El BigoBlog

27

de
Marzo

Bafici y ética

No vamos a volver sobre la polémica que desataron las actitudes del INCAA, pero como uno debe contar lo que pasa, agregamos información. El Instituto trató de llegar a un acuerdo con el Bafici, pero después de que los dineros del Gobierno de la Ciudad fueron gastados. Es decir, que la ayuda del INCAA, de llegar, llega tarde. Y además la polémica sigue. De esto lo único que hay que decir, para no quedarse en el chisme que sólo interesa al periodista profesional en mesa de café, es que esto es lo que sucede cuando los fondos públicos se manejan con critero electoralista y no de acuerdo con la ley y el sentido que rige a cualquier estamento del Estado. El Estado no es un partido político ni un candidato: es lo que, por delegación de una parte de nuestro poder individual, creamos para que se cumplan las leyes.

Pero sí hablemos del Bafici. Ya sé, están esperando que les recomiende qué ver. No pienso hacerlo (demasiado) porque la programación es enorme y compleja. Hay de todo y yo trataré de no desesperarme por ver (de otra forma poco es lo que voy a disfrutar lo que haya). Entre mis elegidas -descontando lo que ya vi en MDP- están Jesus Camp, las películas del chino Jia Zhan-ke (es un genio, si vieron The World, Platform, o Xiao-Wu, ya saben), quizá La Chinoise, que siempre me pierdo en fílmico, Corazones, de Alain Resnais (aunque se estrena después), y trataré de ver todo lo argentino que pueda.

La retrospectiva de Jacques Tati, aunque sus películas se vean seguido en algún ciclo, es una buena oportunidad para quienes no han descubierto aún a un verdadero genio, ya que -dicen- son copias nuevas. Y hay muchísimo más que les invito a descubrir aquí.

Pero para mí es especialmente interesante The Host. No necesariamente porque sea una gran película -lo es-, sino porque es una demostración casi matemática. La dirigió un muchacho llamado Joon Ho-bong, realizador de una gran película llamada Barking dogs never bite (o Perro que ladra no muerde), sátira de la vida urbana coreana que se presentó en el Bafici de 2001. Joon empezó como un cineasta independiente y hace toda clase de cine: The Host es una película de monstruos digamos "industrial", que no deja de lado la crítica política y social y, además, asusta en serio.

En Corea hay tres tipos de cine y un Estado que lo apoya: un cine de autor muy personal y a veces experimental, un cine que puede llegar a un amplio público pero es básicamente "artístico", y uno industrial. Joyas hay en los tres niveles, lo que demuestra que no son categorías que se excluyen. El sistema de créditos y subsidios es suficientemente amplio como para apoyar la diversidad y tener éxito con ella. Lo que sucede, básicamente, es que antes de pensar en la "rentabilidad" de un film se piensa en su calidad.

Éste es el punto: un Instituto de cine en un país cualquiera no debe pensar en cómo "hacer negocio" sino en cómo crear buenas películas. En la Argentina existe la diletancia en ese sentido: a veces se apoya un cine que nos representa bien en el exterior y a veces se amortizan inversiones destinadas al dinero rapidito. Digo: a veces se apoya a Lisandro Alonso y a veces se regala dinero a Francella. Pero el criterio no es la existencia de diferentes tipos de cine, porque es harto notable que a Alonso le va a costar muchísimo más conseguir dinero que a Francella.

El Bafici, con su programación excesiva (es, creo, la mayor crítica que se le puede hacer a este festival) es una buena oportunidad para ver cómo funciona el cine en el resto del mundo. Y cómo, además, hay una gran cantidad de películas que nos están vedadas.

Una cosa más como para discutir. Lean este texto de Pablo Sirvén en La Nación. No me molesta demasiado lo que dice, porque es lo de siempre. Pero esta vez, el hombre ha cometido -creo- dos errores éticos.

El primero:

"(…)Pero también pesan las concepciones cada vez más distantes entre sí de las muestras cinematográficas más importantes de este país (la Nacional de Mar del Plata, algo errática, con vocación popular y últimamente muy "latinoamericanizada" para un público más adulto y no necesariamente ilustrado, y la porteña, bien urbana, coherentemente elitista y con la bandera en alto de lo críptico y provocativo como sinónimo de calidad y creatividad que convoca a un público más joven, intelectualizado y/o snob).(…)"

No sólo habla mal del público de Mar del Plata, sino que a los que van al Bafici los tilda de "público más joven, intelectualizado y/o snob". Es un poquito insultante. Me pregunto también qué pensará la gente que, en Mar del Plata, disfrutó de films crípticos como Syndromes and a Century. Tampoco entiendo lo de "concepciones distantes", cuando hay films que se repiten en ambas muestras (y de los más complejos, además, como I don’t want to sleep alone, de Tsai Ming-Liang, o Syndromes and a Century, de Apichatpong Weerasetakhul) y los programadores tienen visiones similares. En mi credo personal como periodista y crítico, sé que la gente va al cine por millones de razones, y que al público nunca hay que condenarlo por sus gustos ni etiquetarlos unívocamente.

