<  Julio 2008  >
L M M J V S D
  1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31      
Buscar
Sindicación
Terra Blog
 

Archivo para: Julio 2008, 21

21.07.08

Espectadores, ese mal






En el último número de El Amante, Gustavo Noriega, Javier Porta Fouz y el que suscribe publicamos sendos textos quejándonos. Siempre nos quejamos de algo, porque es el imperativo categórico del crítico. Pero siempre mantuvimos a raya cierto elemento que no queríamos criticar: los espectadores. Esta vez nos pusimos en el rol de espectadores de cine, no de críticos, y salimos con los tapones de punta.

El resultado fue que en varios blogs (acá sólo les linqueo el de Diego Lerer, Micropsia, pero pueden ver también acá) nos han pegado como si lo que hubiéramos dicho fuera vaya uno a saber qué maldición imposible. Aquí en este blog varias veces le pegué a los espectadores actuales y sus hábitos porquerizos (vean cómo queda una sala después de un blockbuster y verán por qué el adjetivo chacinado), así que no es novedad. Pero esto me llevó a pensar en cómo la realidad a veces obliga a cambiar un código deontológico.

Yo recuerdo mi primer horror con un crítico de cine. Ante el estreno de Misión: Imposible, Osvaldo Quiroga, entonces comentarista de espectáculos en el noticiero de América que conducía el ensalzador de la dictadura Enrique Llamas de Madariaga (también recuerdo la versión no trasnoche de Videoshow que él conducía), dijo para destruir el film con Tom Cruise “lo dirigió Brian De Palma, que es el que hizo Carrie, esa película de terror que sólo le gusta a la gente que tiene dos neuronas y una, resfriada”. Más allá de que todos sabemos que Carrie es una obra maestra y que Brian De Palma es uno de los mayores cineastas de los últimos cuarenta años, lo que me parecía inaudito era el insulto al público por parte de un crítico. El público no es –no era- su objeto. Su objeto son las películas. Insultar al público está –estaba- mal.

Vamos a ver: el cine es el único arte que conserva todavía su estatuto ambiguo de ser a la vez entretenimiento industrial. Me van a decir que la música y la literatura en cierto sentido también, y les voy a decir que no. Que los libros y los discos ya se han dividido entre productos de puro consumo que no aspiran ni en su factura a la categoría de arte y los que sí (que lo logren es otra cuestión). En el cine, si bien tal división estuvo siempre latente y se está produciendo, todavía no cuajó. Esto es porque los cineastas que realizan blockbusters, en su mayoría provienen de escuelas de cine donde la teoría de autor se volvió un imperativo y creen en ella. Es por eso que no es lo mismo una película de Hulk firmada por Ang Lee que por Louis Leterrier, por poner un caso a mano.

Sin embargo, para la gran mayoría del público el cine es apenas un entretenimiento. “Quiero ver algo donde no tenga que pensar”, dicen. Es una frase de enorme recurrencia, incluso si uno le explica a su locutor que cuando ve una película, el hecho de tratar de entender qué pasa en ella o para qué lado se mueven los personajes es pensar. Pero sigamos; la cuestión es que se elige una película por los más diversos motivos: horarios, se lo prometió a la novia, quiere aturdirse, es la que todo el mundo promociona, es lo único que hay para ver con los chicos, tiene buenas críticas. Como con cualquier otro arte, los cinéfilos o especialistas son la minoría más mínima y siempre lo serán. Sería más educada una sociedad donde tal minoría fuese más numerosa, pero agradezcamos a treinta años de destrucción sistemática de la educación en el país que tal cosa sea más que utópica.

Pero es tan enorme el malestar que cualquiera que quiere ver bien una película o que quiere ver alguna de las cien mil cosas que aquí no se estrenan y valen la pena tiene que sufrir al ir al cine, que lo de no decirle al espectador que en gran medida tal estado de cosas es su culpa es patear la pelota afuera. Repito que se escribió desde el lugar del tipo que va al cine porque le gusta ver una buena película en buenas condiciones, no desde el lugar del crítico que está por encima de la humanidad.

Ahora bien. Lo que escribimos en la revista fue que a pesar de esto:

1) No se justifica que la gente hable, ensucie, grite, mande SMS, etcétera en los cines. Y que el precio de la entrada no da esos derechos.

2) Es público un enorme acceso a bienes culturales gratuitamente vía Internet y sin embargo eso no genera mejor consumo cultural ni más educación porque, simplemente, la mayoría de público sólo quiere lo mismo pero gratis.

3) Esta clase de vida está llevando a la disolución de la vida ciudadana y política. Piensen en “lo que pasó con el campo”. Sobre todo, que la mayoría de las personas que los rodeaban eran incapaces de decir cuál era el núcleo real de la discusión (y se dejaron arrastrar, de un lado y de otro, por una retórica maximalista, estúpida y apocalíptica; por la veleta épica de las cacerolas y por los titulares de los grandes diarios; quiero decir, por el disfraz para la gilada, cuando en realidad todo era la discusión por la suba de un impuesto).

4) Es hora de decirlo para tomar conciencia. No hay enfermedad que se cure sin diagnóstico previo.

Pero parece que cometimos un delito al hablar así. La pregunta que les hago es qué piensan ustedes de todo esto. Si no es hora de dejar de proteger al público y comenzar a decir que es imprescindible un cambio y una toma de conciencia.

A lo mejor nos equivocamos.
  • Creado por El BigoteCreado por El Bigote
  • Posteado en13:14:35