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Archivo para: Enero 2008

30.01.08

Una lección de cine




Se estrena Brigada Explosiva 3, Misión Pirata. En 1986, yo tenía 18 años y, aunque cinéfilo bastante más irreductible que ahora (era un fanático del Ángel Faretta que publicaba en Fierro y sólo juraba por Hitchcock, Coppola o Carpenter), también tenía un grupo de amigos del barrio con quienes íbamos a ver cualquier cosa si justificaba quizás concer alguna chica. O divertirnos juntos. Así vi con ellos cosas como Seguridad Personal, Los Rompecocos, Correccional de Mujeres y, claro, ambas Brigadas Explosivas, que yo odiaba particularmente -con Los Rompecocos- porque, como decía el finado Aníbal Vinelli, "a mí siempre me gustó la comedia".

Esta esquizofrenia ochentosa -en 1986, uno podía escuchar saliendo de las disquerías Corazón Clandestino, de Páez, al Indio Solari haciendo el "Nolosoñññññeeeeeeeeeeeeeee eeee eeee eee" de Jijiji y, claro, Dáme una Alegría, por Las Primas- me llevó a buscar de cada mala experiencia lo bueno. Así, descubrí que ver pésimas películas sirve para saber cuáles son las buenas (hagan la prueba recordando en paralelo Dáme una alegría y Jijiji). Por eso, y ante el estreno, 21 años más tarde, de una tercera entrega de Brigada Zeta o Explosiva, quiero homenajear mi adolescencia diciendo que sí, el film de Rodolfo Ledo es una lección de cine. Si uno no aprende con ésto, no aprende más:

1) Cuando uno ve que dos señoritas que tienen que contestar al mismo tiempo se desfasan, queda mal y la escena está en la película, uno en lugar de pensar qué lindas señoritas en qué hermosas playas, piensa en cómo alguien metió esta escena en el montaje y no pidió una retoma. O sea, el pacto con el espectador se rompe y ustedes NO creen lo que hay en pantalla.

2) Cuando para que cause gracia que un señor torpe llene de crema a una señorita, al chorro de crema se le adosa un sonido generado por un silbato (eso se llama, en la jerga cinematográfica y porque lo popularizó Disney en sus primeros cortos sonoros, "mickeymousing"), se deduce que la secuencia sola, por sí misma, carece de gracia. Y que el director lo sabe y no le importa.

3) Cuando la "star" femenina sólo aparece para sacarse un poco de ropa y moverse de modo tal que sus senos (visibles efectos especiales) reboten rítmicamente pero se le quita la mayoría de las posibilidades de actos de habla, sabemos que a nadie le interesó ni que la señora o señorita en cuestión fuera actriz (y no se trata de un film iraní, para el caso) ni que su personaje tuviera alguna relevancia más allá de mostrar curvas inhumanas. Esto es misoginia y machismo que se ve en la forma de filmar (por las dudas, el diálogo baboso ayuda).

4) Cuando una acción (un mono tira tortas de crema; no, no es un homenaje a los primeros films de Mack Sennett) se explica además en el diálogo, o bien la imagen o bien el diálogo están de más.

5) Cuando se hacen chistes sobre lo homosexual que es un homosexual, lo gorda que es una gorda o lo potencialmente promiscua que podría ser una señorita de buen ver, se trasluce una cosmovisión del mundo muy clara: las mujeres, los gordos y los homosexuales son sub-humanos al servicio de quienes hacen los chistes.

6) Cuando los actores se superponen accidentalmente en los chistes y la toma queda (no, no son Rosalind Russell y Cary Grant en Ayuno de amor, de Howard Hawks), se deduce que lo importante era ahorrar celuloide, no -ni siquiera- causar risas.

7) -Esto lo notó mi colega Diego Batlle en su sitio Otroscines, yo me lo perdí; crédito a él- Cuando un extra mira a cámara y la toma está en el film, lo mismo que lo anterior. O que lo primero. O que lo demás.

