El BigoBlog

23

de
Abril

La seguridad del Hombre Araña

Aviso a todos: no me gusta hablar de los problemas personales ni particulares de mi profesión, pero creo que es bueno hacer una excepción. Y me gustan mucho las películas de El Hombre Araña, porque me gustan mucho -en general- las películas de Sam Raimi. Es de los pocos directores que han sabido ir conjugando un uso extensivo de las posibilidades tecnológicas del cine con personajes en los que uno se siente reflejado. ¿Ejemplo? La secuencia del ascensor en El Hombre Araña 2, la del tren con los neoyorquinos diciendo "no le vamos a contar a nadie", o el comiquísimo Bruce Campbell en la desaforada El Ejército de las Tinieblas. Sin embargo, y dado que hace mucho perdí la ansiedad por los estrenos (deformación profesional, que le dicen), no iré a la función privada de El Hombre Araña 3. Como consecuencia de ello, la crítica de la película saldrá recién el jueves mismo de estreno por la tarde.

No, no me evado de mi deber etcétera. Sólo que por una vez creo que hay que hacer un alto en el camino y cuestionar las medidas de seguridad impuestas por algunas distribuidoras para ciertas funciones de prensa. Para ver El Hombre Araña 3, los críticos y periodistas deben acreditarse especialmente (más o menos lógico), pasar por detectores de metales, abrir sus bolsos, y entregar en la puerta de la sala el celular.

El mío (no me gustan los celulares, aclaro, sólo lo tengo por obligación) apenas recibe y envía llamados y sms. Pero además, guarda -como cualquier celular de hoy- información privada. Sí, sí, me van a decir que lo puedo apagar y bloquear pero…supongamos que, por cuestiones personales, deba llevarlo siempre conmigo y encendido (y en vibración silenciosa: cuando recibo un llamado o mensaje, salgo de la sala). ¿Por qué, dadas esas circunstancias, debo dejárselo a un tercero? Dado que no quise hacerlo, no iré a la privada.

Esto se me cruza con el abuso de las salas en cuanto a seguridad, a no dejar pasar a alguien con un chocolatín comprado en un quiosco (hay que hacerlo a escondidas) o con una botellita de agua mineral que no se obtenga por el triple de precio en el maldito candy bar. ¿Hasta qué punto no es un abuso o un recorte de nuestras libertades (profesionales y personales) esta clase de medidas?

La excusa para la requisa de celulares es que alguna vez pescaron a alguien "filmando" una película. Imagino que debe de ser una copia de pésima calidad que, a lo sumo, habrá solucionado la ansiedad de alguien que, luego, debe haber pagado por ver el film en salas. Pero es lo de menos: lo que importa aquí no es tanto que yo, personalmente, no pueda entrar con mi celular, sino que alguien que no es el Estado y que no tiene ninguna autoridad sobre mi persona o mis pertenencias recurra a estas medidas que hasta se me antojan ilegales.

No es la primera vez que sucede. Algo similar sucedió en las privadas de Guerra de los mundos, Misión: Imposible III, King Kong, El Código Da Vinci, etcétera. Lo que me asusta es que nadie lo dice, nadie protesta, nadie se anima a parar la pelota. Temo que sea por miedo a perder pautas publicitarias o a sufrir represalias. Debería de ser lo menos importante: lo que está en juego es un principio de libertades públicas. Y que sólo el Estado tiene poder de policía.

Bien, esa es la explicación. Por supuesto que elevé mi protesta y expliqué mi postura ante quienes corresponde, pero no hubo caso. Así que decliné acreditarme e ir a una función privada. Lo volveré a hacer cada vez que algo así ocurra. ¿Será una exageración? Espero que no.