El segundo:

"(…)Como es tradicional, LA NACION ya viene prestando atención a este ecléctico acontecimiento cultural con una cobertura que se intensificará cuando el Bafici esté en pleno desarrollo, aun cuando el grueso de su pauta publicitaria apunte sistemáticamente hacia otro medio.(…)"

¿Está pidiendo que el Bafici compre espacio publicitario en La Nación? Espero que no. Quejarse de que se cubre un evento aunque no hay pauta (¿Y dónde quedó el compromiso del periodista? ¿Está supeditado a la publicidad?) es algo que no corresponde a ningún código deontológico.

Que quede claro que sus pullas contra Fipresci, contra el cine independiente, a favor de la concepción de cine como únicamente entretenimiento, etcétera, no me molestan. Sí estos dos pequeños párrafos que están en las antípodas de lo que -como lector- le exijo a un periodista. Les dejo a ustedes la última palabra.

19

de
Marzo

Con faldas y a lo políticamente loco

Hay que decirlo rápidamente: no fue un gran festival este último Mar del Plata. Y como frutilla de una torta no demasiado digerible, tuvimos en el último día un acto de censura no sólo repudiable sino, además, torpe: altísima dirigencia del INCAA prohibió a Quintín que subiera a entregar el Premio a la Innovación Artística, que para colmo no sólo no era oficial del Festival sino que estaba pagado por una empresa privada, la distribuidora 791 cine, que tenía todo el derecho del mundo a disponer a sus jurados y a quien entregase el premio. Hagan click acá para la historia completa.

Quiero decir algo al respecto. Más allá de mis coincidencias o disidencias con Quintín, el problema aquí no pasa por la persona sino por el principio. Podría haber sido cualquiera: la cuestión es que el poder público, de manera ostensible, presionó sobre una empresa privada sólo para demostrar que lo puede todo. Ni siquiera se respetaron las más elementales formas de la diplomacia, lo que es grave para el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales.

Pero este hecho es menor al lado de la negativa del INCAA a poner un centavo en el Festival de Buenos Aires. La excusa: que el Bafici habría pedido el doble de plata que el año pasado. La respuesta: ofrezcan la mitad. No: la cosa es que nada de lo que haga este año el Gobierno de la Ciudad, digamos, tenga dineros del Gobierno Nacional (año electoral, Telerman quiere reelección, su ruta). Lástima que el INCAA es orgullosamente autárquico, es decir, su dinero lo maneja como quiere (aunque debería ser monitoreado, claro).

Estos dos asuntos son botones de muestra: Mar del Plata se relaciona con uno de ellos. Hay más (lean aquí esto mismo más los problemas que se dieron con El Amante). En estas circunstancias es bastante difícil dedicarse a hablar del cine y de las peliculas, porque uno tiene que salir a hablar de lo urgente, es decir, de esta cosa chiquita de politiquería barrial que resume toda actividad cultural importante en un pequeño asunto de unidad básica. Y la responsabilidad no es de los medios sino del INCAA.

Así que ahora hablemos un poco de cine. Lo que decíamos: las películas que íbamos a ver no decepcionaron, las sorpresas fueron pocas (les diría que los que estaban un poco enterados ni siquiera tuvieron sorpresas), hubo demasiados cócteles y demasiado poca discusión estética o crítica. Sí mucha política de la pequeña. Y una especie de rara glorificación de lo plebeyo y lo grasa que pocas veces he visto. Un ejemplo, la fiesta final con gente disfrazada como en Luna de Avellaneda, como para celebrar la era del club de barrio (nada que ver con el cine). La música oscilaba entre los Wawancó (Pollera colorada, gran hit) y algún Rodrigo. En tarimas ubicadas estratégicamente, señoritas vestidas con faldas hipercortas y con ropa interior de color ampliamente visible se meneaban casi al ritmo de la música. El catering incluía choripán, sandwichs de milanesa, empanadas. Hubo algún miniconcierto (Los Cocineros, en vivo) y mucho aturdimiento. En el Hermitage se repetía el karaoke de los primeros días, pero maldita la gracia después de lo vivido en las horas finales.

La gran pregunta es qué va a pasar de ahora en más. Lo que queda claro es que Miguel Pereira (alguien que logró equilibrar diplomáticamente el Festival y que, además, logró llevar adelante negociaciones interesantes para prestigiar la Competencia, quizá su mejor logro) se va. Por los pasillos se rumoreaba que lo podían llegar a sustituir o bien Carlos Morelli o bien Lita Stantic. El ex crítico tiene buenas relaciones con la industria y Stantic también. Si me preguntan, creo que Stantic tiene mejor ojo para las películas. Pero en ambos casos tengo mis reparos. El mayor es que un festival de cine sólo puede funcionar si sus responsables no son funcionarios puestos y depuestos por el humor político de turno, sino si son entes autárquicos que pueden generar experiencias y atravesar administraciones. Así estas chiquiteces políticas no tendrían importancia y uno se dedicaría a hablar del cine, su presente y su futuro.

De paso, mis películas del Festival, esas que o bien me interesaron, o bien me encantaron, o bien considero que no hay que dejar de ver "a pesar de…":

La peli, Black Book, I Don’t Want Sleep Alone, M, Syndromes and a Century, Wirscutters, Life in Loops: Megacities, Diez Canoas, Shall I Cry?, Cocalero, Belle Toujours, The Pervert’s Guide to the Cinema, Woman on the Beach, Invisible Waves, Exiled, Election 2, Honor de Caballería, Ficción, Jardines en Otoño, Climates, La crisis causó 2 nuevas muertes.

