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27.06.08

Lugares comunes del cine: como combatirlos



Seguramente ustedes hayan oído tanto como yo esos prejuicios un poco esquizofrénicos respecto del cine. Digo “esquizofrénicos” porque hay muchos que se anulan mutuamente incluso cuando quien los enuncia es la misma persona. Decidí comenzar acá con una lista de esos lugares comunes y películas que los desmienten. Ustedes pueden continuarla.

Las comedias son tontas”: Vean El terror de las chicas (gran edición de AVH en DVD dando vueltas) y analicen el comportamiento de Herbert H. Heebert (la “H” es por Herbert) respecto de las mujeres. De paso, vean cómo se mueve la cámara, cómo al mismo tiempo la película reflexiona sobre cómo se hacen películas y sobre la trivialidad de la televisión, entre otras muchas cosas. Pueden ver también Sopa de ganso y recordar que se hizo cuando regímenes imbéciles como el nazi o el fascista dominaban Europa. Pueden también acercarse a Como si fuera la primera vez y ver una reflexión sobre el tiempo y el amor, cómo el amor sólo sobrevive al tiempo si se conquista cada día. O sea, también pueden ver Hechizo del tiempo, que encima se pregunta qué sentido tiene la vida y llega a la bondad y el amor al prójimo por el lado del absurdo. Y qué importa si son un poco tontas: ser tonto y decirlo sonriendo es un gesto de la inteligencia.

El cine francés es todo hablado”: Vean El samurai, El círculo rojo o El ejército de las sombras, de Jean-Pierre Melville, donde el policial y el suspenso se unen a la tragedia casi sin palabras (ver a Delon, básicamente, en la primera). Vean Un condenado a muerte se escapa y El dinero, de Robert Bresson, donde la palabra casi no aparece, o aparece sólo como contrapunto de la imagen. Vean, sí, Cuento de verano, de Eric Rohmer, donde se habla todo el tiempo pero lo único que nos importan son las miradas. O vean Los 400 golpes, de François Truffaut, donde lo esencial es invisible a la lengua.

Las películas de ciencia ficción son puro efecto especial para nenes”: Vean Stalker, de Andrei Tarkovsky, donde no hay un solo efecto digital. Vean Volver al Futuro, de Robert Zemeckis, donde lo que nos importa es la comedia de enredos entre Marty, su mamá, su papá y Biff. Vean E.T., donde es más la relación entre Elliot y el bicho que las bicicletas voladoras lo que nos emociona (y encima es un film mucho más seco de lo que parece). Vean Cuando el futuro nos alcance o Blade Runner, dos policiales secos que especulan con las taras de la humanidad como pocas películas que no sean de ciencia ficción. Y vean esa metáfora de Vietnam vuelta elogio de la maternidad que se llama Aliens-El regreso.

El cine iraní es aburrido”: Malditos. El problema del cine iraní es que como juega siempre en la frontera entre el documental y la ficción, y sigue a sus criaturas hasta las últimas consecuencias, muchas veces opta por planos largos, o planos secuencia que distan mucho de la fragmentación sin sentido del blockbuster. Vean El círculo, La Manzana, Detrás de los Olivos, Close Up, Offside, Dónde está la casa de mi amigo. Vean en combinado El espejo y Bowfinger, el profesor chiflado y al mismo tiempo acaben con este lugar común y con el de la comedia. Las dos películas parten del mismo principio argumental, las dos ponen incómodo al espectador y las dos son geniales.

El cine de animación es para chicos”: No hace falta decir que esta idiotez sólo puede ser repetida por alguien que nunca vio cine de animación. Vean El viaje de Chihiro, Los Increíbles, Ratatouille, Pinocho, Fantasía, Mi vecino Totoro, o la aún increíble –en términos técnicos- Blancanieves. Eso sin entrar en lo que son films decididamente “adultos” como Heavy Metal. Todas las películas nombradas tienen tal grado de elaboración de temas como la familia, el arte, la relación con las tradiciones, la moral, etcétera que se disfrutan mucho mejor si uno es adulto.