16

de
Abril

Balance Bafici

1-Puedo decir mil cosas del Bafici que sólo me competen a mí. Entre ellas, que me cansa, me apabulla, muchas veces me pierdo películas y me siento culpable por ello. Pero es una cuestión estrictamente personal. Hoy leí en un reportaje que le hicieron a Fernando Martín Peña en Página/12 que, en cierta manera, el director artístico de la muestra piensa parecido. Pero también dice algo con lo que estoy de acuerdo: es la única manera de ver como corresponde cierto cine del que padecemos una casi completa sequía el resto del año.

Dice algo más y también tiene razón: el cine de arte y ensayo necesita crecer en público con el tiempo, no es como el blockbuster que la gente se abalanza a ver en la semana de estreno. Uno pide un Bafici más abarcable, pero sería posible si existiera el circuito de arte y ensayo que no tenemos. Por lo demás, esta ausencia habla mucho de nuestra sociedad y de su deterioro en las últimas décadas.

2-Hay una falacia estadística que es bueno comentar. Las cifras totales de la muestra quizá asciendan a 260.000 entradas vendidas. Pero -por lo antedicho- muchos ven un promedio de tres films al día. ¿Implica que hay que dividir el número por tres, más o menos, para ver la cantidad de espectadores? Incluso así, es una buena cantidad de público a fidelizar y una buena semilla para crecer. Si tengo que elegir, prefiero menos Bafici y más cine de este tipo todo el año. Pero -punto anterior- es medio imposible como están hoy las cosas.

3-Algo artístico: los documentales tienen mayor interés que las ficciones y hay una buena cantidad de realizadores que estructuran sus films alrededor de ese género. Los premios que se llevó Estrellas o la buena acogida crítica que tuvo El Pulqui son muestras de eso. Yo mismo, que defiendo el cine de artificio que es la animación, la pasé mejor con los documentales que con las ficciones. Y eso habla también de una responsabilidad del cine: sigue siendo el único arte y el único medio donde lo real estalla como extraordinario ante nuestros ojos.

4-Algo feo: no puedo entender todavía que el premio del público fuera a Filmatrón, ni que la mejor película argentina fuese UPA! La primera es una declaración de que lo divertido del cine es hacerlo y no necesariamente verlo. Se inscribe en esa categoría no cinematográfica de "bizarro", que no tiene nada que ver con esa pequeña comunión que se establece entre el espectador y el film. "Loco, mirá Plan 9 porque es una joda, está toda mal". Es mirar las películas "de arriba". Más allá de que -admito- Filmatrón es simpática y tiene cierto amor por el artesanado cinematográfico, cae demasiado en eso.

UPA! es otra cosa: una especie de sátira del Nuevo Cine Argentino donde directamente se ve como tirano al director. Sé que la teoría de autor no es hoy un gran paradigma. Pero creo también que si bien el logro artístico de un film es producto de una colaboración, también lo es de una mirada unificadora. Lo que UPA! dice es que muchos directores salidos de escuelas de cine son pedantes que quieren tener "su peli" y ni piensan en el resto. Cedo: es así. Y cedo también: es bueno reírse un poco de eso como para tomar distancia y obligar a pensar en el asunto. Lástima que el chiste, cinematográficamente hablando, se agota rápidamente; que las internas del NCA no son tan conocidas como lo que pasa en el vestuario de River y que, como película, UPA! es apenas mediocre. El premio al film fue -estoy seguro- más ideológico (no quiero decir "político", que quede claro) y de voluntad rupturista que riguroso. El Pulqui, Música Nocturna, Canadá y M eran mejores films en todo sentido.

5-Y hubo, sí, internas, peleas, desacoples, discusiones por acreditaciones e invitaciones, gente poco y nada preparadada para cumplir sus funciones (he visto interpretaciones/traducciones espantosas que no sólo faltaban a las mínimas normas del métier sino directamente al mínimo protocolo) y otros asuntos. El daily estuvo más que muy bien, pertinente y bien escrito. Lo que me parece de todo punto inaceptable es que -otra vez vuelvo a algo que dijo Peña en el cierre de la muestra- el Bafici no puede quedar pendiente del humor o el color político de un funcionario.