Como verán, sólo tres o cuatro pueden considerarse "sorpresas" dentro de del actual panorama cinematográfico. Y otra cosa: en el cine argentino, lo más interesante pasa por el documental y no por la ficción. Habrá que pensar por qué, o habrá que concluir, con lo dicho más arriba, que hay una enorme necesidad de verdad y que salta por algún lado.

Sí, también traje pulóveres y alfajores. Cómo evitarlo.

17

de
Marzo

Viva Verhoeven

Antes que nada: posteé antes de conocer los premios, que están acá.

Son justos: única reflexión. La pésima versión cinematográfica de Polémica en el Bar llamada Ciudad en Celo se llevó el premio del público, mientras que los verdaderos cineastas se llevaron los premios del gran jurado. Es un dato para pensarlo, pero lo haré el lunes junto al panorama de esta (triste, estoy ahí) entrega de premios y el cóctel subsiguiente.

Y al final terminamos hablando de política y eso es bueno. Recuerden lo que decía Godard: “Nosotros hacíamos la política de los autores; los norteamericanos se quedaron con la palabra ‘autor’ y se olvidaron de la política”. Así que en este posteo pre-final (el lunes va balance, no desesperen) quiero recomendar la película que a mí me parece un resumen de lo que venimos hablando, que es perfecta y que, por suerte, tendrá estreno comercial: Libro Negro, de Paul Verhoeven (que casi viene a presentarla).

El film es la historia de una judía de La Haya que se salva casi milagrosamente de una trampa tendida por oficiales nazis y traidores civiles. Para vengar a su familia, se une –un poco al azar- a la Resistencia Holandesa y se convierte en amante de un general nazi. El problema es que a) la chica se enamora; b) el mayor villano es de los resistentes; c) el tipo más ético es un nazi.

En realidad no implica que Verhoeven diga “los nazis eran buenos y los aliados, malos”, sino que la guerra es una situación de extremo envilecimiento donde es imposible hablar de “bien” o “mal”, donde el fascismo y la miseria humana surge con saña en todos lados y donde el verdadero villano es aquel que se une o desune a causas por dinero.

Verhoeven vuelve a su mejor forma después de esa fallida y enjuagada El hombre sin sombra. Filma sexo y desnudos como nadie, no crea falsos suspensos, rueda la acción física con una claridad meridiana (la crueldad es un subproducto de ese rigor extremo) y no le escapa a ningún problema ético. Y hay una toma de posición clarísima: todas las virtudes están en las mujeres.

Lo que me impactó fue la manera como se retrata a la Resistencia. Algo que también aparecía en la genial El Soldado de Orange, film poco visto y muy cortado fuera de Holanda (atención porque Europa Europa lo pasa completo). Lo que se muestra allí es increíble: la miseria de la situación saca a relucir las peores cosas de ciertas personas (un jefe de militantes le dice a la protagonista “te parece que por salvar a 30 judíos vamos a perder 30 holandeses…¿desde cuándo la vida de un judío vale más que la de un holandés?”) y que hay mecanismos humanos que funcionan más allá de las reglas sociales y políticas. Lo que queda claro es que cualquier estructura militar es fundamentalmente fascista y fundamentalmente burocrática, y que reune –sea del lado que sea- lo peor de las personas (y el nazismo, claro, es la extensión de esa estructura a toda la sociedad). Lo que no implique que, en ocasiones, sea imprescindible tomar las armas para salvar la vida de otros (hay un personaje secundario que lo deja más que claro), aunque el otro lado del asunto es que la violencia envilece.

Y para colmo de ambigüedades, la violencia en pantalla es fascinante. Así el propio Verhoeven nos coloca ante un film que dice que la violencia es retrógrada pero que al mismo tiempo nos fascina. No hay nada de nihilista ni de misantropía en eso, sino apenas una constatación. Por eso la protagonista es una verdadera heroína: porque no niega su humanidad ni siquiera cuando sus sentimientos se oponen con sus convicciones. Ya saben, véanla.

PD: Lo que me queda claro de este Mar del Plata es que las mejores películas eran los “números puestos” de grandes realizadores: Ceylán, Tsai, To, Verhoeven, Hong Sang-soo, Weerasethakul, Oliveira et caetera. Pocas sorpresas, menos descubrimientos (Honor de Caballería, Shall I Cry?, M) y apenas alguna polémica alrededor del cine nacional (La Peli, diluida al pasar los días). Algo no anda del todo bien cuando todo se estanca en los grandes nombres: falta riesgo, falta inventiva y sobra celebración de los números de asistencia. El cine se está volviendo, cada vez más, igual a sí mismo. Mar del Plata, festival con poca tradición nacido cuando el resto se ha estancado en la academia, es un excelente ejemplo de cómo van las cosas hoy.

De aquí a Terra

15

de
Marzo

M no es por Moria

Todos los años hay tendencias en el Festival. Recuerdo uno donde se veían constantemente films con chicos abusados y/o asesinados y/o suicidados y/o reventados. Otro donde todo eran cuentos de familias disfuncionales. La onda este año es cine dentro del cine, o autobiografías filmadas, o directores sin inspiración. Lo que –que quede claro- no implica que las películas sean malas (o buenas).

