El BigoBlog

30

de
Agosto

Et you, tube?

Renuncié a Cablevisión. Así nomás: pedí la baja porque estoy harto de que me suban de precio por que sí, de que sea un monopolio (Multicanal, CV y DirecTV son todos del mismo musical grupo de medios), de que me hayan facturado durante meses una promoción gratuita, de tener que pelearme millones de veces por teléfono y de que la programación sea cada vez más pobre y cada vez más llena de publicidad. ¿No es que pagamos para que no haya propagandas, digo yo? Y menos mal que no soy de ver fútbol. Bueno, nada: se acabó para mí. Y también cambié de proveedor de Internet.

Lo que, como todos ustedes podrán intuir, genera un síndrome de abstinencia. Afortunadamente tengo una videoteca grande. Pero como no me alcanza, empecé a buscar sucedáneos a la tele. Sí, claro: descubrir YouTube ahora es como inventar el paraguas y no es mi intención. Pero en este posteo quería avisar que no sólo se ven allí videos de gorditos bailando temas kitsch ni nerdadas por el estilo, sino también grandes cosas para educarse cinematográficamente.

Buscando material de Alain Resnais, digamos, uno encuentra en siete partes la monumental, desoladora, tremenda Noche y Niebla. Subtitulada en castellano, para más datos. También pueden encontrar una secuencia (en dos partes) sustancial de Hiroshima, Mon Amour.

Para los que siguen discutiendo la infantilidad del cine de animación, pueden buscar las palabras "Betty Boop" y encontrarse con muchos cortos completos. Pero busquen especialmente Minnie, The Moocher y Snow White (ambos con música de Cab Calloway), Just a Gigoló -sí, si, esa canción en la versión original de los años 30, por Irene Bordoni) y cuidado porque envicia.

Er… me acordé: dado que viene el ciclo Kaurismaki en la Lugones (no falten), pueden ver a los Leningrad Cowboys haciendo Just a Gigoló. De hecho, pueden ver a medio mundo (Louis Prima y David Lee Roth incluidos) haciendo la mentada canción.

En otro momento, buscaba material sobre la Segunda Guerra Mundial ("es la mejor de todas", diría Phil Hartmann en Pequeños Guerreros). Y me encuentro con las imágenes de la batalla de Midway que registró John Ford. Que son extraordinarias.

Y en otro momento, antes de que me regalaran la edición estadounidense en DVD, quería volver a ver esa obra maestra del musical llamada Fantasma en el Paraíso. Bueno, está en-te-ra (en partes, pero qué importa). Pongan "Phantom on the Paradise".

Y pongan Fast Film y vean todas las películas del mundo al mismo tiempo. Es un corto realizado con fotocopias de fotogramas (perdón por la homofonía) por el austriaco Virgil Widrich hace un par de años. Dura 14 minutos pero van a verlo todo. El protagonista es Bogart, y Cary Grant, y Sean Connery y John Wayne, ella es Lauren Bacall y Grace Kelly y Hedy Lamarr y Tippi Hedren. Aparición especial de todo el mundo, de Godzilla a Buster Keaton y de Audrey Hepburn a Gloria Swanson.

A mí, que me gusta mucho John Carpenter, me resultó especialmente interesante un documental/entrevista al hombre que regaló Halloween al mundo. Está en seis partes. También hay una vieja mesa redonda donde Carpenter habla con John Landis y David Cronenberg del arte de asustar a la gente.

Por supuesto, muchos de estos videos requieren que uno maneje inglés (Fantasma… tiene títulos en francés), pero igual, incluso si uno no entiende bien qué se dice, valen la pena. Y de allí, con la misma fragmentación que nos dio la TV como hábito, podemos empezar a saltar y buscar cosas de acuerdo con lo último que vimos. No, no es la panacea, pero es más que bueno sentir que, por un rato, uno es dueño completo de la programación televisiva.

El truco de YouTube (y otros sitios similares, anche el buscador de videos de Google) es que uno busca, justamente. Que tiene que poner un título, un nombre, pedir algo, tener un deseo. Y que los videos terminan y uno puede elegir si quiere más o no. La TV nos da esa cosa de continuo espacio temporal donde nada se termina y nos causa la inercia de no querer cambiar de canal, o de hacer zapping pidiéndole vaya uno a saber qué cosa a la pantalla. Por eso, quizá sea interesante pasarse a estos servicios. Que, además y por ahora -conexión mediante- son gratis. Y de paso nos obligan a ejercer nuestra capacidad de elección. ¿Caja boba? Para nada.