8) Cuando se habla todo el tiempo de Piratas del Caribe, uno sabe que no hay parodia sino parasitismo liso y llano (la tercera Piratas es mala, pero al lado de ésta es la obra completa de Orson Welles). Además de decir "buéh, Jólibud, jé...ellos hacen eso porque tienen plata y nosotros no, por eso hacemos esta rascada". Ni qué decir que incluso Epic Movie está, en cuanto a realización técnica y respeto por el espectador, a millones de parsecs de esta "obra" de Ledo.

9) Cuando el Estado Nacional paga subsidios -en cierto punto está obligado por la ley- a los mercachifles que ni siquiera piensan en que el producto tenga un mínimo de calidad industrial, hay que replantear la política de créditos y subsidios (si es que hay alguna) y, de paso, auditar las cuentas de los productores que filmaron en República Dominicana con acuerdo de coproducción.

10) Cuando una película incluye a Paolo, el rockero, como "toque nostálgico y cómico", estamos ante un insulto a la inteligencia -y la memoria- del espectador.

Estoy de acuerdo con Batlle en Otroscines: hay que hablar de estas películas. No sólo porque son pésimas, sino también porque ni siquiera producen buenos réditos. Hay un mínimo de calidad industrial (ya ni estamos hablando de arte, miren dónde hemos caído) que hay que respetar. Y eso no requiere de un crítico de cine: cualquier auditor con tres neuronas, tras ver el guión -que es lo que se presenta para calificar para un subsidio- dice "no". Y que quienes faltan el respeto del espectador de una manera tan flagrante y ostensible, si creen que es buen negocio, paguen todo de sus bolsillos y hagan como los verdaderos empresarios: arriesguen al invertir.

En 1986, también por suerte podías ver mil veces en el cine de barrio Volver al Futuro. Hoy ni hay cines de barrio. Y el pobre Michael Fox tiene parkinson: de hecho, creo que es el operador de boom de Brigada Explosiva 3.

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  • Posteado en19:45:50

22.01.08

Oscar, la polla nuestra de cada año





Bueno, cambiemos un poco las caras, dejemos de hablar de cosas feas y metámosnos en el juego anual del Oscar, que . No sólo porque vaya uno a saber si va a haber ceremonia o no por la huelga de guionistas, sino también porque la mezcla de nominados no da un ganador fuerte. Pero antes, las malditas conideraciones de siempre.

Que una película gane el Oscar (o la Palma de Oro en Cannes, o el Oso de Oro en Berlín, o la Cinta Azul de la Popularidad) no garantiza que sea buena. El director más ganador del Oscar es John Ford, pero nunca le dieron el premio por un western. Hitchcock nunca lo obtuvo. Luis Puenzo, sí. El Ciudadano perdió y Oliver! ganó. Peter O'Toole no sabe qué hacer para llevarse uno por actuar y no por llegar a viejo. Y así todo. Los premios son más bien -repito lo que digo cada año- el barómetro de la industria y del "consenso crítico/popular" en un año determinado. Y a veces, de casualidad, son justos.

Listo, a jugar. Enojos del año: la enésima vez que ignoran a Tim Burton, mientras nominan como ¡Mejor Director! al nulo Tony Gilroy por esa cosa llamada Michael Clayton, al casi debutante Jason Reitman por Juno -es el director de Gracias por fumar e hijo del subvalorado Ivan Reitman- y al artista plástico devenido cineasta (y bastante mediocre, salvo pasajes de su opera prima Basquiat) Julian Schnabel. Er...¿Saben de qué va la película de Schnabel? Está basada en un libro de un escritor que quedó cuadriplégico por un accidente y sólo se podía comunicar parpadeando. Bueno, así escribió el libro. El personaje lo hace el gran y desagradable Mathieu Amalric. Todos decían que lo iban a nominar (iba a ser "el inválido del año"), pero como metieron a Marion Cotillard por su sufriente Piaf de La vie en rose, les cerró el cupo de extranjeros.

