28
de
Marzo
El asunto del campo

Me inspiraron. Tanto se desviaron al tema del campo, que recordé una gran película poco vista (muy poco vista, desgraciadamente) sobre problemas rurales. No, no tiene mucho que ver con lo que pasa en estos días en este país. Igual vale la pena y, como el cable suele pasarla en una copia completa y excelente que no se editó en el país (sí, claro, si tienen torrentes pueden conseguirla), quiero avisar.
El film se llama Las puertas del cielo, es en gran medida un western pero, también, un film político. La acción se desarrolla en 1890 en el Oeste americano. El elenco incluye a Kris Kristofferson, Jeff Bridges, Isabelle Huppert, Mickey Rourke, John Hurt, Sam Waterston y Brad Dourif. Costó 40 millones de dólares, lo dirigió Michael Cimino y fue un fracaso tan grande que acabó con los días de gloria de los directores-autores en Hollywood. La remontaron y recortaron, la volvieron a estrenar y siguió fracasando. Ahora está editada –afuera- completa y es casi una obra maestra.
La historia es la de los inmigrantes europeos que tratan de instalarse en el Oeste, y de los grandes terratenientes que se sienten amenazados por esa presencia extraña, con –además- ideologías poco favorables al Sueño Americano. Estos terratenientes (ganaderos) terminan masacrando a los inmigrantes (ovejeros) en una secuencia tremenda. El conflicto de la película y la intervención del Estado se parecen mucho a La Patagonia Rebelde, con la diferencia de que está bien filmada.
Lo que me parece interesante en este caso es la diferencia entre los grandes productores (amparados por el Estado) y los pequeños productores (desamparados completamente, para colmo de males en la película son extranjeros). Si uno lo piensa, el gran problema de la película reside en esa lucha del gran capital contra cualquier amenaza pequeña y cómo el Estado termina tomando partido por ellos. Hay otros temas: Cimino trabaja el espacio como un campo épico enorme –no poco se parecen sus movimientos de cámara a los que usa Paul Thomas Anderson en la maravillosa Petróleo Sangriento, y no es casualidad- donde caben los conflictos románticos, el revisionismo sobre el western –y su desmitologización, aunque el film construye sus propios mitos y su propia belleza- y, sobre todo, una mirada política que toma partido, en los albores de la era Reagan, contra el Estado represor.
Anoche, de pura casualidad, anduve por Recoleta y caminé por Callao hasta Congreso para poder volver a mi casa. En la concentración a la altura de Santa Fe pregunté a una chica de 16 años y sus amigas por qué protestaban. Me dijeron que “porque el Gobierno está contra el campo”. Pensaba, pues, que quizás muchos sabían por qué estaban allí, pero muchos otros, no. Pensaba quién en los Estados Unidos habría comprendido Las puertas del cielo, o el por qué del conflicto entre ganaderos y ovejeros (las ovejas comen el pasto hasta la raíz y destruyen las tierras de pastoreo de los vacunos, que sólo toman las hojas; si vieron aquel corto de Droopy donde era un pionero ovejero, saben de qué hablo). Digamos: lo que más me llamó la atención es cuánto ruido (de parte del Estado, de parte de las partes en conflicto, de parte de los parapiqueteros que golpean, de parte de algunos que golpean cacerolas) enturbia la información. Recordé, pues, Las puertas del cielo, una película donde un crimen monumental, económico, se tapaba con el más blindado de los olvidos.
A veces, las películas “que no tienen nada que ver”, tienen que ver. Sirven de ejercicio para abrir los ojos y la cabeza (películas, o libros, o canciones, o cuadros, elijan ustedes). A eso me refería con el asunto “Sobreviven-Videla”, a eso me refiero con Las puertas del cielo. La sensibilidad del momento nos permite adaptar alguna cosa que nos interesa a lo que nos urge; es un mecanismo asombroso. Si pueden, vean esta película de Cimino. No les recomiendo que la bajen de Internet porque es ilegal y no pretendo hacerle a los piratas el campo orégano.








