31
de
Julio
El moderno

Seguramente mañana -otra vez- van a ver recuerdos y obituarios por la muerte de Michelangelo Antonioni. Es muy raro que muera el mismo día -con horas de diferencia- que Bergman, porque son dos de los tres o cuatro nombres que marcaron el cine moderno. Para continuar con la serie de confesiones, tampoco Antonioni es un realizador que despierte en mí pasiones, aunque por sus temas y sus formas me "gusta" un poco más. Una cosa que olvidé decir respecto de Bergman y que es también un valor para Antonioni es que ambos intentaron -y muchas veces lograron- ampliar el campo temático del cine hacia cosas más adultas, hacia lugares donde el cine no se animaba a meterse. Por eso, también, mis respetos.
Ahora habrá que hablar un poco de Antonioni. Para mí, con Godard, Bergman y Cassavetes, es un icono de la renovación temática y formal en el cine. Godard incluyó la reflexión sobre el propio cine y sus límites, Bergman introdujo la filosofía y el ensayo desde la ficción, Cassavetes rompió con la cámara fija y las actuaciones controladas para incluir un realismo crudo y lírico a la vez, alejado de la corrección canónica. Y Antonioni renovó definitivamente la manera de narrar en el cine. Ya no era necesario optar por la estructura "principio-desarrollo-final" que el cine heredó (a veces para mal) de la novela del siglo XIX. Antonioni intentaba (que lo lograse es otra cosa) construir sus films a partir de lo que le pasaba "dentro" a sus criaturas.
Pero a diferencia de Bergman, con quien comparte la búsqueda psicológica, no ponía a dialogar a sus personajes. O más bien: el diálogo de sus personajes estaba en constante contrapunto con el entorno. De allí que fuera -como sigue siendo para muchos- el "cineasta de la incomunicación". No porque sus personajes no hablaran, sino porque no tenían, en un mundo constantemente infectado de ruidos e imágenes, de símbolos de status y de sensualidades descartables, cómo decir lo que realmente les pasaba. No otra cosa es lo que le sucede a Mónica Vitti -uno de los rostros más bellos del cine, mérito de Antonioni el hacerlo universal- sucesivamente en La aventura, La noche, El eclipse y El desierto rojo, una de las películas con mejor uso dramático del color en la historia.
Sin embargo, no todas son rosas -o toda rosa tiene espinas-. Hay también en Antonioni una necesidad de que las imágenes cierren por sí mismas. Y es en ese punto donde también se conecta con Bergman. Tanto en la obra del sueco como en la del italiano, sucede que una secuencia o imagen termina, dentro del propio film, siendo más una repetición redundante de una idea que una variación sobre un tema original. De allí que, después de ese cuarteto de films (con picos en El Desierto… y valle en la más que explicativa La aventura -véanla nuevamente: para mí no envejeció nada bien) sólo Blow Up (que vale también como un signo de los tiempos) y la poderosa actuación de Jack Nicholson en El pasajero -más el plano secuencia final- nos digan algo.
Porque sí, Antonioni fue en gran medida un cineasta anclado en una época. Un crítico de la burguesía, pero una burguesía industrial que ya no existe. Lo que era interesante como reflexión sobre la Italia que parecía haber olvidado, nueva rica, los sufrimientos bajo Il Duce hoy carece de peso. Otro problema: Antonioni (sus últimos films como Más allá de las nubes o su fragmento de Eros son pruebas) dejó de tener algo que mostrar con sus largos planos secuencia. Después de El Pasajero, todo parece irremediablemente televisivo, repetido, estetizante sin que la forma se refleje en algo más que en una imagen bonita. Su obra influyó mucho en la manera como la publicidad mostraba lo contemporáneo: en las últimas décadas (está bien, sufrió una parálisis y durante 14 años no filmó, pero si eso impide criticar una película podríamos decir que Buñuel era sordo y Ford, tuerto), parece que la públicidad hubiera sido el molde sobre el que creaba sus films.
Quedan, claro, todas las películas que mencionamos y algunas más. Quedan La dama sin camelias, Las amigas, los fastos rockeros/experimentales de Zabriskie Point, varias mujeres hermosas moviéndose en sus films (era un gran retratista -no siempre un gran director- de mujeres). Y queda un cineasta al que habría que discutir. Después de todo, el arte no es nada definitivo.
PD: Y esperemos que mañana no le toque a Godard…