Más enojos: ignoraron nuevamente como director a David Cronenberg por Promesas del Este, un film muy superior a por lo menos tres de los nominados para el máximo premio. Ignoraron a Todd Haynes por el onírico cuento sobre Bob Dylan I'm not there. Y, vamos de nuevo: ¡Sweeney Todd NO está nominada como mejor pelicula! ¡Ni Promesas del Este! ¡Ni I'm not there! Las tres, cómodamente, puede desplazar a Juno (que es simpática nomás), Atonement (que está por debajo de Orgullo y Prejuicio, film anterior del realizador) y a la pésima Michael Clayton.

Rarezas: salvo la nominación para Tommy Lee Jones por En el valle de Elah, ninguna de la andanada de películas sobre Irak que se estrenaron en el año que pasó se llevó alguna mención importante. Tampoco la extraordinaria (si buena o mala, después lo discuten: lo que es claro es que es extraordinaria, que se "sale" de lo ordinario) Redacted, de Brian De Palma. Porque, claro, ahora que los Estados Unidos están a un tris de la peor crisis financiera de su historia, alguien le sopló al oído a la gente que "es la economía, estúpido". Y allá seguirán los marines haciendo puntería contra civiles que a nadie le va a importar verlo en la pantalla grande. Igual, y salvo el mencionado film depalmiano, para como mostraban todo... (sí, Leones por Corderos, sí...)

Pero evidentemente el costado político del año viene por el lado de Michael Clayton, no por lo que cuenta (un abogado malo que se vuelve "bueno", una fantasía más difícil de digerir que Encantada) sino porque Clooney -y aclaro que me cae simpático y que dirigió dos muy buenas películas: Confesiones de una mente peligrosa y Buenas noches y buena suerte- es el prototipo del liberal de buena conciencia que puede digerir el Hollywood de hoy. Un tipo que se va a Darfur a filmar un genocidio y produce un documental al respecto y que, también, es puro glamour, diversión y elegancia. Es la única forma en que Hollywood, parece, puede "digerir" la política.

Aunque, sin dudas, parece el año de los hermanos Coen. Vistas Sin lugar para los débiles y Petróleo Sangriento, declaro que ambas confirman a sus realizadores. Paul Thomas Anderson (Boogie Nights, Magnolia) es ambicioso, desparejo, creativo y humano. A los Coen las personas les parecen títeres y el mundo es maaaaaloooo... Por eso es que el mejor personaje del film es el de Javier Bardem: no porque sea una asesino impresionante, sino porque a pesar de todo parece una persona. Pero como saben, para Hollywood no hay medias tintas: o el melodrama extremo o la distancia extrema de las emociones. Ambas cosas (o denuncia o muestra abyecta de las miserias humanas) se las llama "arte".

Antes de terminar, aclaro que la película de los hermanos Coen no es "mala", sino simplemente inútil. Un ejercicio de estilo que esteriliza muchas de sus posibilidades como comentario social a medida que se va transformando en pura forma. Verla o no verla no cambia sustancialmente la experiencia del espectador. En cambio, Petróleo Sangriento, Sweeney Todd, Promesas del Este, I'm not there, Ratatouille o Desapareció una noche (que tienen por ahí varias nominaciones), sì.

Hablando de Ratatouille, la última sorpresa es la categoría animada. Persépolis y el film de Pixar eran números puestos en la nominación: el primero por el triunfo en Cannes, el tema político y la excelencia de la realización. El segundo, por ser ni más ni menos una obra maestra. Pero...¿Reyes de las Olas? ¿Perdón? ¿En el año donde se estrenó La película de Los Simpson, que con sus fallas es infinitamente mejor?

En fin, como ven, lo lindo del Oscar es que a uno le agarra la hora del pataleo. Si quieren pálpitos, me juego por:

-Mejor Película: Sin lugar para los débiles
-Mejor Director: Joel y Ethan Coen
-Mejor Actor: George Clooney
-Mejor Actriz: Julie Christie
-Mejor Actor de reparto: Javier Bardem
-Mejor Actriz de reparto: Cate Blanchett
-Mejor Largo de Animación: Ratatouille
-Mejor Documental: Sicko

En fin, veremos. Espero equivocarme en varios rubros. Ustedes digan también.

