tipos de cine, porque es harto notable que a Alonso le va a costar muchísimo más conseguir dinero que a Francella.
El Bafici, con su programación excesiva (es, creo, la mayor crítica que se le puede hacer a este festival) es una buena oportunidad para ver cómo funciona el cine en el resto del mundo. Y cómo, además, hay una gran cantidad de películas que nos están vedadas.
Una cosa más como para discutir. Lean este texto de Pablo Sirvén en La Nación. No me molesta demasiado lo que dice, porque es lo de siempre. Pero esta vez, el hombre ha cometido -creo- dos errores éticos.
El primero:
"(…)Pero también pesan las concepciones cada vez más distantes entre sí de las muestras cinematográficas más importantes de este país (la Nacional de Mar del Plata, algo errática, con vocación popular y últimamente muy "latinoamericanizada" para un público más adulto y no necesariamente ilustrado, y la porteña, bien urbana, coherentemente elitista y con la bandera en alto de lo críptico y provocativo como sinónimo de calidad y creatividad que convoca a un público más joven, intelectualizado y/o snob).(…)"
No sólo habla mal del público de Mar del Plata, sino que a los que van al Bafici los tilda de "público más joven, intelectualizado y/o snob". Es un poquito insultante. Me pregunto también qué pensará la gente que, en Mar del Plata, disfrutó de films crípticos como Syndromes and a Century. Tampoco entiendo lo de "concepciones distantes", cuando hay films que se repiten en ambas muestras (y de los más complejos, además, como I don’t want to sleep alone, de Tsai Ming-Liang, o Syndromes and a Century, de Apichatpong Weerasetakhul) y los programadores tienen visiones similares. En mi credo personal como periodista y crítico, sé que la gente va al cine por millones de razones, y que al público nunca hay que condenarlo por sus gustos ni etiquetarlos unívocamente.
El segundo:
"(…)Como es tradicional, LA NACION ya viene prestando atención a este ecléctico acontecimiento cultural con una cobertura que se intensificará cuando el Bafici esté en pleno desarrollo, aun cuando el grueso de su pauta publicitaria apunte sistemáticamente hacia otro medio.(…)"
¿Está pidiendo que el Bafici compre espacio publicitario en La Nación? Espero que no. Quejarse de que se cubre un evento aunque no hay pauta (¿Y dónde quedó el compromiso del periodista? ¿Está supeditado a la publicidad?) es algo que no corresponde a ningún código deontológico.
Que quede claro que sus pullas contra Fipresci, contra el cine independiente, a favor de la concepción de cine como únicamente entretenimiento, etcétera, no me molestan. Sí estos dos pequeños párrafos que están en las antípodas de lo que -como lector- le exijo a un periodista. Les dejo a ustedes la última palabra.