Un festival de cine es algo autárquico. Eso permite formar un equipo estable que funcione todo el año, coordinar trabajo, generar un archivo, establecer lazos con otros festivales, fortalecer en todo sentido una muestra y, sobre todo, independizarlo de las corridas electoralistas. Esas que hicieron que, por ejemplo, las funciones de Guy Maddin tuvieran muchas filas vacías (se invitó a "jetones" que no fueron, por ejemplo) o que permitieron la invasión inútil en la charla de Tom Waits. Esas cosas -y otras- se solucionan fácilmente: una ley de la Ciudad que establezca el Festival, una partida presupuestaria reglamentada, y que el Festival tenga sus propios equipos para todo (programación, prensa, difusión, etcétera). Así, el Jefe de Gobierno pasaría a saludar, brindaría con alegría y no podría tomar el evento como rehén o plataforma. No hablo de Telerman: es lo mismo que hicieron, desde el nacimiento del Festival, De la Rúa, Olivera e Ibarra. A los altos funcionarios (sépanlo) el cine no les importa especialmente, como no les importa especialmente el tango, los libros o el teatro. Por eso es que, también, un Festival autárquico (también Mar del Plata, claro) nos harían muchísimo bien.

6-Y después de todo ésto, que parece una amonestación, brindo alborozado porque el Bafici me dio una cantidad enorme de grandes films, de momentos extraordinarios que siguen haciendo que uno crea en el cine, en su arte y en su capacidad de comunicación.

Esta semana volvemos al cine de siempre. El año que viene, décimo aniversario.

12

de
Abril

Homenaje a Benjamin

Quería titular este post "El Bafici en la era de su reproductibilidad técnica", pero no entra, así que opté por mencionar al Benji. ¿De qué hablamos acá? Hoy me crucé con mi colega (y amigo, cosa que me llena de satisfacción) Marcelo Panozzo y hablábamos de algo raro. Como ustedes quizá sepan, en este festival (y en Mar del Plata también, desde este año) hay una videoteca para prensa. Allí se pueden visionar en cabinas gran parte de los films que se muestran en DVD o en VHS, lo que no deja de ser una gran ventaja para todos los que tenemos que cumplir con la visión de ciertas películas. Es decir, son clones digitales de las películas que se pueden ver en pantalla grande.

El disparador de una reflexión al respecto fue un comentario sobre Paprika. Pensamos que, seguro, esa película de animación japonesa pronto estaría dando vueltas en el universo del P2P. También que los films que más público tienen y que los profesionales buscan en la videoteca son, de alguna manera (nadie dijo que legal) los de más fácil acceso.

Nos pasó, por ejemplo, estar en salas vacías donde se proyectaban films quizá no difíciles, pero que difícilmente pudiesen verse en otro contexto que en el Festival. Un colega terció en la charla comentando que, por ejemplo, His Big White Self de Nick Broomfield no está disponible en ninguna búsqueda en Internet y que es difícil conseguir ediciones -incluso legales- fuera del país.

Sí, sin embargo -como bien mencionó un usuario en otro post- es posible acceder a The Host, Princess Raccoon, Belle Toujours, I don’t want to sleep alone, Syndromes and a Century, los films de Pennebaker, los de Jacques Tati y, claro, Paprika (entre muchos otros). Que son, notablemente, los que agotan entradas.

Entonces: ¿qué pasa? Pueden leerse muchas cosas. Conozco gente que corrió a ver The Host en pantalla grande (se estrena en breve) después de verla en copia trucha, porque realmente gustó de la película. Conozco otros que sólo juran por los nombres conocidos y sacan sus entradas sin demasiado riesgo (no es una crítica, después de todo). Es decir, la piratería no parece restarle público a una película -salvo que sea mala- y, por otra parte, hay un grupo de cineastas y obras que tienen una fama que excede el mercado nacional y son buscadas, incluso si se las puede "conseguir" de alguna manera.