Vamos a seguir, no se preocupen. Me quedan el western y el terror en el tintero.

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  • Posteado en18:50:13

25.06.08

Fantasmas en la biblioteca





Hace poco un amigo y colega me preguntaba qué libros tenía que leer sobre cine, un top ten de “sí o sí”. Lo primero que le dije fue “cualquier cosa”, porque de cualquier cosa se aprende. Uno no se puede quedar anclado en las butacas para saber de cine: por su propia naturaleza, el séptimo arte requiere que uno sea muy curioso, que todo le interese. Leer literatura clásica, por ejemplo; incrementar el léxico, ver pinturas, entrar al teatro, escuchar música, leer el diario, conocer de política, todo eso es necesario para comprender –no sólo “ver”- el cine. El cinéfilo es un enorme curioso, básicamente, y en eso se basa su avidez. Concentrar esa curiosidad únicamente en la pantalla es un desperdicio. Aclaro que todo eso que digo que hay que hacer, nobleza obliga, no siempre lo hago, así que este párrafo implica también una autoconminación.

Pero sí, hay algunos libros que vale la pena leer sobre el cine. No son todos los imprescindibles pero, en mi caso, son aquellos a los que vuelvo casi constantemente por placer o por consulta. Además, son de los que se pueden conseguir más o menos fácil en nuestra cada vez más escasa plaza argentina.

1-El cine según Hitchcock, de François Truffaut (Alianza Editorial): El gordo pasa revista, una a una, a todas sus películas hasta Cortina Rasgada. Hay una enorme cantidad de anécdotas pero, también, el hombre desnuda todos sus secretos como cineasta, desde los técnicos hasta los estéticos –que en su caso son lo mismo-. Y, para colmo, es un libro divertidísimo. Si hay uno imprescindible, es éste.

2-Textos y manifiestos del cine, de Homero Alsina Thevenet y Joaquín Romaguera i Ramió (Cátedra): La traducción de estos textos son bastante mediocres, seamos sinceros. Pero igual son piezas imprescindibles para cualquiera que quiera entender la crítica, la técnica, el arte en sí. Están, claro, Una cierta tendencia del cine francés, incendiario texto de Truffaut, Una nueva vanguardia: la caméra-stylo, de Astruc, que inició las bases teóricas de la Nouvelle Vague, el manifiesto sobre el neorrealismo de Cesare Zavattini, el manifiesto de las siete artes de Canudo y mucho más. Como una enciclopedia de documentos.

3-Perseverancia (El amante) y Cine, arte del presente (Santiago Arcos Editor), de Serge Daney: El primero es el último libro –y el único que planeó como tal- el gran crítico francés, e incluye el excelente artículo El travelling de Kapó. Ojo que es casi imposible de conseguir hoy, porque se agotó y no se reeditó. El segundo recopila textos de varias épocas y demuestran lo extraordinario que era el hombre para pensar el cine.

4-Mi último suspiro (Bruguera): La autobiografía de Luis Buñuel, un libro nada surrealista que no sólo es un divertido collar de anécdotas sino también una lección constante de lo que implica la puesta en escena cinematográfica.

5-Ciudadano Welles (Grijalbo): Peter Bogdanovich entrevista y Johnathan Rosenbaum edita este enorme trabajo sobre el autor de El Ciudadano. No sólo es interesante todo lo que dice Welles, sino que el libro, además, incluye una muy documentada cronología del director más una filmografía acotadísima.

6-La imagen tiempo/La imagen movimiento, de Gilles Deleuze (Paidós): Apúrense a conseguirlos: Paidós no edita más libros de cine y queda lo que queda. Son dos tratados imprescindibles aunque bastante áridos en parte sobre el cine. Pura teoría, pero de esas que dan a pensar al lector.

7-Los géneros cinematográficos, de Rick Altman (Paidós): Un manual sobre el tema, perfecto, entretenido y con una cantidad de ejemplos enorme. Enseña y divierte, digamos.

