23
de
Abril
La seguridad del Hombre Araña

Aviso a todos: no me gusta hablar de los problemas personales ni particulares de mi profesión, pero creo que es bueno hacer una excepción. Y me gustan mucho las películas de El Hombre Araña, porque me gustan mucho -en general- las películas de Sam Raimi. Es de los pocos directores que han sabido ir conjugando un uso extensivo de las posibilidades tecnológicas del cine con personajes en los que uno se siente reflejado. ¿Ejemplo? La secuencia del ascensor en El Hombre Araña 2, la del tren con los neoyorquinos diciendo "no le vamos a contar a nadie", o el comiquísimo Bruce Campbell en la desaforada El Ejército de las Tinieblas. Sin embargo, y dado que hace mucho perdí la ansiedad por los estrenos (deformación profesional, que le dicen), no iré a la función privada de El Hombre Araña 3. Como consecuencia de ello, la crítica de la película saldrá recién el jueves mismo de estreno por la tarde.
No, no me evado de mi deber etcétera. Sólo que por una vez creo que hay que hacer un alto en el camino y cuestionar las medidas de seguridad impuestas por algunas distribuidoras para ciertas funciones de prensa. Para ver El Hombre Araña 3, los críticos y periodistas deben acreditarse especialmente (más o menos lógico), pasar por detectores de metales, abrir sus bolsos, y entregar en la puerta de la sala el celular.
El mío (no me gustan los celulares, aclaro, sólo lo tengo por obligación) apenas recibe y envía llamados y sms. Pero además, guarda -como cualquier celular de hoy- información privada. Sí, sí, me van a decir que lo puedo apagar y bloquear pero…supongamos que, por cuestiones personales, deba llevarlo siempre conmigo y encendido (y en vibración silenciosa: cuando recibo un llamado o mensaje, salgo de la sala). ¿Por qué, dadas esas circunstancias, debo dejárselo a un tercero? Dado que no quise hacerlo, no iré a la privada.
Esto se me cruza con el abuso de las salas en cuanto a seguridad, a no dejar pasar a alguien con un chocolatín comprado en un quiosco (hay que hacerlo a escondidas) o con una botellita de agua mineral que no se obtenga por el triple de precio en el maldito candy bar. ¿Hasta qué punto no es un abuso o un recorte de nuestras libertades (profesionales y personales) esta clase de medidas?
La excusa para la requisa de celulares es que alguna vez pescaron a alguien "filmando" una película. Imagino que debe de ser una copia de pésima calidad que, a lo sumo, habrá solucionado la ansiedad de alguien que, luego, debe haber pagado por ver el film en salas. Pero es lo de menos: lo que importa aquí no es tanto que yo, personalmente, no pueda entrar con mi celular, sino que alguien que no es el Estado y que no tiene ninguna autoridad sobre mi persona o mis pertenencias recurra a estas medidas que hasta se me antojan ilegales.
No es la primera vez que sucede. Algo similar sucedió en las privadas de Guerra de los mundos, Misión: Imposible III, King Kong, El Código Da Vinci, etcétera. Lo que me asusta es que nadie lo dice, nadie protesta, nadie se anima a parar la pelota. Temo que sea por miedo a perder pautas publicitarias o a sufrir represalias. Debería de ser lo menos importante: lo que está en juego es un principio de libertades públicas. Y que sólo el Estado tiene poder de policía.
Bien, esa es la explicación. Por supuesto que elevé mi protesta y expliqué mi postura ante quienes corresponde, pero no hubo caso. Así que decliné acreditarme e ir a una función privada. Lo volveré a hacer cada vez que algo así ocurra. ¿Será una exageración? Espero que no.






