03.12.07
The Police
Amigos:
Pido disculpas por ocupar este espacio de cine con un texto sobre música. Resulta que en la adolescencia fui fan de The Police (mis fanatismos eran medio raros en música: Leonard Bernstein, The Police, Yes, Beatles, Zeppelin, Charly García, Mercedes Sosa, los Blues Brothers, Aretha Franklin y The Clash; por eso soy crítico de cine) y me invitaron a ver el recital del domingo. Apelando a la impunidad del blogger, pedí escribir algo al respecto y aquí está. Pueden decir lo que quieran.
En el segundo concierto River no estaba a pleno. No como, por ejemplo, a fines de 1987, cuando el propio Sting inauguró la era de los megaconciertos en la Argentina. Había menos gente que en los shows de los Stones o de Soda Stereo. De todas maneras, el clima era de muchedumbre.
Muchedumbre amable, sin posibilidad de riesgos, corridas o roturas. Muchedumbre sonriente dispuesta a pagar 10 pesos la caja de galletitas saladas, seis el agua mineral de medio litro y cinco la coca (la coca es más barata porque da más sed de la que quita). En la popular de River había, por lo menos, 50 centímetros a cada lado de cualquiera que se parase a bailar o aplaudir cada tema.
Que no eran todos: una parte importante del público gozó el recital reconcentradísima, mirando los enormes plasmas y los extraordinarios juegos de luces a través de la pantalla del celular mientras grababan en pequeños microvideos de calidad ínfima el histórico hecho. Lo que es el progreso.
Algo curioso: el público de por lo menos el segundo de los recitales de The Police incluia no pocos niños (algunos de pecho), preadolescentes y adolescentes, todos acompañados por alguien que bordeaba, rodeaba o pasaba los 40. Y sí: alguien tenía que saber las letras o dónde iban colocados los "Ieeeee-ieee iooooo" de The Other Way of Stopping, clásico disparador de griterío de la banda. Que, claro, es ni más ni menos una banda de hits: como dijo una vez Roberto Petinatto, la mayor influencia que ejerció The Police en la Argentina fue que los disc-jockeys de las radios comenzaran a tener buen gusto (en los 80, aclaremos: hoy en una misma radio con nombre de padre del dibujo animado se puede escuchar en seguidilla a Ricardo Arjona, los Rolling Stones y Maroon 5 sin que nadie pida disculpas).
Bien, es lo de menos el hoy, porque el recital de The Police obliga a ser testigo del ayer. O de que los tres teñidos-de-rubio tienen algo parecido a la máquina del tiempo, o que con dinero uno se mantiene mejor, algo así. Lo cierto es que eran sólo tres personas en el escenario y sonaron como doscientas. También que tocaron todo lo que debían tocar sin marrar una nota ni cometer la indecencia de envejecer en el escenario. Y también que son músicos de verdad.
Sting es Sting, el mismo Sting al que la revista Humor, en 1980, calificó de "un poco demagógico". Sting es un rocker profesional (Johnny Lydon alguna vez Rotten dijo de él que no era un músico "nine to five" pero que iba camino a eso: no se equivocó demasiado) y sabe cuándo pedir que lo sigan en el canto y cuándo no insistir, cuándo sonreír y decir con la mirada "jé, acá tienen ese hit que estaban buscando".
Sabe, también, que la empatía tiene un límite. Y que es un recital de The Police, no de Sting: tocó el bajo con la precisión acostumbrada y permitió el lucimiento de sus partners. ¿Que no llega a los agudos que adornaban los primeros discos de la banda? Es lo de menos: quien haya visto ese clásico de los boliches de los 80 que fue el concierto final de The Police (ah, el VHS repetido con el muchacho bailando Wrapped Around Your Finger en porro...) sabrá que ya no "llegaba" en esa época.
Lo que no le impidió sostener impecablemente la voz en ese casi himno que es Synchronicity II o alcanzar la cota rompegargantas del puente de Every Breath you Take. Oficio, le llaman, y estado físico impecable.
Lo de Stewart Copeland fue enorme: demostró por qué fue uno de los primeros bateristas en salir a buscar otra cosa además del beat perfecto para una banda de rock. De allí la obsesión por conseguir sonidos y construir con ellos, lo que quedó perfectamente plasmado en ese experimento personal que fue The Rhytmatist o en la banda de sonido de La Ley de la Calle.