8-Groucho y yo, de Groucho Marx (Tusquets): No sólo uno de los libros más cómicos que existen, sino también un recorrido histórico y crítico por los orígenes del espectáculo popular en los Estados Unidos y del cine –y luego la televisión- en particular.

9- Arte y lenguaje cinematográfico, de Horacio Quiroga (Losada): Ojo que todavía se consigue con éste título, en formato pequeño y a 18 mangos. Hace poco Losada lo reeditó como Cine y Literatura agrandando el formato…y nada más. Se trata de la compilación de todo lo que Quiroga escribió sobre cine, lo que implica ver cómo alguien que había nacido antes de su invención lo va descubriendo y separando del resto de las artes. Casi les diría que es Bazin treinta años antes, con la desgracia de haber publicado en la Argentina.

10-Espíritu de Simetría, de Ángel Faretta (Djaen): Ya lo anduve recomendando por acá, así que no quiero ser redundante. Sólo repito: es uno de los críticos argentinos más importantes de las últimas tres décadas y estos textos publicados en Fierro fueron especialmente influyentes en mi generación.

Por supuesto que deberían leer también De Caligari a Hitler, de Siegfried Kracauer (Paidós), ¿Qué es el cine?, de André Bazin (Cátedra), y por qué no la biografía de Truffaut, de Serge Toubiana (hay edición en castellano, pero en España). O esa enciclopedia de todos los dibujos que es Cartoon: 100 años de cine de animación de Gianalberto Bendazzi, algo así como la Enciclopedia Británica del dibujito. Más las críticas de Borges en Sur (imperdible la de El Ciudadano, obviamente), que andan en –claro- Borges en Sur (alguna vez debería reeditarse Borges en y sobre el cine, de Edgardo Cozarinsky). Pero ya son libros mucho más caros y más difíciles de conseguir. Y después, cada uno arma sus propias lecturas y sus propias escrituras.

Si quieren recomendar, recomienden.

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  • Posteado en09:57:40

20.06.08

Rosebud es el nombre del trineo



Entre una cosa y otra, en las últimas semanas me quedó dando vueltas en la cabeza una cuestión sobre la que no tengo una posición demasiado definida: la de si contar o no los finales de las películas. Habrán visto que en la nota sobre La Niebla hice lo posible por no revelar cómo terminaba el asunto, siendo que por otro lado casi toda mi argumentación pasaba precisamente por ahí. Encima ahora se estrenó el último Shyamalan (vean acá lo que escribe el amigo Brega al respecto) director que siempre nos acuesta a la hora de no poder contar cómo terminan sus historias.

El otro día discutí un poco el asunto con mis compañeros de El Amante. Ahora hacemos eso de poner "SPOILERS" en cada mail, pero me temo que no es lo ideal -uno escribe los mails como una conversación más o menos espontánea, vieron…eso de ponerse a ver si mandó o no algún secreto de la película es molestísimo-. Paralelamente, en Crítica armamos una notita sobre la epidemia de "spoilers" en la web hace unos días. Para colmo de males, la secta de seguidores de Lost que me rodea parecen ya algo así como oficiantes de rituales órficos, con ese cuidado de no decir nada que otro no haya visto.

Mi posición respecto del asunto es que si una película, un libro o una serie dependen exclusivamente de su final para ser disfrutados, no valen la pena. Digamos que les cuento que Emma Bovary se suicida al final. En realidad no es el final, se muere tres capítulos antes de que termine el libro. ¿Acaso la potencia de la novela no radica en su impiadosa disección de la mediana burguesía francesa, en su mirada inclemente tanto a las fantasías románticas de Emma como a la mediocridad rampante del farmacéutico y el cura? Sí, se muere en una agonía horrible que tiene incluso tintes de relato de horror. ¿Y?