En esa “onda” están Woman on the Beach, de Hong Sang-soo, Ficció, de Cesc Gay, La Peli, de Gustavo Postiglione e incluso Shall I Cry? cuyos enamorados son cinéfilos irredentos. Y ya que estamos, también es el caso de la mejor película argentina presentada en esta muestra que se llama, simplemente, M.

M es un documental dirigido, escrito y en parte filmado por el cineasta y crítico Nicolás Prividera –para quienes no lo tengan presente, escribía en Cineismo, el site de Gustavo Ravaschino. La historia es la del propio Nicolás en busca de datos sobre su madre, Marta Sierra, de quien no sabe nada desde su secuestro pocos días después del golpe de la banda de facinerosos controlados por un tal Videla. Pero no se trata del típico “documental de gente que habla a cámara y dice lo maravilloso que fueron aquellos tiempos idealistas” ni tampoco “una descripción del horror que vivimos todos los argentinos” ni “una reivindicación de los derechos humanos”. No: es la puesta en cuestión, la crítica total de nuestros lugares comunes mentales sobre el tema, más una toma de posición muy clara al respecto. Es la respuesta realista e inteligente, visceral pero con un enorme trabajo de puesta en escena a aquel film cuyo lirismo tranquilo nos confundió bastante, Cazadores de Utopías.

Una cosa que me conmovió profundamente es cómo, por primera vez en el cine, alguien señala que hay mucho de aprovechamiento político y poco de trabajo científico serio para saber qué pasó con todos los secuestrados. Nicolás pide datos pero además pregunta por qué no hay cruces entre tantos organismos que llevan la palabra “memoria” en el nombre, por qué es tan difícil descubrir la verdad. Por qué, si el Presidente es el Comandante en Jefe del Ejército, no ordena abrir los archivos de la “represión”. Represión…en realidad crímenes de lesa humanidad.

Pero Prividera no se queda ahí. Un problema que tenemos los de su generación respecto del tema de la militancia es que nunca, nunca jamás, nos queda claro qué querían las organizaciones revolucionarias, especialmente Montoneros. Otra cosa que no nos queda clara, nunca, es por qué en ciertas circunstancias -hay momentos donde tal cosa no era imprescindible- tomaron el camino de las armas. Otra más, por qué no preservaron a sus militantes de base (lean esa obra maestra llamada La Voluntad). Prividera pregunta y también dice algo importante, el núcleo duro de su film: hay que buscar a los cómplices civiles. Este film, siendo film, establece que la participación civil fue absolutamente indispensable.

Hay secuencias antológicas, como la visita de Nicolás a esa mujer que pudo haber entregado a su madre. O la imprecación de una señora a un viejo militante de superficie que defiende el kirchnerismo con un discurso que no ha cambiado en décadas: “Con todo respeto…¿En qué país te creés que vivís?”. Hay, además, una reivindicación absoluta del pensamiento crítico y un uso emocional (no “emotivo”) y sorprendente de imágenes filmadas de Marta Sierra. Parece un verdadero personaje del cine.

Porque, lo más importante de todo, este film se viene a comer el cine. Lo usa con un grado de conciencia y fuerza tremendos, lo lleva a ciertos límites, trabaja constantemente desde las superficies con el tema del doble y el espejo (abundan en la película) y crea imágenes que forjan memoria. Eso: imagen que forja memoria o la persistencia del tiempo perdido. Eso que es imprescindible en un país donde, como se dice, nadie se hace cargo de nada.

Mi posteo de hoy iba a ser más frívolo: parece que Moria Casán anduvo viendo las películas de Johnnie To y los films coreanos, y que la vedette está entusiasmada con volverse cinéfila. Era una apostilla divertida hasta que vi M y recordé que MC defiende absolutamente lo actuado por los militares durante la Dictadura. Y que si algo dice M es que el paso del tiempo no disculpa los crímenes contra la humanidad. Por lo tanto, me importa un bledo si la señora de pelo negro sigue yendo al cine a ver films de calidad (ella, que nunca los hizo). O mejor, me encantaría que llorase viendo M. No sucederá, pero soñar no cuesta nada.

13

de
Marzo

Viva Johnnie To

 

Una de las cosas que más llama la atención de esta edición del Festival es la dificultad de descubrir películas o realizadores nuevos. A pesar de ello, algo hubo y lo contamos más adelante. Pero ahora quiero dedicar unos párrafos a saludar la existencia del gran, del único, del inimitable Johnnie To.

To es un cineasta de Hong Kong especializado en cine de acción y policial. Desde el Bafici 2002, cuando comenzaron a proyectarse sus films aquí, fue generando un enorme culto que hace que se llenen los cines donde se dan sus películas en cada Festival. Si me permiten, Infernal Affairs (y, por consiguiente, Los infiltrados) no existiría si no fuera por To.

El estilo está lleno de influencias, que van desde Sergio Leone, Brian De Palma y Francis Ford Coppola a Hawks, Hitchcock, Kurosawa o Godzilla. Pero las películas de To no funcionan por lo que recuerdan sino por lo que son: perfectas máquinas de emoción y creatividad cinematográfica construidas sobre esa ausencia y esa velocidad que suelen recibir el nombre de vértigo.