23

de
Agosto

No me fumes, nene

La corrección política se está tornando algo bastante monstruoso. Bueno, sí, ya era bastante monstruosa esa cosa de decir "afroamericano" en lugar de "negro" (¿acaso un hijo estadounidense de marroquíes, con tez aceitunada, no sería también "afroamericano"? ¿Habría que llamarlo "norafroamericano"? ¿Y un brasileño no es americano también? ¿Y un negro brasileño no sería, también, un "afroamericano"? ¿Y yo soy "italoamericano" o "suditalosudamericano", dado que los D’Espósito son de Nápoles y nací en Caballito?). En realidad, toda esa ensalada de denominaciones lo que hace no es integrar a las personas sin calificarlas por origen étnico, lugar de nacimiento o religión de origen, sino, al separarla en compartimentos, discriminarla cada vez más. Para mí, la corrección política no es otra cosa más que el disfraz de la intolerancia y el fascismo.

Hace un tiempo, se descubrió que el cigarrillo hace mal. Sé que los sorprende tal información y espero que me crean porque dicen que hay evidencia científica que respalda el asunto. Sí, el cigarrillo hace mal. Parece incluso que Humprey Bogart, Ingrid Bergman, Audrey Hepburn, Dean Martin y algunos otros murieron por las complicaciones que traía ese cilindrito tan aparentemente inocuo. También es cierto que, por muy peligroso que sea, su venta y consumo son legales en todo el mundo. Bueno, no "rigurosamente" en todo el mundo, pero nadie lleva preso a nadie por fumar en la calle. Por ahora.

En otros tiempos, cuando el fumar no sólo no era perjudicial para la salud sino también un pingüe negocio, en todas las películas se fumaba. Eso fue hasta que las tabacaleras estadounidenses se dieron cuenta de que pagar juicios entablados por gente con cáncer por fumar les quitaba toda ganancia: fue entonces cuando las restricciones al fumador y la apelación a la salud pública (incluyendo la publicidad de la piba en motoneta que chupa chicles antitabaco, colmo de la idiotez) se hicieron universales.

Hace unos meses, la empresa Time-Warner (uno de los mayores conglomerados/oligopolios de medios del mundo conocido) anunció que iba a quitar las alusiones al tabaco de los dibujos de Tom y Jerry (como ya habían quitado esas imágenes en las que, por quemazón, gato o ratón aparecían como negros con rulos y labios gruesos y todo: una imbecilidad universal, ver más arriba). Con lo cual lo que estos films tienen también de documentos de su tiempo se esfuma. Como humo, esto es. Es como cortar a los enanos de Las Meninas porque eran divertimento de la corte y eso atenta contra los pequeñoamericanos o como se les diga.

La Disney (uno de los mayores etcétera etcétera) decidió que, desde ahora, va a evitar que en sus películas y programas de tv para la familia se fume. Y también que pensaban en o bien editar las escenas de cigarrillo de los films que han producido o poner una fuerte advertencia contra tan pernicioso hábito.

¿Se imaginan a Cruella de Vil con un pancho en la mano? ¿Y la magistral escena de Pinocho donde fuma un cigarro (una de las secuencias, dicho sea de paso, más terroríficas del cine) con el coñemu jugando con un chupetín Bola Loca? Y ni hablar de la oruga de Alicia: ése encima tenía un narguile y después salía volando… a mí que no me digan que eso era tabaco…

Si la moda se expande, TCM se va a transformar en algo así como MTV, porque las películas clásicas van a quedar reducidas a clips de cinco minutos o menos. Y después seguro vendrán por el alcohol, y finalmente por cualquier manifestación de cariño heterosexual (homosexuales en el cine clásico no hay, pero quizá también eliminen los apretones de mano de John Wayne con cualquier otro cowboy).