El título de este posteo refiere al secreto que el periodista Thompson trata de desvelar a lo largo de todo El Ciudadano, secreto que sólo conoceremos Kane y los espectadores en la anteúltima toma. ¿Importa? Importa más, me parece, ese juego constante del film con el tiempo, los planos increíbles y reveladores, la voluntad satírica y la actuación de Welles, Cotten, Dorothy Comingore, Ray Collins o Everett Sloane. Importa más la enorme cantidad de trucos teatrales que el realizador pone en pantalla y la despiadada sorna contra un tipo superpoderoso. Lo del trineo y Rosebud es lo de menos.

(Por lo demás, resulta que "rosebud" era el nombre con que Hearst se refería cariñosamente al sexo de su pareja y amante Marion Davies, cosa que sabían algunos íntimos…y el coguionista del film, Hermann Mackiewicz)

Miren qué pasa con Sexto Sentido. Como casi todas las películas de Shyamalan, es más una historia sobre relaciones humanas (un chico y el psicólogo que interpreta Bruce Willis, el chico y su madre, Willis y su esposa, refractadas en algunos de los incidentes fantásticos como el de la nena envenenada por su madrastra) que sobre fantasmas. Digamos que les cuento el secreto del film (no lo voy a hacer porque no quiero insultos), ¿cambia la emoción del rostro final del psicólogo comprendiendo el dolor de su mujer? Yo he visto Sexto Sentido varias veces y lo que sigue conmoviéndome es lo que pasa entre los personajes, incluso conociendo de memoria el giro final. De hecho conocerlo me permite comprender mejor la ambigüedad en el personaje de la esposa respecto de su potencial amante.

Ahora…¿Vieron lo que acabo de hacer? Escribí un párrafo cuidándome explícitamente de dar demasiadas pistas sobre "la sorpresa" de la película. Vuelvo al principio: no tengo las cosas tan claras como crítico de cine. Por una parte, creo sinceramente que una crítica adquiere su verdadero peso como texto posterior a un film (que es la condición desde la que se escribe: después de ver una película). Por otra, creo que el espectador tiene que estar libre para disfrutar en estado de inocencia cada sorpresa de cualquier película (cada plano es, potencialmente, una sorpresa). En última instancia, el problema es de los medios que nos obligan a escribir -sigo con la misma cantinela- como si en lugar de personas que reflexionan a posteriori y proponen una lectura seamos gurúes o médiums del gusto público.

¿Ustedes qué piensan?
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  • Posteado en13:31:01

16.06.08

Un poco de números



Todos los años, Cahiers du Cinéma publica un Atlas con el estado del cine del mundo. Este año –como suele ser más o menos habitual- el texto sobre la Argentina lo escribió Quintín, amigo de la casa aunque me chicanee con eso de que me gustan todas las películas (se ve que no lee por acá). De paso, y como todavía no lo recibí, le copio los datos a Diego Batlle, que subió la información a su sitio Otroscines.com (gracias totales).

Los datos importantes de 2007 (va copia):

Entradas vendidas en 2007: 34,5 millones (-2,5%)
Cuota de mercado del cine local: 9% (-2,6 pts)
Películas producidas: 70 (+10)
Pantallas: 980

O sea: hubo muchas más películas argentinas que nunca. Y a pesar de eso, muchos menos espectadores que nunca para el cine argentino. Y no digan “porque el cine argentino es malo”; sería una conclusión absurda. Lo primero que sale a la luz es la falta de una política consistente respecto del cine argentino, una política que abarque la producción, la distribución y la exhibición. Sumemos un dato más a modo de ejemplo. Esta semana, El Príncipe Caspian se estrenó en 180 pantallas. Sex and the City, en 74. Es decir, entre ambas se llevaron más de la cuarta parte de las pantallas disponibles en todo el país. Hay todavía más de 100 pantallas con Indiana Jones, y otra centena con Iron-Man y Meteoro. Digamos esto: los grandes tanques se llevan la mitad de las pantallas.