Me parece que, ante este panorama, el Festival (bueno, cualquier festival) debería de replantearse un poco su programación. Quizá sea bueno un aparato publicitario para lo más difícil de ver, para aquello a descubrir que resalte, justamente, aquello de visión excepcional. No se me ocurre bien cómo podría funcionar tal cosa, pero es evidente que los críticos tenemos allí un trabajo pendiente.

Y hablando de técnica: vi Copacabana -ya saben que me gusta- en una perfecta, gran, hermosa proyección en alta definición y mis resistencias respecto de lo digital en el cine se me fueron. Si realmente esa va a ser la definición en cuanto a formas y colores del cine que viene, no hay nada que temer. En todo caso, es más temible que la reducción de costos en que redundará tal tipo de proyección termine favoreciendo -como siempre- a la gran industria. Si los films pueden "transmitirse" desde la casa productora a la sala…¿Qué impide que cualquier cine "emita" un blockbuster? Sin embargo, ahí también hay un desafío, porque también el cine de menor presupuesto tiene una posibilidad de ser visto y de pelear espacios de modo igualitario. Incluso con ventaja: imagino que los derechos para proyectar El hombe araña 4 serán mucho mayores que los de hacerlo con, digamos, algunos de los futuros e inagotables films del centenario Manoel de Oliveira.

Y de paso, eso, Oliveira. Es el único cineasta en actividad que conoció el cine mudo, el paso del blanco y negro al color, el clasicismo y la vanguardia desde adentro. Ver Belle Toujours, siempre bella, que genera alegría e inteligencia (sí, genera inteligencia), es una manera de dejar asentado que el cine, el buen cine, atraviesa movimientos, tecnologías y modas. Un film tan nostálgico, moderno, nuevo y fresco del portugués de 98 años es una perfecta síntesis de una muestra tan ambiciosa como ésta.

10

de
Abril

Lo que pasa es lo que importa

El Bafici sigue siendo inabarcable. Uno pasa por los corredores del Abasto y todo eso y se encuentra con amigos y colegas. El saludo más frecuente es "¿Qué viste?", lo que implica la obligación de rescatar de la memoria algún título como para no quedar como un nabo a la deriva. Uno lo hace y lo que sigue es contar(se) algún chisme. O encontrar algún momento iluminador, algo que vaya más allá y más acá del cine.

Hay muchos, muchas cosas que no se pueden contar porque, claro, implican a otra persona o a algo demasiado privado. También hay otras cosas bastante interesantes que se pueden contar sin problemas o que, más bien, habría que contar. Aunque es antipático referir que fue medio feo que no dejaran entrar a tal o cual a un cóctel: después de todo, el trabajo de periodista o crítico es otra cosa. No vaya a ser que tuviera razón Aníbal Vinelli cuando, con ironía, decía a los críticos quejosos "es esto o trabajar". Eso sí: estas cosas pasan y son horribles.

Pero hay cosas para señalar que son por lo menos curiosas. La primera: en la apertura, Telerman, hombre que gusta de la palabra y las modula con su gala gola, no dijo ni mú. Y las pocas palabras fueron del director artístico Fernando Martín Peña, que agradeció con sobriedad y simplemente presentó el film de Sissako que abrió el Festival. Hay explicaciones de ineternas, de la pelea con el INCAA, etcétera. Pero el Bafici es, con mucho, el evento más importante que tiene el Gobierno de la Ciudad en el año y una bandera de cada administración. Que el señor calvo haya callado indica, quizá, que por fin el evento puede llegar a independizarse del humor político. Oremos.

Aunque, claro, el sábado vino Tom Waits. En realidad es medio tonto traer a alguien que tiene una relación fuerte pero lateral con el cine a hablar un rato, o traer a un músico que no canta. Más raro es que haya quedado demasiada gente afuera y que muchas celebrities hayan paseado sus rostros maquillados por la platea. Pero debe de ser cierto que son todos fans incondicionales: dicen que Mercedes Morán suele tararear temas de Swordfishtrombones en los sets de Amas de casa desesperadas. Así todo se justifica.