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  • Posteado en16:38:19

17.01.08

El viejo truco de la señal que se va




Me llegó un rumor. Espero que no sea más que eso, porque de otra manera tendríamos que preocuparnos y mucho. Resulta que Turner compró Claxon, empresa de medios que tiene una gran cantidad de señales de cable. Entre ellas, una de las mejores que tiene la -por otro lado- inflacionada y repetitiva grilla actual: Retro. Para quienes no la conozcan, Retro se programa aquí en la Argentina y es una especie de paraíso del cinéfilo y del televidente nostálgico. Para el segundo, presenta series clásicas de todo tipo y pelaje, desde Bonanza hasta El auto fantástico; de La familia Ingalls (sí, era medio ñoña, pero tenía un rigor narrativo que te mantenía frente al televisor sin posibilidad de cambiar el canal) hasta El superagente 86. Pero lo mejor de Retro es la posibilidad de ver en copias excelentes todo tipo de clásicos. Desde films de grandes autores europeos (Antonioni, Fellini, Bergman, Godard) hasta obras maestras de Hollywood. Tiene por otro lado una sección de films mudos donde aparece literalmente de todo: desde las películas de ese genio absoluto llamado Buster Keaton hasta los primeros peplums mudos italianos, pasando por el expresionismo alemán o films como El caballo de hierro, obra maestra de 1924 de John Ford.

O sea: Retro no solo cumple con el digno fin de entretener y divertir, sino también de educar. Con la ahora un poco devaluada Europa Europa (cambió de dueño y se nota) y los ciclos de I-Sat (también de Claxon), cubrían un inmenso panorama para el cinéfilo.

"Cubrían" está en pasado (imperfecto, claro) aunque el rumor es para el futuro. Resulta que Turner tiene una señal llamada Turner Classic Movies (TCM) que tiene algo a favor y mucho en contra. A favor, su biblioteca de títulos clásicos de Hollywood. En contra, las copias son dobladas (a menos que uno tenga SAP, pero en ese caso se ven sin subtítulos), muchas veces "editadas" (es decir, les sacan pedazos), gran parte de la programación tiene cortes publicitarios y, para más datos, está programada sin demasiado criterio. Hay ciclos y noches temáticas, pero sólo en minoría. La información es pobre y, por ejemplo, cuando las películas son en pantalla ancha -a diferencia de Retro- no van con formato respetado. La pérdida de imagen en esos casos puede llegar -en el caso de las películas en scope- a los dos tercios del cuadro.

Parece que la gente de Turner piensa que, si son dueños de TCM, no vale la pena que exista Retro. El plan no es "quitarla" inmediatamente de la grilla, sino dejarla morir poco a poco, desprogramarla, quitarle peso y diluirla hasta que deje de existir, de modo que sólo quede como señal de clásicos TCM. Me van a decir que está también Cinecanal Classics, pero resulta que es una señal premium (las otras están en el abono básico) y su biblioteca es sensiblemente más pobre que la de Retro. Amén de que tanto TCM como Cinecanal Classics sólo se dedican a Hollywood, salvo contadísimas excepciones.

La pregunta que uno se hace es si es legítimo que Turner haga algo así. Legal es: como cualquier dueño, puede hace cualquier cosa y resulta que no hay legislación que se lo impida (como no hay legislación para el porno en el cable, por ejemplo, que está prohibido pero se vende como "codificado-premium", una manera de saltear el obstáculo legal). Volvamos: uno se pregunta por la legitimidad de destruir una señal de cable, especialmente una excelente como es el caso. No, no lo es: los usuarios del cable deberíamos (deberían: yo no me volví a conectar) dar cuenta de sus derechos y unirse. En parte para parar con los abusos del monopolio que maneja la mayoría de las operadoras; en parte, también, para que la información no sea manipulada de acuerdo con criterios comerciales que no se condicen con los intereses del público.