Para quienes siguen diciendo que el mercado lo regula todo, aclaremos. En muchos países capitalistas (Francia, Corea del Sur, Alemania) es totalmente imposible que un film o distribuidor acapare tal porcentaje de pantallas porque el propio Estado mantiene una regulación al respecto. Porque, de hecho, la competencia requiere ser regulada. La competencia sin regulación lleva al monopolio salvaje y, en última instancia, a lo contrario de la libertad. Si la concentración económica es demasiado grande, ¿qué libertad de elección nos queda? Piensen en qué pasa con el cable: Cablevisión, Multicanal y DirecTV, que son los máximos operadores del mercado, son, todos, del grupo Clarín. El margen de libertad para elegir es mínimo en ese caso, y el problema es que no hubo una política clara de regulación al respecto. Si el grupo Clarín, en este campo, tiene tanto poder es porque nadie pensó en la ciudadanía al liberar licencias, sino en favores políticos nomás. Lo mismo pasa con el cine.

Les conté una vez que en el asunto de la distribución el INCAA no es que no pueda hacer nada; en realidad no le conviene hacer nada porque cuanto más gente vaya al cine y más cara sea la entrada, más recauda. Le conviene más que mucha gente vea Sex and the City o Narnia que decirle a los exhibidores que una película no puede tener más de 50 pantallas (que igual es una barbaridad, es el 5% del mercado). Eso haría más justo todo y favorecería la diversidad. La diversidad favorecería la sofisticación del gusto y entonces, entre otras cosas, el cine nacional tendría un posicionamiento mejor.

Los números tienen eso de implacable. Son inatacables y muestran que el estado de las cosas en el cine es pavoroso. No es sólo un pesimismo apocalíptico, es otra cosa: la constatación de que evidentemente la falta de políticas atenta contra el propio mercado. Vean si no: cerrarán seis salas del Village Recoleta, cerró definitivamente el Los Angeles, y seguramente esta tendencia va a seguir.

Sí, la culpa es del gobierno. Y también, ojo: los gobiernos y los estados son reflejo fiel de los ciudadanos.

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  • Posteado en19:10:49

11.06.08

Varias cuestiones monstruosas





1-Dino Risi: De chico, mi papá me llevaba a ver los films de la Septième Compagnie (unas comedias francesas sobre pésimos soldados de la Segunda Guerra Mundial) o a los Hermanos Charles (nunca olvidé Cinco locos y el collar de la reina, y mucho menos olvidé que esas películas siempre se anunciaban como de "los Cinco Locos", cuando los Charles -o Charlots, como los llamaban en Francia- eran cuatro). También me llevaba al cine Real a ver programas continuados de cine mudo o de cortos animados. Pero cada tanto, gracias a la existencia del National Palace de San Juan y Matheu -hoy templo- o el Cervantes de Belgrano y Entre Ríos, cuadraba ver una comedia italiana. O all'italiana. Entre esas, alguna de Dino Risi. Yo no era un cinéfilo, precisamente, sino un cinéfago: con tal de que la pantalla grande se moviera, te miraba cualquier cosa. Y como en aquel tiempo para hacer un doble programa se rellenaba con cualquier cosa, tuve la suerte de ver Los monstruos y Il Sorpasso a los diez, once años.