A falta de una, aquí hay dos películas dos de To: una es Election 2, muchísimo mejor que la primera (vista aquí y también en el Bafici), que toma la idea de El Padrino II de alguien que no quiere formar parte del delito pero se ve obligado para llevar una vida normal, aunque es también una crítica bastante fuerte a la degradación de las formas democráticas (la mafia pasa de una democracia colegiada a regirse por un rey, digamos) que no es para nada inocente.

Pero es mucho mejor Exiled. La historia es la de un ex asesino a sueldo que, casado y con un bebé de un mes, debe volver a Macao –lugar del que lo expulsaron tras atentar contra la vida de un capo- para ganarse la vida como changarín. Dos de sus amigos de infancia vienen a matarlo, otros dos, a defenderlo. Finalmente todos se unen para tratar de conseguir un dinero que le permita abandonar Macao, donde sólo lo quieren muerto.

Con referencias a Por un puñado de dólares, El botín de los valientes y Los Intocables, es un cuento de amistad donde las balas zumban tanto como las sonrisas y la melancolía. La sala aplaudió a rabiar más de una vez.

¿A cuento de qué viene hablar de Johnnie To? De que estamos totalmente seguros de que si algún distribuidor se animara a traer estas películas en fílmico, la historia de nuestra exhibición cambiaría. Irían construyendo su público de a poco, pero seguro que serían no sólo un gran negocio, sino también la puerta de entrada de un cine mainstream mucho mejor (en serio mucho mejor) que la bazofia que Hollywood regurgita semana a semana.

Para mitigar la violencia de la declaración anterior, quiero recomendar calurosamente que busquen, vean el melodrama coreano Shall I Cry?. No me da vergüenza decir que lloré una hora y media de sus dos horas de duración y que su personaje central es una chica de 18 años que pierde a su novio en un accidente de tránsito. La historia está construida con todos los lugares comunes que hicieron famosa a Andrea del Boca: hasta se parece a aquella serie animada japonesa llamada Candy Candy (¡sí, tengo esa edad!). Pero todo hecho con una sensibilidad genuina, con la cámara siempre en el lugar justo, sin un solo golpe bajo y con ese tono justo entre lo triste y lo alegre que es la cuerda más difícil de lograr. Y es también cine comercial y noble. Seguro que sería un éxito acá, si alguien la vendiera como corresponde.

En fin…me parece que me mudo a Seúl. Por lo menos no me va a faltar qué ir a ver los fines de semana.

De aquí a Terra.

11

de
Marzo

Con K de Karaoke

No queremos importunarlos con frivolidades pero recuerden siempre que, para triste, está la vida. Aquí en Mar del Plata comienzan a correr las recomendaciones de boca en boca para encontrar películas que excedan el marco de la tríada Daft Punk-Johnny To-De Oliveira/Iosseliani. Ya que estamos en eso, vayan –los que anden por aquí- buscando entradas para Mutual Apreciation, Princess y La Tourneuse des Pages. Y de paso, mañana es el debut de La crisis causó dos nuevas muertes, film del que hablamos mucho en Terra básicamente porque ningún medio quiso hacerlo y porque es un muy buen documental. Si buscaban algo nuevo y conmovedor, allí está.

Sigamos. Ya hablamos de la película de Postiglione, pero prometemos más. Por lo pronto, se perfilan posiciones radicales al respecto y poca voluntad de ver qué significa ese ovni (un film que se parece demasiado a lo que uno odia del cine argentino pero que no lo es, que desconcierta plano a plano y tiene tonos poco frecuentes en nuestro cine). Repetimos: lo malo es que, como decía un colega, uno necesita –no para entender la historia, ojo, sino para entender las alusiones y las tomas de posición- un manual de instrucciones.

Por eso, y ya que estamos, recomendamos un verdadero manual de instrucciones que se llama The Pervert´s Guide to the Cinema. Es en realidad una miniserie en tres episodios donde el psicólogo y filósofo Slavoj Zizek (estoy tentado de decir que el hombre está de moda, pero me reservo) analiza una serie de autores cinematográficos para ilustrar nuestras pulsiones y pensamientos, amén de tratar de encontrarle un sentido al cine. Si leyeron a Zizek, es una ilustración entretenida y no pocas veces cómica de su pensamiento. Y verán escenas de films que van de Dr. Mabuse a Episodio I, de Vértigo a Matrix, de los musicales de la era stalinista a Disney y mucho (mucho) David Lynch. Por lo demás, quedan bien explicados conceptos freudianos que a veces se nos escapan o –no poca culpa la tienen los lacanianos argentinos- están mal utilizados. Además –disculpen la ironía- tiene sin dudas las mejores escenas que se verán en el Festival (dudamos que alguna cosa que se vea sea mejor que el beso de Vértigo).

Pero para el final dejamos la explicación del título de este posteo. Eran casi las dos de la mañana cuando, con un grupo de colegas que incluía al inefable Samurai Jack, a gente vinculada a las más bajas esferas del poder y a colegas pasados de sueño, llegamos al verdadero epicentro marplatense: el hotel. El lobby del Hermitage a esa hora es lo más parecido al viejo Magoo de Bariloche en el post-dancing. A nuestro lado, un secretario de Estado, un grupo nutrido de actrices, un conductor del canal oficial y otras personas seguían las melodías que el conductor televisivo Pablo Marcovsky –hoy, ya, consagrado como entertainer oficial del hotel- arrancaba del piano de cola.