En una charla con cierto blogger llamado Samurai Jack, hablábamos de películas argentinas posibles para el futuro. Hablamos de cierto proyecto con Julio Chávez que él relata con más gracia. Pero se olvidó de mencionar otra idea que tenemos: un grupo de muchachotes de treinta y algo, uno de ellos director de cine; el film transcurre durante el Festival de Mar del Plata y consiste en estos señores sentados en una carpa de Punta Mogotes mirando pasar señoritas en tanga y quejándose porque no las pueden ni tocar. El título: Ciudad en Sunga. No, no entraría en el Bafici. Lo gracioso es que inmediatamente después de esta charla que pretendía burlarse del cine argentino reciente, fuimos a ver UPA, que se ríe del cine argentino reciente/independiente y que pasa de la comedia al psicodrama. Desgraciadamente, la parte "psicodrama" es bastante poco atractiva.

Por suerte también estuvimos en la charla del gigantesco D.A.Pennebaker, que debe de ser octogenario pero qué importa. Es el hombre que conoció a Dylan y, más que eso, que conoce el secreto del documental. Como Frederick Wiseman, no interviene en lo que muestra: está allí para registrar. Pero tiene algo así como un sexto sentido para encontrar siempre la posiciión de cámara pertinente de cada momento. Ahí estaba, explicando que a Hendrix le hicieron fama de mal pibe por lo que él registró para Monterrey Pop, pero que era más bien tranquilo. Ahí explicando que lo peor que puede hacer un documentalista es planificar, pensar de antemano en lo que va a hacer. Ahí, explicitando su desprecio por el trípode y lo central del montaje en su trabajo. En esos momentos, uno creía que el cine es fácil, que cualquiera puede hacer una obra maestra como Don’t Look Back o The War Room. Pero no: para eso hay que ser Pennebaker, o bien alguien como él. El enigma se resuelve más o menos con facilidad: uno filma porque lo necesita, porque tiene algo que mostrar, y lo hace de la mejor manera posible.

Más tarde vi Building a broken mousetrap, un film de Jem Cohen filmado "alla Pennebaker" que registra la actuación en vivo en Nueva York del grupo punk holandés The Ex. Lo interesante -véanla, no quiero adelantar demasiado- es qué día se realizó ese concierto. Y lo que supera ese interés es que allí también había algo que mostrar, algo que sin el registro de una cámara podía perderse para siempre y era una lástima y un crimen dejarlo pasar. La lección de Pennebaker, por lo visto, sigue siendo enormemente nutritiva. Y todo esto, amigos, está pasando en Buenos Aires.

7

de
Abril

Bafici: ¡Un gato con una pipa!

Si creían que me había olvidado de postear, sepan que ir y venir del Abasto o del malba o de la Lugones no es una tarea fácil. Y que además hay que acumular material e ir viendo cosas antes de meterse a escribir. Pero hoy, Sábado de Gloria (sí, una vez fui monaguillo) me tomo un descanso familiar y obligatorio. Aquí vamos con lo que pasa en el Bafici.

Documentales seguros
Es muy difícil que a uno no le interese a) un documental, b) un film de animación (hay poco este año en el segundo rubro). Los dos géneros, quizá por ser extremos, siempre nos conquistan. Del segundo, ya recomendé la retro Piotr Dumala y les repito la reco de Paprika (si quieren ver cómo es, hagan clic en "de aquí a Terra" y van a encontrar un trailer). Del primero, The Leader, The Driver and the Driver’s Wife (sobre unos buenos muchachos racistas sudafricanos que terminan siendo personajes de comedia), Jesus Camp (especial para Pascua: cómo los ultras estadounidenses adoctrinan religiosamente a chicos muy chiquitos; da mucho miedo), Radiant City (o cómo se vive en esos pueblitos artificiales del tipo El Joven Manos de Tijeras; cuidado con la vuelta de tuerca final), Who Needs Sleep? (sobre cómo Hollywood ignora cualquier tipo de legislación laboral, causando accidentes y muertes). Todas estas están garantizadas para el disfrute, la empatía y la discusión posterior. Imagino por lo poco que vi que Copacabana, de Martín Rejtman, también. Y de M, ya hablamos.

