30
de
Enero
Una lección de cine

Se estrena Brigada Explosiva 3, Misión Pirata. En 1986, yo tenía 18 años y, aunque cinéfilo bastante más irreductible que ahora (era un fanático del Ángel Faretta que publicaba en Fierro y sólo juraba por Hitchcock, Coppola o Carpenter), también tenía un grupo de amigos del barrio con quienes íbamos a ver cualquier cosa si justificaba quizás concer alguna chica. O divertirnos juntos. Así vi con ellos cosas como Seguridad Personal, Los Rompecocos, Correccional de Mujeres y, claro, ambas Brigadas Explosivas, que yo odiaba particularmente -con Los Rompecocos- porque, como decía el finado Aníbal Vinelli, "a mí siempre me gustó la comedia".
Esta esquizofrenia ochentosa -en 1986, uno podía escuchar saliendo de las disquerías Corazón Clandestino, de Páez, al Indio Solari haciendo el "Nolosoñññññeeeeeeeeeeeeeee eeee eeee eee" de Jijiji y, claro, Dáme una Alegría, por Las Primas- me llevó a buscar de cada mala experiencia lo bueno. Así, descubrí que ver pésimas películas sirve para saber cuáles son las buenas (hagan la prueba recordando en paralelo Dáme una alegría y Jijiji). Por eso, y ante el estreno, 21 años más tarde, de una tercera entrega de Brigada Zeta o Explosiva, quiero homenajear mi adolescencia diciendo que sí, el film de Rodolfo Ledo es una lección de cine. Si uno no aprende con ésto, no aprende más:
1) Cuando uno ve que dos señoritas que tienen que contestar al mismo tiempo se desfasan, queda mal y la escena está en la película, uno en lugar de pensar qué lindas señoritas en qué hermosas playas, piensa en cómo alguien metió esta escena en el montaje y no pidió una retoma. O sea, el pacto con el espectador se rompe y ustedes NO creen lo que hay en pantalla.
2) Cuando para que cause gracia que un señor torpe llene de crema a una señorita, al chorro de crema se le adosa un sonido generado por un silbato (eso se llama, en la jerga cinematográfica y porque lo popularizó Disney en sus primeros cortos sonoros, "mickeymousing"), se deduce que la secuencia sola, por sí misma, carece de gracia. Y que el director lo sabe y no le importa.
3) Cuando la "star" femenina sólo aparece para sacarse un poco de ropa y moverse de modo tal que sus senos (visibles efectos especiales) reboten rítmicamente pero se le quita la mayoría de las posibilidades de actos de habla, sabemos que a nadie le interesó ni que la señora o señorita en cuestión fuera actriz (y no se trata de un film iraní, para el caso) ni que su personaje tuviera alguna relevancia más allá de mostrar curvas inhumanas. Esto es misoginia y machismo que se ve en la forma de filmar (por las dudas, el diálogo baboso ayuda).
4) Cuando una acción (un mono tira tortas de crema; no, no es un homenaje a los primeros films de Mack Sennett) se explica además en el diálogo, o bien la imagen o bien el diálogo están de más.
5) Cuando se hacen chistes sobre lo homosexual que es un homosexual, lo gorda que es una gorda o lo potencialmente promiscua que podría ser una señorita de buen ver, se trasluce una cosmovisión del mundo muy clara: las mujeres, los gordos y los homosexuales son sub-humanos al servicio de quienes hacen los chistes.
6) Cuando los actores se superponen accidentalmente en los chistes y la toma queda (no, no son Rosalind Russell y Cary Grant en Ayuno de amor, de Howard Hawks), se deduce que lo importante era ahorrar celuloide, no -ni siquiera- causar risas.
7) -Esto lo notó mi colega Diego Batlle en su sitio Otroscines, yo me lo perdí; crédito a él- Cuando un extra mira a cámara y la toma está en el film, lo mismo que lo anterior. O que lo primero. O que lo demás.
Cuando se habla todo el tiempo de Piratas del Caribe, uno sabe que no hay parodia sino parasitismo liso y llano (la tercera Piratas es mala, pero al lado de ésta es la obra completa de Orson Welles). Además de decir "buéh, Jólibud, jé…ellos hacen eso porque tienen plata y nosotros no, por eso hacemos esta rascada". Ni qué decir que incluso Epic Movie está, en cuanto a realización técnica y respeto por el espectador, a millones de parsecs de esta "obra" de Ledo.
9) Cuando el Estado Nacional paga subsidios -en cierto punto está obligado por la ley- a los mercachifles que ni siquiera piensan en que el producto tenga un mínimo de calidad industrial, hay que replantear la política de créditos y subsidios (si es que hay alguna) y, de paso, auditar las cuentas de los productores que filmaron en República Dominicana con acuerdo de coproducción.
10) Cuando una película incluye a Paolo, el rockero, como "toque nostálgico y cómico", estamos ante un insulto a la inteligencia -y la memoria- del espectador.
Estoy de acuerdo con Batlle en Otroscines: hay que hablar de estas películas. No sólo porque son pésimas, sino también porque ni siquiera producen buenos réditos. Hay un mínimo de calidad industrial (ya ni estamos hablando de arte, miren dónde hemos caído) que hay que respetar. Y eso no requiere de un crítico de cine: cualquier auditor con tres neuronas, tras ver el guión -que es lo que se presenta para calificar para un subsidio- dice "no". Y que quienes faltan el respeto del espectador de una manera tan flagrante y ostensible, si creen que es buen negocio, paguen todo de sus bolsillos y hagan como los verdaderos empresarios: arriesguen al invertir.
En 1986, también por suerte podías ver mil veces en el cine de barrio Volver al Futuro. Hoy ni hay cines de barrio. Y el pobre Michael Fox tiene parkinson: de hecho, creo que es el operador de boom de Brigada Explosiva 3.