Chanza va, chanza viene, poco a poco los asistentes –no se quejen, ché, estaban fuera del horario de trabajo y todos tenemos derecho a la sana distención- se acercaron cual micheles feifers al piano y comenzó un karaoké que incluyó temas de Fito Páez, Vivencia, Charly García, Queen, Los Beatles y, tras el pedido de “una que sepamos todos”, aquel hit de Hugo del Carril conocido como “La marcha peronista”. Desde nuestra mesa, algunas voces rancias de alcohol (no la mía, que se mantiene olímpicamente equidistante en la arena política) se prendieron pero con una letra un poco más violenta, recuerdo setentista digamos.

Y allí, en medio de ese clima de jolgorio generalizado y recuerdos de cuando los únicos privilegiados eran los niños, detrás nuestro se armó otra mesa entre cuyos integrantes figuraba Natalia Oreiro (uno de nosotros le cedió su silla).

El karaoké siguió con nuevas versiones de la marchita a medida que funcionarios se sumaban al coro del piano (para ese momento, poblado como un centro de refugiados) ante el asombro de los presentes, el reloj que marcaba las cuatro de la mañana, el aroma del whisky impregnando los butacones y la declinación de Darío Grandinetti de cantarse algo (la Oreiro tampoco quiso, así que no tuvimos su veneno). Cuando Julieta Díaz arrancó con las primeras sílabas de Cambalache, supe que era hora de retirarme. Lo hice mientras recordaba aquellas viejas trasnoches de los primeros festivales, cuando hablábamos de Rosselini o de Wong Kar-wai y, ojo, también nos divertíamos.

Películas también hay. Trataremos de seguir hablando de ellas.

10

de
Marzo

Entre Cris y la Peli

Lo que pasó ayer fue interesante: la campaña electoral –hay que ser muy ingenuo para decir que no vivimos en una permanente- se trasladó al Festival. No vamos a decir nada nuevo: desde que la muestra regresó en 1996, coincidiendo con la promulgación de la Ley de Cine, todas las administraciones aprovecharon para mostrarse aquí. Del fasto kitsch menemista a la qualité K, pasando por el perfil sushi del breve delarruismo, la imagen misma del Festival está marcada por la administración de turno.

Sería más ingenuo suponer que no va a seguir siendo así, aunque en realidad nos parece (me parece) que, si bien es importante que algún miembro del Gobierno avale con su presencia un evento de estas características, transformarlo en plataforma autocelebratoria es algo un poco feo.

Mi nihilismo dice que siempre será así, mi idealismo, que alguna vez no será tribuna de campaña. Ayer fue el turno de aprovechar para Cristina Fernández de Kirchner (no creo que nadie dude de su candidatura presidencial), Daniel Filmus (lejos de la Capital, claro, pero la globalización todo lo puede) y Daniel Scioli, que todos sabemos que va a ir a por la provincia. El lobby del Hermitage era una mezcla de gente de cine y de política: el problema es que era imposible diferenciarlos.

Me pidieron que no fuera demasiado ácido pero disculpen; la acidez es una de las consecuencias de seguir un Festival de cine. Pasada mi apreciación ciudadana, quiero decir que vi, sí, La Peli, de Postiglione y probablemente sea el único (bueno, no, Samurai Jack, amigo y blogger, también tiene sus cosas para decir y como nos citó en su blog, devolvemos la cortesía: hagan clic acá).

El film es la historia de un cineasta que se enamora y entra en crisis creativa mientras trata de rodar un film político/militante que es en realidad pésimo. Su mayor problema es que es una película para críticos de cine o para gente que conoce bien los asuntos y las fallas del cine argentino en los últimos 30 años.

Con un manejo de cámaras notable –el uso del plano secuencia es extraordinario- jugando a citar con sorna a Godard y Truffaut, la película pide a gritos no ser tomada en serio: se “carga” al cine político argentino mal filmado y peor declamado, a los “directores poetas”, a los que mezclan cine y literatura sin entender ninguna de las dos cosas, a los parásitos del subsidio, a los Subiela, los Agresti (ahí está Norman Brisky en una escena notable con el crítico de Clarín, amigo y ahora actor Diego Lerer), los Favio (hay un plano que recuerda con mucha sangre en el ojo Soñar, Soñar) e incluso a muchos de los “Nuevos” que no tienen muy claro qué filmar.

Pero entre todo esto –olvidaba: hay una hermosa parodia de Taxi Driver y todo- se cuela cierta manera de ver el mundo propia de Postiglione que no es lo que se dice políticamente aceptable. La antepenúltima frase del film es justísima y abre todo un programa para la discusión: una “mandada a la mierda” que es a un personaje pero también a ese cine argentino del que se dice, directamente, por qué nunca funcionó. Pero la última imagen la contradice: problema enorme.

Lo cierto es que el cóctel es para pelar y discutir y eso, amigos, es lo más saludable de todo. No creo que se haya comprendido el uso paródico de la música, por ejemplo, que es mala a propósito. Ni el sentido de las citas o los afiches de películas. Ni los graffittis tontos en las paredes. De todas maneras, hace mucho que no hay algo que realmente permita agarrarse a un café y una discusión. Veremos si la sangre llega al río: es lo mejor que podría pasar.