Yo me mareo, ¿y usted?
Sigo con mi cruzada "esto es demasiado". Sé perfectamente que es muy difícil que estas películas se vean otra vez en algún formato en este país que supo jactarse de tener un pueblo culto y hoy apenas tiene una burguesía mediocre que sabe leer los diarios y cree que "cultura" es Sabato, Norma Aleandro, Julio Bocca, Mercedes Sosa y Quino (a lo sumo Borges, pero a Borges lo disfruta la gente que tiene pasión por la cultura; el resto lo compra para emparejar mesas). Digo, ok, que haya muchas películas y, sí, entiendo que el perfil del Festival es huirle al mainstream como de la peste (me comentaron que por eso no está Black Book, de Verhoeven, pero se estrena). Pero falta un verdadero centro, un perfil, una identidad más allá de la -en este caso- saludable bulimia. Un mapa del festival, justamente: algo que sólo puede hacer un verdadero crítico de cine. En ese punto, este Festival comete un error.

Otro error es el Abasto en Semana Santa. Hay varios complejos multisala en la Capital que sólo son cines y que no tienen casas de ropas, paseos de compras, venta de electrodomésticos y otras yerbas. Con la cantidad de gente que va al Bafici, casi se puede apostar que sería un enorme negocio tener dedicado TODO un complejo multisalas al evento. El resto de las salas está bien, incluso la incorporación de una en Belgrano (que a los únicos que causa molestias es a los periodistas y críticos pero es una justa y correcta decisión para el público general).

La película que hay que ver
Lo diré en otra parte, pero ya que estamos. Se llama Princess Raccoon, es japonesa (aunque su protagonista, Zhang Ziyi, es china) y es un musical sobre un cuento que mezcla a Blancanieves en versión masculina con Romeo y Julieta en versión multireligiosa (elementos shintoístas, católicos y budistas en forma de leyenda y no de fe revelada). Pero, sobre todo, una manera de romper lo teatral gracias a la purísima imaginación. Muchas canciones que van del tango al gospel, de la opera-rock al gangsta rap, de Michel Legrand a Toru Takemitsu. Si les gustó El Sabor del Te, ésta es para ustedes. Y si no, también. Queda una función, pero seguro que va a haber más.

Y ahora sí, el gato con la pipa
Hay -creemos- varios cortos institucionales que en realidad son pequeños gags. Yo vi, hasta ahora, dos. Uno tremendamente malo de un cubo de peluche que, al ser abrazado, transforma a la gente en albina (mi puntaje: raíz cuadrada de menos uno, porque no esssissste). El otro está mejor: es un uno. Se trata de cuatro personajes que comen comida china, visten remeras coloridas, son -como diría un francés- décontractés. Se los escucha primero definir el tofu como un queso. Uno de ellos está abrazado a algo. Le preguntan qué es y afirma que no se los puede mostrar porque es el cuadro más triste del mundo. Los otros tres insisten, nuestro amigo lo da vuelta y vemos, sí, la imagen de un gato con sombrero bombín que tiene una pipa. Dos de los que lo miran lloran, otro no, preguntando qué pasa. La chica (única mujer del conjunto y muy graciosa) dice "¡Es un gato con una pipa!" llorando. Y después viene la placa con el mensaje: "Si no es para vos, no es para vos", mientras seguimos escuchando el "¡Es un gato con una pipa!".

