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Ustedes pensarán que estoy monotemático, pero no. Resulta que estuve leyendo las noticias respecto de la distribución vía Internet de films para bajar a dispositivos personales (ifones, ipodes, emepetreses, esas cosas) y realmente me asusté un poco. Yo tengo uno de esos pequeños emepecuatros que permiten ver algún que otro videín en una pantalla infame. En realidad lo uso como grabador para las entrevistas o, llegado el caso, para escuchar música (esto último menos, porque con el ruido ambiente de Buenos Aires es necesario tener archivos de mucha definición y ponerlo al mango, con el consiguiente deterioro de tímpanos, martillos, yunques y otros osículos). Por otro lado, seguí pensando en lo bien que lo había pasado mirando Meteoro con mis sobrinitos, y en cómo se retorcían de felicidad en las butacas con cada salto o pirueta en esa pantalla enorme. Resultado: estoy un poco triste, un poco atemorizado y un poco enojado.

Triste porque los dispositivos personales están diluyendo definitivamente toda comunión, toda vida civil a través del arte o del goce estético. Pensaba, de paso, en cómo hace cuarenta años, en París, los graffittis de los situacionistas eran una intervención estética en el mundo, una forma del arte quebrando y cambiando la vida cotidiana. “Soy marxista de la tendencia Groucho” es una frase cómica, poética, política y genial: estaba, anónima, en una pared. Todos podían pensarla y todos permitían que su vibración resonara en el cráneo. El cine, el arte en general, eran una intervención en lo cotidiano. Sin llegar a extremos revolucionarios, ir al cine era también una experiencia colectiva. Incluso escuchar un disco era –cuánto pasado- una manera de compartir algo. La tecnología del aislamiento genera que cada uno arme su propio programa. Esa libertad, hoy, se ejerce de manera relativa: miren qué películas se bajan de la red y se darán cuenta que la mayoría de los piratas reproducen los hábitos de consumo de la masa que compra lo más promocionado. Pero a eso se le suma la falta absoluta de “compartir” la experiencia. “Compartir” hoy es sinónimo de “copiar a otro para goce individual” algo. El café después del cine, hasta la cerveza después del partido (quizás el fútbol es, todavía, con esos grupos de amigos “que se juntan a ver el partido”, el único espacio de ocio comunitario que queda) se han ido para siempre.

Atemorizado porque la ausencia de vida civil, de discusión, de compartir y discutir perspectivas genera una pauperización absoluta de toda experiencia. Nada es más peligroso en la vida de una sociedad que el voto autista. Tener miras pequeñas, encerrarse en sí mismo lleva indefectiblemente a la defensa cerrada del pequeño espacio individual. De allí al fachilismo, a comprar consignas fáciles –nada es fácil en la vida de una sociedad y es por eso que la reflexión y la comunicación son imprescindibles- hay un paso. Pregúntense ¿Cómo votará alguien que vive encerrado en su casa consumiendo sólo lo que le interesa y sin compartir espacios –más allá del trabajo, cada vez más esclavo y mecánico- con otro?

Y enojado por todo lo anterior más algo que tiene que ver con el cine. Vuelvo a Meteoro: ¿Qué sentido tiene ver esa película en una pantalla de dos pulgadas, colgado en el subte? ¿Qué se puede apreciar, incluso para odiar la película? ¿Qué cine puede sobrevivir a esta clase de formatos portátiles que destruyen literalmente la obra? Ver una película en un aipod es como llevar un pin con el Guernica. Está bien: David Hockney defendía mirar cuadros en reproducciones o fotocopias, aclarando que generaban otro tipo de hecho estético. Pero incluso en ese caso se trata de la re-creación de una obra. No es lo mismo: aquí se trata de tomar la obra como es y reventarla en un formato que no le es propio. Un poco lo mismo que pasaba cuando un film se recortaba para ser pasado en televisión, sólo que más grave y, por otra parte, más egoísta.

No quiero decir que todo tiempo pasado fue mejor, pero hay cosas mejores, comportamientos mejores, que han quedado en el pasado. Habría que rescatarlos incluso si es imposible, hoy por hoy, viajar en el tiempo.

  • Creado por El BigoteCreado por El Bigote
  • Posteado en16:50:18
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