Me acuerdo como si fuera hoy el choque con esas películas donde todo el mundo hablaba a una velocidad que sólo percibía en mi casa de a ratos (familia tana, después de todo). Recuerdo que, al principio, no entendía bien de qué se reía la gente alrededor mío, pero me contagiaba. Recuerdo a Gassmann, que de adulto se me haría básicamente insoportable pero entonces era la imagen esperada del tipo canchero que te va a causar gracia o el tremendo boxeador que se pasaba la vida diciendo "sono contento". Y Tognazzi, claro. Ya de grande, descubrí que Dino Risi, el señor detrás de esos personajes, tenía una mirada personal, sardónica y al mismo tiempo cariñosa respecto de esa especie de parodia de lo europeo que siempre parecen protagonizar los italianos. Y también, un romántico (ver Perfume de mujer, que no es de lo mejor aunque está años luz por encima de esa cosa que hizo Pacino), un tipo de conciencia (En nombre del pueblo italiano), a veces un sentimental (Caro Papa, cómo no) pero siempre coherente. Su obra es una de esas que habría que redescubrir porque incluso en sus menores films aparece la huella de la realidad, una especie de continuo que hace de ese prisma bamboleante entre la denuncia y el grotesco una continuación por otros medios -los de la imagen precisa- de la comedia humana. Risi no era quizás un fino analista, sino más bien un retratista circense. Y, como cualquier artista de circo, era consciente del peligro que entraña ir a fondo en cada acto. Sí, quizás gusten poco hoy de sus exageraciones tanto cómicas como dramáticas, pero no cabe duda de que provenían de una muy profunda comprensión del semejante y de un ojo preciso para retratarlo.

2-Series y películas: Alguien preguntó en el posteo anterior qué opinaba (yo) de las películas que provocan series de televisión. En principio, no sé si soy la persona más indicada porque hace muchos años que no logro engancharme con una serie (la última que disfruté de cabo a rabo fue Moonlighting, que dejó de emitirse después de la desaparición de los dinosaurios pero antes de la construcción de las Pirámides). Por lo general, cualquier cosa que persiga únicamente exprimir el fruto jugoso de algo que por ahí dio dinero suele ser medio decepcionante. Pero también suele suceder que en ese escalón bajo de la cultura cinematográfica que es el laburo por encargo (y aquí las series y las películas son lo mismo, habida cuenta que se producen en los mismos estudios y de la misma manera) se cuela alguna persona creativa que, a través de la reiteración de esquemas o con la reiteración de esquemas como coartada, va desarrollando un estilo sin alejarse de la comunicación con el público.

Hay algunas series que tienen buenos directores tras cada episodio (uno es el menospreciado Dennis Dugan, el Walter Bishop de Moonlighting que realizó primero varios episodios de series y, después, algunas de las mejores comedias del gigantesco Adam Sandler -ya lo van a valorar en unos años, tiempo al tiempo), y en ese caso no importa demasiado que surjan de alguna serie de películas. En cualquier esquema, a partir de cualquier punto de partida, se puede hacer algo interesante, divertido y hasta importante. Después, el hecho de que estas cosas se multipliquen como bacterias es, sí, un poco molesto. Y más lo es cuando uno tiene que conocer todo el universo previo para comprender (no sé cuántos espectadores que desconocen Terminator pueden entender The Sarah Connor's Chronicles, ponéle). Me parece medio una aberración.

3-Y final: No vi todavía la película de Leonardo Favio pero las referencias que me llegan son o que es su peor película o que es buena pero no tanto. Pero estuve viendo la virulencia con que le han respondido a Diego Batlle en otroscines.com su crítica negativa. Realmente, no esperaba que Favio todavía despertase tal grado de fanatismo. Pero tampoco de intolerancia. Si Favio hizo un film que no le gusta a un crítico, ¿cuál es el problema? Eso no le resta mérito a una de las más grandes obras cinematográficas paridas en este país. Lo que me sorprende es que a Batlle -que es amigo del suscripto pero con quien pocas veces estoy de acuerdo, ambas cosas no están reñidas entre sí- no se le permita hacer una crítica negativa sin que se lo insulte, sea de una película argentina y de Leonardo Favio (de paso, cañazo: me llamo Leonardo por él) o sea de Indiana Jones, o sea de una "película snob iraní" (me tienen recontra podrido con el tema "Irán", especialmente cuando poca gente ve películas iraníes; quisiera que alguien me demostrara qué tienen de aburrido Close Up, Detrás de los Olivos, El espejo, La manzana, El círculo, Pizarrones, Offside: res, non verba). La defensa fanática es la mejor aliada de la ignorancia.

Nada más por hoy. That's all, folks! (siempre quise escribir esa frase).
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  • Posteado en09:03:22