No soy ingenuo y puedo entender que el mensaje podría ser "acá hay cine para todos, no te calientes si algo no te gusta". Pero creo que esto se relaciona con la falta de ese "mapa", y además con eso de que el crítico de cine no importa para nada, ver cine es una actividad individual y las opiniones no interesan. Y no, el cine es una actividad colectiva desde su factura hasta su disfrute. Es -y sobre todo un festival de cine- un disparador de actividad colectiva, comunitaria, de diferencias de opinión, de discusión y de ejercicio de la inteligencia ciudadana. Con cosas como esta, sigo pensando -cada vez más- que los creativos publicitarios creen en la "creatividad" y olvidan que "publicidad" tiene que ver con lo público. Sí, el llanto de la chica es gracioso.

La próxima, chismes.

3

de
Abril

Primeros días: gente a descubrir

En realidad el Bafici arranca hoy -martes- para los que tienen invitación oficial a los lindos actos con cócteles y todo eso. Para el resto del universo, el Festival comienza el miércoles. Es, como siempre, inabarcable y casi empacha.

Dijimos que esa era la única crítica que se le podía hacer al Festival: la superabundancia de oferta. Muchos dicen "qué tal si pasan menos películas más veces", pero allí hay un problema que tiene que ver con cuántas pasadas autorizan los productores de cada film y que, en varios casos, por cada una de ellas hay que pagar un "fee". Así que a veces no es posible tal cosa.

Aún así, el riesgo que corre el Bafici es el de perder su centro. Es tanto lo que hay para ver y tanto lo que hay para descubrir que seguramente mucho nos quede afuera. Como dijo un colega el año pasado, diez personas diferentes pueden cada una hacer un recorrido de 40 películas sin coincidir en ninguna y trazar un panorama diferente. En ese punto, la bulimia hace que se pierda la posibilidad de trazar un "mapa" del Festival. Sí, nos quejamos un poco "de llenos": la buena noticia es que hay muchísimo que descubrir.

Les tiro tres o cuatro nombres importantes. Uno es el de Luc Moullet. Moullet, que además viene a charlar la semana que viene, es un sobreviviente de la primera generación de los Cahiers y la Nouvelle Vague. La cuestión es que aquí poco y nada se conoce de sus películas, que son básicamente películas que apelan a lo cómico y la comedia. La retrospectiva que se le dedica es bastante amplia y permite conocerlo. Si se conocieran también algunos de sus textos críticos (a diferencia de Godard o Truffaut, nunca abandonó la profesión), tendríamos cartón lleno.

Otro seguramente lo conocen, es el de D.A. Pennebaker, que también viene. Junto con los Maysles, es uno de esos documentalistas estadounidenses muy cercanos al rock de los ‘70, aunque -a la manera de Frederick Wiseman, por ejemplo- no se ciñe exclusivamente a eso. También viene de charla, así que hay que aprovecharlo. Entre lo que se verá de él están Don’t Look Back, mítico doc sobre Dylan, Monterrey Pop (la versión "corta", no la que se editó hace un tiempo en DVD en los Estados Unidos) y Control Room, o la entretela de la campaña presidencial de Bill Clinton. Casi les diría que es más interesante Pennebaker que Tom Waits.

A éste no creo: Piotr Dumala, animador polaco. Sí, sí, ya sé que lo mío es monomaníaco, pero vale la pena de veras ver los cortos de este realizador rabiosamente independiente (ver, especialmente, Franz Kafka). Por lo demás, Dumala tiene la elegancia que muchos aficionados a la animación no tienen: elige la técnica en función de lo que está contando, lo que hace que cada film sea único y original.

Y de los experimentales, de esos que nunca nadie sabe nada pero ahí están, recomiendo la retro de Jem Cohen, alguien que tiene una sensibilidad muy especial para las imágenes y para la música y crea obras enormemente personales. He visto algunas breves y me parecen bellas y precisas. Creo que para muchos va a ser un gran descubrimiento.

Mañana la seguimos.

Report abuse Close
Am I a spambot? yes definately
http://elbigote.blog.terra.com.ar
 
 
 
Thank you Close

Tu denuncia ha sido enviada.

La misma será procesada para tomar las medidas correctas. Esperamos que continues participando y haciendo crecer al servicio de Terra Blog.