Lo raro es que un país eminentemente cristiano como los Estados Unidos aún conserva en gran parte de su territorio la pena de muerte. ¿Contradictorio? Para nada: ya vendrán a poner en la silla eléctrica el cartelito de "cuidado: sentarse aquí podría ser perjudicial para su salud".

Salgo a fumar y vuelvo.

17

de
Agosto

La resistencia

Dado que venimos quejándonos siempre de que no hay nada para ver, de que los estrenos son una porquería, de que ocupan las salas a lo animal, etcétera, también es hora de decir que hay focos de resistencia ante la creciente invasión de películas que se escapan de la memoria de manera instantánea.

Todos saben ya que la Lugones y el malba son buenos lugares donde ver lo que no se ve en ninguna parte. En la primera, además del festival de Derechos Humanos de estos días, después tenemos una buena muestra de films inéditos en la Argentina elegidos por el director de los Cahiers du Cinéma (algo así como la referencia en la crítica de cine internacional, la revista de la que salieron Godard y Truffaut, digamos). Son buenas de veras.

Después tenemos ni más ni menos el ciclo de clásicos en buenas copias del malba ("Clásicos de estreno"). En este mes hay una cantidad impresionante de películas de esas verdaderamente grandes, como Brindes de amor y La legión invencible (dos de mis películas favoritas de todos los tiempos, claro). Las copias no están realmente "restauradas" en el sentido en el que se le da al término en Europa o los Estados Unidos, pero sí están limpiadas y tratadas de modo tal que pueden verse sin que uno sienta que delante de los ojos tiene carne picada. Y eso permite multiplicar el placer del cine. No se pierdan la programación, que está acá.

Lo mejor que pueden hacer después del malba o la Lugones es ir a tomar un café con algún o algunos desconocidos/conocidos y a charlar de lo que acaban de ver. Yo tengo una hipótesis: el perfeccionamiento constante de los sistemas de video, el crecimiento de Internet, la bajada de archivos, la potencia de los televisores y los parlantes nos están aislando y destruyendo el gusto.

Porque el cine es de alguna manera una experiencia colectiva. Pero al encerrarnos en casa a ver pantallas solos perdemos la noción del "otro". Y que por ahí, en una de esas, el "otro" tiene alguna información que nosotros no, vio alguna película que podemos descubrir, tiene una idea que puede jugar con las nuestras. Hablamos de Antonioni y Bergman y yo aseguré que no eran grandes santos de mi devoción. También -esto lo digo ahora- que había mucha "pose" en eso de que a uno le gustaran (yo me pregunto cuántos de los bergmanianos de ley de los 60 y 70 hoy volverían a ver sus películas). Pero es indudable que la discusión y la charla alrededor de esas películas y de otras hacía que la vida cultural, la vida cívica valiera la pena ser vivida. La charla, la discusión, el conocer a otro, enriquecían. Hoy, por el contrario, todo se empobrece desde el gueto que nos autoimponemos tecnología mediante. Esto no es democracia: el cine sí.

Una cosa que me llama la atención a la hora de discutir las "bajadas" de Internet es que, en gran medida, la gente tiende a bajar los films más recientes. Los mira, los tira y quizá también los ve en el cine. No es en realidad una democratización cultural y no, no ha ayudado a que públicos diversos conozcan cine diverso sino -otra vez- a calmar la ansiedad de ver "antes que nadie" lo que, después de todo, va a terminar viendo todo el mundo. De alguna manera, es la propia publicidad alrededor de un evento fílmico el que crea la ansiedad; la bajada acelerada del último blockbuster, por consiguiente, es también una manera de promoción.

Pero es diferente la cuestión cuando uno busca foros de discusión sobre cines periféricos (hoy cualquier cine que no sea de Hollywood lo es…), sobre clásicos, sobre políticas en el cine o cine político. Sobre géneros, sobre realizadores. Hay tan poco como en los cines. Sin embargo también hay resistentes.

Por eso: basta de quejarnos. Empecemos definitivamente a movernos hacia una nueva democratización del cine aprovechando los lugares de resistencia, rehusándonos a alquilar en el blockomosellame el último lanzamiento y optando por los clásicos o pedir esas películas que están en el mercado y nunca tienen. O publicar blogs diciendo qué es lo bueno que tiene el cine. Y, sobre todo, charlar e informar, llamar la atención sobre lo que se puede ver y encontrar. Movilizar, qué tanto, una palabra que, apropiada por demagogos, perdió fama y fuerza.

