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Este domingo comienza la nueva temporada de Lost. La cuarta temporada, para ser precisos. Si son primerizos, como el que escribe, pueden ver todas las anteriores en TerraTV. La noticia del regreso de Lost es un poco extraña porque me da la impresión de que no hay fan en el mundo que no haya visto el primer episodio del año cuatro. Después de todo, está para descargar en miles de sitios de todo el mundo (y con subtítulos).
Pido perdón, pero a mí Lost no me apasiona. Digamos que ni me gusta. Mi afición por las series terminó el 14 de mayo de 1989. No, no porque ese día Menem ganó su primera elección presidencial sino porque –cosa del destino- fue la fecha de emisión del último episodio de Moonlighting, aquella perfección con Bruce Willis y Cybill Sheperd. Desde entonces, me prometí no seguir ninguna emisión que me obligara a no perderme capítulos. Como buen cinéfilo, soy enemigo del continuará.
Seguramente hay algo de pereza: me educaron para que la pantalla me diera todo lo que me tiene que dar en una cantidad preacordada de horas y/o minutos. Aunque me gustaba, siempre odié esos capítulos de La familia Ingalls donde se iban a una ciudad y uno tenía que esperar semana a semana hasta que, finalmente y con un hijo adoptado, se volvían a Walnut Grove. Dejé de ver Galáctica (aquella Galáctica, la del tipo de Bonanza) cuando tenía que esperar demasiado para ver un ataque cylon. Y sí, confieso: me banqué los episodios triples de cada miércoles de 1984 de V-Invasión extraterrestre porque era un mes, nomás. La serie bien, gracias, a lo mejor algún día la recuerdo.
Mi problema con Lost es que, en lugar de atraparme sus misterios, cada uno me parece una pirueta más de guión casi realizada a lo desesperado. Y porque, en realidad, todo suena muy artificial. Imagino que los creadores de la serie no tenían muy claro a dónde iban –les creo que tienen el final desde siempre- y que el éxito comercial los obliga a estirar lo inestirable. Hay personajes que me resultan interesantes y otros, tediosos. Pero el problema básico reside en el “continuará”. Para lograrlo, hay que meter más y más subtramas y entretejerlas hábilmente con el hilo principal, pero dado que muchos de estos hilos se inventan sobre la marcha, noto una gran inconsistencia.
Por otro lado, me parece una serie cínica. Matar personajes que uno quiere porque sí, para golpear –no pocas veces debajo del cinturón- al espectador es algo que me parece demasiado manipulador. En el cine, la manipulación evidente es enemiga de la creación de un mundo autónomo (por supuesto que hay excepciones, verbigracia Godard), pero siempre es un punto a discutir. En cambio, cuando se trata de una serie de televisión que se reclama –más allá del uso de flashbacks o flash-forwards, algo que existe desde que el cine narra- clásica, que tiene como núcleo su “cuento” y sus “personajes”, matarlos, introducir vueltas de tuerca cada dos segundos e inventar misterios es algo así como la inflación que devalúa el producto.
Como verán, no será Lost la serie que me lleve nunca a una isla desierta.