El baterista veloz y a veces rupturista se dio la mano en River con el melodista de la percusión, haciendo olvidar las capas de sintetizador que envolvían los tracks de Ghost in the Machine o Synchronicity. Temas como Wrapped around your finger o Walking in your footsteps (dos de los por lo menos ocho hits de Synchronicity) sonaban, gracias a los juegos percusivos de Mr. Stewart, como en el disco: prueba para el oído mal entrenado de que The Police siempre fue un verdadero trío y no Sting más dos.
El que no sonó como en ningún disco (bueno, quizás en Outlandos d'amour) fue Andy Summers. En The Police, Summers buscó siempre un sonido climático, solos hechos de acordes o capas de acordes que se acoplaban más tarde en la producción (no debe de haber disco más difícil de presentar en vivo que Ghost in the Machine). Había, cada tanto, algún solo visceral, antimelódico, anguloso. En su trabajo solista -escuchar por ejemplo su álbum XYZ- sigue esa deriva hacia un jazz climático. Pero el Andy Summers que aparece en este Police es otro, más cerca de Jimi Hendrix que de Pat Metheny, si se disculpa el símil.
Si en el escenario había un rocker, era Andy Summers. Solos asesinos, guitarra veloz: The Police fue la new wave, The Police creó uno de los mejores discos pop de la historia (varios de los mejores, pero también Synchronicity). Y gracias a Andy Summers, The Police hoy, en el escenario, es una banda de rock.
Nadie puede quejarse del repertorio. No faltó ningún hit, básicamente: la Enciclopedia Ilustrada The Police sin fallas. Por lo demás: ¿quién se atrevería a pedir que cambiasen, digamos, Roxanne por Spirits in the Material World o Message in a Bottle por Rehumanize Yourself?
Sabiamente, varias de las canciones que Sting versionó como solista (Bring on the Night, Shadows in the Rain, Demolition Man, Too Much Information, One World-Not Three, siguen hits) no figuraron en la lista. Quizás sí sea sorpresiva la aparición de Truth Hits Everybody, de Outlandos... (es como poner, digamos, Canary in a Coalmine de Zenyatta...), pero de lo demás, nada. Lo que en estos casos está muy bien: The Police no es una banda que revolucione la música actualmente, sino una con historia. Y la selección de 19 temas demuestra que es una de las historias grandes del rock y el pop.
Entre esas 19 canciones, las hay geniales (¿quién puede decir que Every Brteah you Take NO es una de las más perfectas canciones pop de la historia? ¿Quién le puede negar a Roxanne el lugar de hiperclásico al lado de -y sin desmerecerse ante- She's Living Home o Brown Sugar? ¿Quién no considerar que la melodía de Every Little Thing She Does Is Magic está a la par de la de cualquiera creada por Elton John o Paul MacCartney?). Las hay hiteras también. Y las hay perfectas y hiteras: esas que se definen como un verdadero pedazo de historia de la cultura popular. Esas que sabemos todos.
Bien, eso es lo que The Police puede ofrecer. La puesta de luces del show -perfecta también, con las pantallas de alta definición más increíbles que se han visto en estos pagos- jugaba con eso, con las tapas y los colores de cada disco envolviendo cada tema, con algún que otro clip de niños con hambre (Invisible Sun, más cerca del blues que del reggae industrial -si cabe la definición- que aparentaba ser en Ghost in the Machine) y, al final, unas cuántas fotos de aquellos policías de fines de los 70 y principios de los 80.
Cosa rara: quien esto escribe hacía por lo menos 15 años que no escuchaba un solo disco de The Police tras haber sido fan irredimible. Pero ante cada par de acordes, le salía toda la letra completa de cada canción. Eso sí: no podía moverme como en 1983. Lo malo es que ellos, en el escenario, sí. Malditos.
¿Ofrecieron entonces nostalgia? No: hicieron lo mejor que pueden hacer, música en vivo con potencia, alegría y felicidad. Ninguna novedad: cualquiera que haya estado en River sabe que eso es todo lo que hay y habrá de The Police, que la historia de The Police es algo terminado y que es agradable que nos paseen en vivo por ella sus mismos protagonistas. The Police no ofrece futuro y, por suerte, no mostró pasado en decadencia: es un simple y enorme presente histórico, ni más ni menos.
La salida de la cancha, sin incidentes.
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Creado por El Bigote
17:02:46