Movilizar es, también, hacer que las neuronas se disparen a lugares nuevos, a que la imaginación fructifique. A que la vida valga la pena ser vivida. ¿Será mucho pedir? Como dicen en South Park: La película…

…Vive la Résistance!

8

de
Agosto

Festivalandia

Se nombró al nuevo director del Festival de Mar del Plata. Se trata de José Martínez Suárez, un histórico del cine argentino que tiene más de un buen film en su haber. Agradezco al hermano de Mirtha Legrand que nos haya dado films como El Crack, Dar la cara, Los muchachos de antes no usaban arsénico y Noches sin lunas ni soles, de lo mejorcito de nuestra filmografía.

Sin embargo, no sé -y esto habrá que verlo en la cancha- si es la mejor elección. Mar del Plata ha sido, desde su reinvención durante el menemato, un problema para el INCAA. Recién en los últimos años, gracias a que Miguel Pereira supo encontrar programadores con buen ojo, se puede decir que tiene una identidad y que representa la oportunidad de ver un puñado de lo mejor que pulula por el circuito de festivales. También que la Competencia creció de lo intrascendente a lo interesante.

Pero las ideas de Martínez Suárez respecto del cine y la inclinación a lo demasiado artesano y a lo demasiado costumbrista (entre sus alumnos -es docente de cine desde hace décadas- se encuentran Juan José Campanella y Hernán Gaffet) me despiertan algunas dudas sobre la futura selección. De todas maneras, el hombre tendrá más de un año para ponerse a trabajar, dado que se supone que el próximo Mar del Plata será en noviembre de 2008. La gran pregunta es si nombres como Apitchapong Weerasethakul, Johnny To o Phillippe Garrel, o films radicales como Honor de Cavallería seguirán formando parte de la muestra. Es mi único temor ante el nombre.

Mientras tanto, se anuncia que sí, que se hace nomás el Festival de San Luis, con una inversión millonaria y la dirección de Julio Márbiz. No, no Mahárbiz, sino Márbiz, la "h" nuevamente desaparecida en acción. Dados los magros resultados que, hasta ahora, ha mostrado ese intento poco definido de San Luis Cine, cabe preguntarse qué pasará con esta muestra. Y cabe preguntarse también, y con verdadero afán cívico, qué sentido tiene un Festival de las características que se anuncian. San Luis sigue siendo un misterio de la política y los dineros públicos.

Y queda por saber qué pasará con el Bafici. Algo sí pasó: a muchos de quienes trabajaban contratados en la muestra se los pasó a planta permanente con una sensible reducción de salarios. Hasta ahora, las autoridades electas no han dicho nada en público acerca de la continuidad de un evento que hace mucho y bueno por la Ciudad. Sí, sí…a muchos les cae mal cierto "público" del Bafici; pero no hay ninguna duda de que la muestra ayudó a poner a Buenos Aires en el mapa cultural mundial, hace que se mantenga el interés internacional en nuestro cine más arriesgado y, además, genera recursos económicos importantes, además de ser uno de los pocos ámbitos de discusión cultural que nos quedan.

Ustedes se preguntarán por qué la preocupación por tales eventos. La respuesta es que el cine es una ventana del país al mundo y del mundo al país. Y los festivales, con sus aciertos y sus errores, permiten ampliar la mirada de una manera que ayuda a mantener el ejercicio de la inteligencia ante la avalancha de productos que se olvidan a los pocos segundos de abandonar la sala. Pero también han sido -¿son?- rehenes políticos, lugares de negociación de subsidios, favores, demostraciones demagógicas (es tan demagógico lanzar en ellos una fórmula partidaria como decir que es obsceno tener un festival de cine cuando hay que darle plata a los hospitales). Todos estos movimientos demuestran que todavía hay una enorme falta de conciencia respecto de qué rol juegan las imágenes (propias y ajenas) en la construcción de una identidad y en el enriquecimiento de los ciudadanos.

Por eso es bueno comentar, estar alertas, criticar si hace falta, y prender la luz, si no roja, por lo menos amarilla.

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