Acabar con Retro es, claro, un atentado no sólo contra el cine -casi les diría que es lo de menos- sino contra nuestro derecho de formarnos e informarnos. Creo que es hora de que estas cosas dejen de pasar definitivamente. Si no, mañana vendrá CNN a comprar nuestros canales de noticias y a tomar o manipular la información como le venga en gana. O sólo veremos las últimas groserías de Hollywood porque será lo que quede. Seguramente saldrán defensores de la libre empresa a decir que, después de todo, el dueño -como dijimos- hace lo que quiere. El problema es que el cable es un servicio y somos quienes lo tomamos quienes deberíamos exigir al prestador que cumpla con el contrato que cerramos con él.

El cable es, además y hoy, en los grandes centros urbanos, el máximo vehículo de formación e información. Y es necesario, pues, que el Estado (recuerden que ustedes también son el Estado, que en este país gobernamos a través de representantes, no de jefes) lo regule de manera realista. Libertad de empresa no es libertinaje comercial, no sé si queda claro.

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  • Posteado en10:01:04

10.01.08

Cine desesperado




No le cuenten a nadie, pero vi Sweeney Todd, el barbero demoníaco de la calle Fleet, última película de Tim Burton. No voy a postear una crítica acá por dos razones: la primera, se supone que eso se hace cuando el estreno; la segunda, mi recuerdo es demasiado fresco y el impacto demasiado grande como para hacerle justicia. Aclaro desde ya que, seguro, no es el film que prefiero de un autor que considero un verdadero maestro del cine: Batman Vuelve, El Extraño Mundo de Jack (sí, buéh, no la dirigió él, ok...), El joven manos de tijeras, Ed Wood y Charlie y la Fábrica de Chocolate siguen siendo mis favoritas. Esto no implica que Sweeny Todd sea mala. Sólo que no pude disfrutarla por su carga de amargura.

Saben que se vienen los Oscar y hay varias películas sobre las que los estudios y los medios de los Estados Unidos hacen lobby para las nominaciones (jueguito que ya jugaremos pero que tiene poca importancia verdadera respecto del cine: ¿o alguna vez alguien nominará algo como Juventud en Marcha, Honor de Cavallería, Nuestra Música, Be With Me o El sabor del té, películas que os gusten o no marcan el rumbo real del cine?). Lo que tienen en común es que son fantasías "finalistas", apocalípticas en general, sangrientas y tristes. La de Tim Burton quizás es la más "evidente", pero lo mismo pasa con Sin lugar para los débiles, de los Hermanos Coen y Petróleo Sangriento, de Paul Thomas Anderson, que junto a la comedia Juno y la levérrima Juegos de poder están en el top five de los críticos gringos para la polla de estos premios.

A lo que me refiero es a que el arte suele ser signo de los tiempos. Algo debe pasar -no sólo- en los Estados Unidos para que se vea ese sentimiento de fin de los tiempos y falta de esperanzas. Y -volvamos al cine- es raro que las películas "sobre Irak" (este año produjeron muchísimas, entre ellas la excelente Redacted de Brian de Palma a la que no le dieron ni cinco de bolilla) no figuren entre las "nominables".

Lo que me lleva a pensar que el problema no es "la guerra" sino la pérdida de sentido de una civilización pensada exclusivamente desde el poder del dinero. Uno podría decir, visto el panorama del cine que Hollywood larga en los últimos tiempos, que hay tres "movimientos":

1-Los films que gozosamente utilizan los efectos especiales para destruir de maneras cada vez más sofisticadas el cuerpo humano (Hostel, El juego del miedo);

2-Las películas políticamente correctas que intentan hacer que el espectador piense lo que los directores creen sobre los EE.UU. y el mundo (el mundo pensado desde los EE.UU.). Por lo general dicen que la guerra está mal porque mueren norteamericanos, no porque esté moralmente mal (Leones por corderos) y se concentran únicamente en Irak, no en sus causas ni, mucho menos, en qué responsabilidad tiene la sociedad ante eso (es tan fácil culpar a Bush Jr. que eso sirve de disculpa colectiva).

