La corrección política se está tornando algo bastante monstruoso. Bueno, sí, ya era bastante monstruosa esa cosa de decir "afroamericano" en lugar de "negro" (¿acaso un hijo estadounidense de marroquíes, con tez aceitunada, no sería también "afroamericano"? ¿Habría que llamarlo "norafroamericano"? ¿Y un brasileño no es americano también? ¿Y un negro brasileño no sería, también, un "afroamericano"? ¿Y yo soy "italoamericano" o "suditalosudamericano", dado que los D'Espósito son de Nápoles y nací en Caballito?). En realidad, toda esa ensalada de denominaciones lo que hace no es integrar a las personas sin calificarlas por origen étnico, lugar de nacimiento o religión de origen, sino, al separarla en compartimentos, discriminarla cada vez más. Para mí,
la corrección política no es otra cosa más que el disfraz de la intolerancia y el fascismo.
Hace un tiempo, se descubrió que el cigarrillo hace mal. Sé que los sorprende tal información y espero que me crean porque dicen que hay evidencia científica que respalda el asunto. Sí, el cigarrillo hace mal. Parece incluso que Humprey Bogart, Ingrid Bergman, Audrey Hepburn, Dean Martin y algunos otros murieron por las complicaciones que traía ese cilindrito tan aparentemente inocuo. También es cierto que, por muy peligroso que sea,
su venta y consumo son legales en todo el mundo. Bueno, no "rigurosamente" en todo el mundo, pero nadie lleva preso a nadie por fumar en la calle. Por ahora.
En otros tiempos, cuando el fumar no sólo no era perjudicial para la salud sino también un pingüe negocio, en todas las películas se fumaba. Eso fue hasta que
las tabacaleras estadounidenses se dieron cuenta de que pagar juicios entablados por gente con cáncer por fumar les quitaba toda ganancia: fue entonces cuando las restricciones al fumador y la apelación a la salud pública (incluyendo la publicidad de la piba en motoneta que chupa chicles antitabaco, colmo de la idiotez) se hicieron universales.
Hace unos meses, la empresa Time-Warner (uno de los mayores conglomerados/oligopolios de medios del mundo conocido) anunció que iba a quitar las alusiones al tabaco de los dibujos de Tom y Jerry (como ya habían quitado esas imágenes en las que, por quemazón, gato o ratón aparecían como negros con rulos y labios gruesos y todo: una imbecilidad universal, ver más arriba). Con lo cual lo que estos films tienen también de documentos de su tiempo se esfuma. Como humo, esto es. Es como
cortar a los enanos de Las Meninas porque eran divertimento de la corte y eso atenta contra los pequeñoamericanos o como se les diga.
La Disney (uno de los mayores etcétera etcétera) decidió que, desde ahora, va a evitar que en sus películas y programas de tv para la familia se fume. Y también que pensaban en o bien editar las escenas de cigarrillo de los films que han producido o poner una fuerte advertencia contra tan pernicioso hábito.
¿Se imaginan a Cruella de Vil con un pancho en la mano? ¿Y la magistral escena de Pinocho donde fuma un cigarro (una de las secuencias, dicho sea de paso, más terroríficas del cine) con el coñemu jugando con un chupetín Bola Loca? Y ni hablar de la oruga de Alicia: ése encima tenía un narguile y después salía volando... a mí que no me digan que eso era tabaco...
Si la moda se expande,
TCM se va a transformar en algo así como MTV, porque las películas clásicas van a quedar reducidas a clips de cinco minutos o menos. Y después seguro vendrán por el alcohol, y finalmente por cualquier manifestación de cariño heterosexual (homosexuales en el cine clásico no hay, pero quizá también eliminen los apretones de mano de John Wayne con cualquier otro cowboy).
Lo raro es que un país eminentemente cristiano como los Estados Unidos aún conserva en gran parte de su territorio la pena de muerte. ¿Contradictorio? Para nada: ya vendrán a poner en la silla eléctrica el cartelito de "
cuidado: sentarse aquí podría ser perjudicial para su salud".
Salgo a fumar y vuelvo.