9

de
Marzo

Post Belle Époque

Al final, gracias a los buenos oficios de la coordinadora de prensa (por un error no tenía las invitaciones a los eventos de apertura, lo que además incluía la cena) y a la compañía de algunos colegas que solicitan el anonimato, pude entrar al cóctel. Buena comida, buena bebida, mala música: más o menos el panorama habitual.

Se preguntarán por qué el título: bien, resulta que en la invitación decía que la fiesta estaría ambientada con la moda "de los 50, post Belle Époque". Sospecho que el número es un error de tipeo: durante la fiesta, hubo señoritas vestidas como en la era del charleston (que no incluía medias de red y portaligas, licencia poética), unos señores que repartían helados o cucuruchos con rabas y cornalitos en peligrosos triciclos de madera y, en un momento, una parejita hacía que jugaba al tenis enfundados en trajes de baño de los Años Locos mientras un muchacho entrenado en teatro negro daba vida a la pelotita. Hicieron lo mejor que pudieron, justo cuando se presentaba la pierna de cordero caliente con suculentos sánguches. Hay competencias que aniquilan.

Dirán qué frivolidad. Sí, puede ser: pero lo que tienen estas fiestas es que uno se entera de la trastienda, de esas cosas que no salen -ni saldrán- oficialmente publicadas. Un agente de espionaje, por ejemplo, contó que hay un plan (¿siniestro?) que entusiasma al actual director del INCAA. Se trata(ría) de un film producido por un ganador del Oscar que registra(ría) la gira de un famoso cantante nac & pop acompañado por un grupo de músicos con síndrome de Down (los músicos, no el cantante popular que ha recorrido de punta a punta el país). Decía otra persona que también solicitó bajo amenaza de muerte el anonimato que po(dría) escribir ahorita mismo la crítica de ese film y no errarle. Cuando el terror se apropió de los que escuchábamos, aparecieron unos mimos a hacer de las suyas y la huida permitió cambiar de tema.

También hubo actores conocidos: Ana María Picchio, Ulises Dumont, Eduardo Blanco, Romina Gaetani (se preguntarán por qué, si no hizo cine), Julieta Díaz, Carla Peterson (se perguntarán por qué, etcétera), María Fiorentino y, claro, Carola Reyna y Boy Olmi. Sin Boy Olmi, sépanlón, no hay fiestas del ambiente. Dicen que el año que viene van a entregar el Boy Olmi de Oro acompañado por el Jean-Pierre Noher de Plata. O quizá fuera el alcohol.

Pero no, esto venía a cuento de algo: parece ser que los actores fueron porque, en la inauguración del Festival, iba a haber un anuncio que finalmente no se produjo, y tenía que ver con una regla no cumplida de la Ley de Cine: que los derechos para televisión de los films argentinos que cuentan con aval del INCAA pasan al Instituto después de dos años, lo que los lleva inmediatamente a la pantalla de Canal 7. Pero algo pasa, porque ustedes no ven cine argentino más que en el cable. Parece que habrá una movida en ese sentido, pero no se sabe. Sí que, por ejemplo, Volver dejó de comprar películas. Puede ser compás de espera o retirada definitiva. Recuerden, además, que es año electoral.

Después hubo más chismes y la noche terminó -para mí y el resto de mis queridos colegas de la Tercera Edad- cuando se oyó el primer tema que sonaba a Daft Punk (de paso, quienes vengan, no se piedan Electroma).

Mañana hablamos un poco de la Competencia: antes quiero ver qué tal la última de Postiglione.

Salud y pesetas. Recuerden que la Belle Époque ya fue.

8

de
Marzo

Nos tapó el agua

 

 

 

Bueno, no fue para tanto. Mar del Plata amaneció, como ya deben saberlo, con árboles arrancados, calles anegadas, gente en estado de shock y, como si fuera poco, las pasarelas preparadas para la brillante apertura del evento emulando a Scarlett O´Hara, Ansina es, nomás: Lo que el viento se llevó.

Lo que no se llevó, digamos, fue la voluntad de quienes están tratando de hacer la muestra (disculpen, pero no me sale una metáfora mejor) contra viento y marea. Difícil, amigos. Más allá del alerta meteorológico y los micros que volaron a la Luna, hay cosas que exceden a la gente de acá.

Por ejemplo: nadie sabía que Mario Monicelli había contratado las Aerolíneas Brancaleone. Fetivamente, cómo no, al veterano creador de la commedia all’italiana le desaparecieron una valija que, supuestamente, traía los huesos del caro Vittorio Gassman. O no, vaya uno a saber, la cosa es que no está ni acá, ni allá ni en ninguna parte. ¡Caro maestro! (Y carísimo el viaje, además).

Como los aeropuertos están cerrados, la Reina Cris no vino para inaugurar la muestra, ni el Príncipe Santaolalla, ni Hannah Shygulla (a menos que el nunca bien ponderado Plusmar haya dado una mano, hasta ahora no sabemos nada de nada).