3-Películas finales, apocalípticas, sin esperanzas, donde por metáfora también se ve que el fascismo y la intolerancia llevan al absurdo y a la destrucción a una sociedad (Sweeney Todd, Sin lugar para los débiles).

La primera categoría parece querer esquivar el problema por el lado del cinismo, olvidando que el cínico carece de esperanza y termina justificando el exterminio humano. Son films inmorales que hacen de las posibilidades del cine justificación del asesinato. No, no son como 10.000 maníacos o Suspiria: el gore era antes que nada una protesta estética contra los límites de la censura, y el giallo exploraba el costado perverso de lo humano desde un clima onírico. No había "desesperanza".

La segunda es más cínica que la primera: dice que todavía vivimos en el mejor de los mundos y que sólo basta con votar a Hillary o Barack o Jotaefeká para que todos podamos percibirlo. Y que hay héroes -aunque mueran en un país extraño para que los contratistas estadounidenses conserven sus piletas de natación- y que la sociedad carece de responsabilidad. Mentiras.

Las últimas son verdaderas películas. Con sus más y sus menos, tratan de que las imágenes nos digan algo, nos hagan pensar por nosotros mismos, nos generen una emoción que, por ser artificial (causada por un artificio llamado cine), merece ser analizada. Merece, pues, la pregunta de por qué sentimos malestar al verlas, qué otras imágenes y recuerdos del mundo cotidiano son provocadas por asociación o semejanza al ver cada film.

Por esas casualidades, ayer vi Casablanca después de ver Sweeney Todd. Y pensé que hoy es imposible la secuencia ingenua e irresistiblemente emotiva de los parroquianos de Rick tapando con La Marsellesa una canción nazi. ¿Ustedes creerían en una secuencia como esa el día de hoy? Creo que el cine, por lo menos en el mainstream, está llegando a un período de desorientación bastante interesante, donde lo que "la va de serio" (categoría dos) es falso y el cine "de gran espectáculo" dejó de hablar de seres humanos (sí, gente, hay excepciones, siempre las hay, pero son eso: excepciones). Sin dudas, algo está terminando.

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  • Posteado en15:06:27

02.01.08

Reescribiendo la Historia



1) Como dije en uno de los comentarios al post anterior, es evidente que todavía nos interesa discutir de política. Muchas veces, cuando uno lee los principales diario de la Argentina, de la impresión de que las únicas noticias importantes son que ahora dicen que excederse en las comidas de Fin de Año podría traer problemas gástricos.

También es evidente que nos falta cultura de discusión, que optamos por la antinomia en lugar de la reflexión (porque, claro, es más fácil un mundo binario que uno complejo como realmente es), el insulto y la descalificación personal en lugar de concentrarse en el razonamiento del otro. Es una cuestión de educación cívica la que falla allí. Aclaro que uno tampoco está siempre a la altura y lo que digo también vale para mí. De todas maneras, gracias por el entusiasmo. Da gusto.

2) Hablemos de cine. No, paso de David Lynch por ahora, pero a partir de febrero prometo ocuparme de eso y de temas más intemporales. Me pasó algo interesante la semana pasada. Un amigo me prestó las tres versiones extendidas de El Señor de los Anillos, y las vi en un día. Me gustan mucho, aclaro, y también aclaro que tengo una enorme debilidad por la obra de Tolkien que no es pareja a sus méritos literarios. En mi vida tengo dos clases de libros "importantes": los que me enseñan a leer y escribir (tres ejemplos: En busca del tiempo perdido, La educación sentimental, El aleph), y los que me marcaron en diferentes etapas de la vida (El libro de las tierras vírgenes, El Señor de los Anillos, La piedra lunar, Tres Tristes Tigres, Poderes terrenales, La voluntad). En algunos casos, su importancia literaria coincide con su importancia personal. En el caso de El Señor..., no.

Confieso esto para que no empecemos con la tontería de la "subjetividad" o "parcialidad": ya deberían saber que la crítica es parcial y subjetiva y que esa es su razón de ser, justamente. Sigamos. Las películas "tal cual se estrenaron en cine" me parecen muy buenas, una obra más guiada por el amor a un libro que por la taquilla (cuando se comenzaron eran la apuesta más insegura del mercado) aunque evidentemente suntuosa. Ahora bien, como "fan" que uno es (quién no lo es de algo), siempre quise ver la "versión extendida". Lo hice. Es mejor, mucho mejor, básicamente porque los personajes están mejor definidos. El drama de Éowyn, la personalidad de Theoden, el conflicto de Gollum, la desesperación de Frodo, la heroicidad renuente de Aragorn, el final de Saruman y Grima son todos ejemplos de que había mucho más ahí de lo que vimos. Pero para eso la duración de las películas superaba lo "amortizable" en taquilla. Es evidente que hay un cálculo cínico en los recortes que se realizaron y que estuvieron orientados no por la necesidad estética o narrativa del autor sino por darle al público mucho espectáculo inmersivo por el precio de la entrada.

Pero esto me lleva a lo siguiente. No es El Señor de los Anillos la única película "con corte del director". Hoy, DVD mediante, todos los meses sale una "versión nueva, sin cortes, con hasta el momento en que el director espeta una ventosidad escatológica" que nos promete "lo nunca visto" de algo. Esto genera una gran cantidad de problemas. El primero, que el film deja de ser un documento (malo, bueno, regular, con fallas, como quieran) definitivo de un realizador, una época y una historia: se vuelve maleable y proteico. Y uno desconfía: ¿es esto "lo último"? ¿Es el film que vimos realmente el film que vimos o un work-in-progress eterno? ¿Qué capacidad crítica, qué calidad de discusión es posible cuando aparece esta indefinición sobre lo que es una obra?

El otro problema es lo que uno podría llamar "la reescritura de la Historia". Es decir: que las cosas ya no son ni serán como lo recordamos. Un caso: ET. Las armas que tenían los agentes federales en la escena de las bicicletas, que se amartillaban en primerísimo primer plano, hablaban del desprecio de las instituciones por la vida humana. Generaban, además, un enorme suspenso, una angustia que, cuando las bicis levantaban vuelo, se transformaba en una emoción de infinito peso. Spielberg cambia totalmente a esos personajes de traje y patillas al sacarles digitalmente las armas y ponerles walkie-talkies. Ya no son el Estado contra lo humano (un niño, ni más ni menos) sino apenas unos tipos que quieren frenarlo, quizás por su bien. Y esto sucedió después del 11-S, porque para Spielberg -un cineasta genial, un pensador ambiguo y conflictivo- no se puede desconfiar del Estado cuando la amenaza proteica del terrorismo anda dando vueltas. Lo grave es que Spielberg no piensa -o no lo hizo hasta Munich- en qué hizo ese Estado para que el terrorismo tuviera excusas. Entre otras cosas, usar armas contra niños en lugar de walkie-talkies.

El otro problema es el de la película "a medida". Estas ediciones son básicamente "para fans". No aparecen en el espacio público (político) sino en el espacio privado del goce casi masturbatorio. Otra vez, la reflexión queda aislada y atomizada: los únicos que pueden opinar son o bien los convencidos desde el principio o la misma pequeña secta de seguidores. Con lo cual, la obra deja de tener peso como intervención en lo público y general. Y de allí, a la esterilización de lo discutible.

No sé ustedes, pero si bien me encantó ver El Señor de los Anillos extendida y emotiva, prefiero juzgar los films como son cuando son ante el público. Es la única forma, creo, en que la memoria se vuelva crítica y la experiencia del cine siga generando vibraciones más allá de la pantalla.

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  • Posteado en13:59:06