Sí hubo unas palabras de agradecimiento y disculpas (no es su culpa esta vez) por la dilación ceremonial de parte de Miguel Pereira. Y luego la proyección de Offside, film de Jafar Panahi que narra la odisea de un grupo de mujeres iraníes que querían ver el partido que clasificó a su selección a jugar el Mundial 2006. Resulta que el fútbol en Irán está prohibido para quien no tiene testículos y estas señoras, desafiando cánones estúpidos, se disfrazaron de hombres para hacerle el aguante a los futbolistas. El film no es tan bueno como el genial El círculo, también una historia declinada en femenino, pero está muy bien y no deja de mostrar a los que siguen mintiendo eso de que “el cine iraní es aburrido” que se equivocan de medio a medio.

Voy a ver si me cuelo al cóctel (se extravió mi invitación: por una vez los envidio a ustedes).

Ta Mañana.

 

De aquí a Terra.

5

de
Marzo

Dos polémicas dos: Mar del Plata y La Dalia Negra

Aquí vamos con los dos temas que debíamos. Desde el jueves, todos los días, reportes desde La Feliz. Salud.

1-Mar del Plata: Ya podemos ir diciendo algunas cosas. La primera es que se nota el último año de la gestión Pereira: hubo cambios en los equipos, se gasta menos en la producción, no hay grandes invitados internacionales y se dejaron de lado algunas secciones.

Al respecto, la desaparición de La mujer y el cine, que levantó polémicas, es realmente lamentable. Aunque no estoy de acuerdo con una sección donde el cine hecho por directoras esté separado del resto (porque es una forma de discriminar), sí es cierto que el equipo capitaneado por Martha Bianchi presentaba una selección bastante estimulante y llena de hallazgos.

Cineastas como Caroline Link, Susan Seidelman, Catherine Corsini, Rose Troche o Susanne Bier (con sus altas y sus bajas, claro) estuvieron aquí y presentaron películas gracias al laburo de esa sección. Que además sirvió para descubrir gente como la genial Naomi Kawase (sí, la de Shara: en 1997 se vio en La Mujer…su primer largo, Suzaku. O aquel gran film Post Coitum Animal Triste, de la francesa Brigitte Roüan).

Una pena. Por lo demás, lo que deja entrever la programación es un sesgo menos espectacular (menos "glamoroso" digamos) y más independiente, como si de alguna manera el Bafici hubiera "contagiado" el espíritu de los programadores. No está tan mal, en cierto sentido, siempre y cuando no vuelva uno de los dos festivales algo redundante.

Por lo pronto, ahí tienen para ver films de Otar Iosseliani, Hong Sangsoo, Johnny To y el misterioso y bello Honor de Cavallería. De animación prefiero no opinar: da la impresión de que la retrospectiva Aardman es algo así como "elegir lo que tenemos a mano". La mayoría de los cortos que se verán (por lo demás, excelentes, así que si no los conocen la van a pasar bien) estuvieron más de una vez en cierto programa de TV llamado igual que la sección animada del Festival. En fin.

Bueno, es lo que se viene. Espero verlos por allí y comentarles por aquí lo que realmente pasa en ese encuentro que -de corazón- debería crecer y encontrar un perfil. Realmente es lindo tener un festival en Mar del Plata, aunque, claro, no cualquiera ni a cualquier costo.

2- La Dalia Negra es una muy buena película. No está a la altura de Los Intocables, Doble de Cuerpo, Carrie, Scarface o Fantasma en el Paraíso, pero es un buen De Palma. Razones hay varias.

La primera: maneja una enorme cantidad de material y de hilos narrativos desde lo puramente visual. La segunda: aunque tiene debilidades actorales (Scarlett Johansson y momentos de Aaron Eckhardt), tiene un protagonista atrapado por sus propias pasiones (Josh Harnett, que está bien aquí como lo estaba en 40 días y 40 noches…y en ninguna otra película) y una mujer fatal perfecta interpretada por Hillary Swank.

Tercero, logra establecer de manera sólida la idea no de un Estado o un grupo de personas corruptos, sino de un mundo donde el Mal funciona constantemente, Mal que se manifiesta en forma de dinero. La familia extraña y asesina que corona parte -sólo parte- de la trama es puro granguiñol y no desentona en ningún momento. Las pruebas de cámara de la Dalia juegan en contrapunto con la historia, y lateralmente hablan del poder de manipulación del cine y -peor aún- de cómo el arte ha sido corrompido por el negocio.

Para los depalmianos con ganas de encontrar giros y guiños, ahí está William Finley en rol de asesino desesperado y deforme (o sea, repitiendo como un eco su personaje de Fantasma en el Paraíso). Además, De Palma se toma su tiempo para establecer los personajes, contar lo que quiere y nunca se contagia del vértigo que hoy infecta el cine: deja que el espectador disfrute de las imágenes y no carece -como los grandes clásicos- de pudor. Creo que con los años quienes no gustan del film van a encontrarle sus valores: a mí esta historia de caída y pérdida de gracia, triste y melancólica sin caer en lo grosero, me convenció desde el principio.

Nos vemos (más seguido) en estos días.

Report abuse Close
Am I a spambot? yes definately
http://elbigote.blog.terra.com.ar
 
 
 
Thank you Close

Tu denuncia ha sido enviada.

La misma será procesada para tomar las medidas correctas. Esperamos que continues participando y haciendo crecer al servicio de Terra Blog.